IGELAK por Andoni Iturbe

Gorka Otxoa, un actor visto desde la azotea

GORKA

foto David Herranz

Desde la azotea del juzgado de Donostia, el mundo se ve con otros códigos: vemos pasar un D-Bus que, casualidades del destino, porta una rana que nos suena especialmente. El logo del autobús se asemeja al visto en la película. Un signo para parte del equipo. “Esto es una señal”, relata un miembro de Igelak.

En la azotea,  lugar no apto para las personas que sufren vértigo, reluce la figura del coordinador de especialistas del filme, el reconocido Ángel Plana. Muestra satisfecho en su Smartphone el  salto de 10 metros del especialista que se hace pasar por Gorka Otxoa:  un actor algo más bajo y más fornido que lleva un tupé que surfea por el viento donostiarra. “En cámara ha salido muy bien”, sostiene orgulloso Ángel Plana. No es la primera vez que su personaje necesita un especialista: su personaje es tan vertical como horizontal. Llega a conocer las mieles del éxito y las limitaciones de una sociedad comprimida, alejándose del mundanal ruido.

Algunos lugareños reconocen a Gorka. “La gente es discreta y nos respeta”, asevera. Recuerda que en su última película rodada de noche en Madrid, un vecino les gritaba cada dos por tres. Supuestamente, quería recibir dinero a costa de su silencio.

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Foto David Herranz

Gorka, un actor que pasa por un momento dulce, aguarda con tranquilidad su próxima secuencia. Peio (Gorka Otxoa) saluda con un traje formal, lejos del aspecto maleable del inicio del rodaje, obra y gracia del gran trabajo de las chicas del vestuario. No es difícil reconocerle ahora: trajeado, más natural, sin la barba hiperpoblada y la ropa de vagabundo que llevaba hace unas semanas. “El personaje tenía que alejarse de todo el mundo”, asiente Gorka Otxoa, que repite con el mismo equipo técnico de Bypass. “Cuando trabajas con un director que tiene las cosas claras y el guión es muy bueno,  todo fluye”, comenta distendidamente.

Peio, su alter ego, es un personaje con sus derivas y socavones.  “He realizado un viaje tanto personal como profesional”, comenta el actor, afincado en Madrid, que quiere aclarar que no canta ni baila al estilo de El otro lado de la cama (2002). Es decir, la música tiene un protagonismo especial como hilo conductor, pero los personajes no cantan, ni bailan…. “Pero saltan”, recuerda el especialista.

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