Periodista de prensa escrita es la peor profesión para 2013

La imparable caída de los medios escritos ha provocado la destrucción de miles de puestos de trabajo
La imparable caída de los medios escritos ha provocado la destrucción de miles de puestos de trabajo

Lo dice la consultora de trabajo estadounidense CareerCast.com, que ha elaborado una lista de los empleos con mejores y peores perspectivas para 2013. El ranking se ha elaborado teniendo en cuenta cinco criterios: exigencias físicas, ambiente de trabajo, sueldo medio, el estrés y las probabilidades de contratación.

Tras el trabajo de periodista de prensa, los peores parados son el de leñador, militar profesional, actor y trabajador de plataforma petrolera. En el caso de leñadores y trabajadores de plataformas petroleras son los altos riesgos para la salud y la habitual gran distancia entre los lugares de trabajo y los centros de salud lo que las coloca entre las peores.

En total, el ranking incluye 200 trabajos distintos y cita como mejor profesión de 2013 la de notario (oh, sorpresa). El segundo lugar lo ocupan los ingenieros biomédicos, seguidos de los ingenieros de software, los audiólogos, los planificadores financieros y los higienistas dentales.

Entre las profesiones con una mayor caída en la demanda están la de revisor del contador (las compañías estás implantando ya lectores automatizados) y la de cartero (por el auge del mail y el éxito del teléfono móvil).

En el caso de los periodistas de prensa escrita son varios los factores que les lleva a liderar el ranking de profesiones con peores perspectivas para 2013: la imparable caída en picado de los beneficios de la industria de la prensa escrita (de 49.2 billones de dólares en 2006 a 23.9 en 2011), los salarios cada vez más bajos, la exigencia de trabajar en condiciones deplorables (sin horarios) para conseguir la mejor historia, los altos niveles de estrés.

Los periodistas de los medios digitales, que son los que están comiendo la tostada a la prensa escrita, tienen mejores expectativas de trabajo, pero sufren mayores niveles de estrés (por la exigencia de crear mayor volumen de contenido y a mucha mayor velocidad) y sus salarios se caracterizan por ser tan malos (o peores) que los de sus compañeros de prensa escrita.

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