Inteligencia emocional

Expresión Emocional y Ruido

 Por Rosalia Peña

¡ Qué arcoíris de colores, olores, sabores y ritmos en estas fiestas carnavalescas de febrero! , ¿ quién lo puede negar? Sin embargo, menos disfrazado, pero oculto tras el jolgorio de quienes ponen en estas fiestas sus sentimientos y emociones diversas hay un duendecillo que, tal vez- por ser “fiel compañero” de “la vida moderna” a veces pasa inadvertido:El ruido.

  

La acumulación de los efectos del ruido o el ruido crónico puede producir además de la pérdida de la audición, nerviosismo, irritabilidad, ansiedad, estrés, y en consecuencia falta de concentración, cansancio, alteraciones del sueño, del metabolismo , del sistema nervioso central… Todos estos efectos se ven reflejados en la vida diaria de la persona afectada, en especial los ámbitos familiar y laboral.

La no percepción del fenómeno ruido en toda su dimensión radica no sólo en las características de la sociedad tecnológica en que vivimos, que de hecho trae aparejado nuevas fuentes productoras de sonidos ruidosos, pues parece que nacemos envueltos en un amasijo de sonidos ruidosos, sino también en nuestra actitud ante el fenómeno.

¿Podemos protegernos y proteger a nuestros familiares y congéneres de dichos efectos? No me referiré a los urbanistas, el poder público o aquellas instituciones que deben velar por la protección de todos, sino a lo que podemos hacer como ciudadanos.

En primer lugar, una manera de enfocar el tema está en identificar nuestras expresiones emocionales en calidad de “productores” y “consumidores” de ruido. Es decir, que reconozcamos las emociones que están detrás de las distintas funciones del ruido. Entre los mecanismos que se utilizan según Fernando J Elizondo, están: aquel para llamar la atención ( mostrar presencia o predominio) ; como agresión (al producir los estados antes descritos, puede utilizarse inintencionadamente); excitador del sistema nervioso ( considerado como estímulo para alegrar o desinhibir); como compañía virtual ( “estrategia” para afrontar el miedo, el vacío, la soledad), como barrera acústica (en espacios reducidos, por ejemplo, puede elevarse el volumen de sonidos como barrera entre diferentes grupos de personas); como aislamiento y evasión (aislarse del entorno); como diversión (el cine, discotecas…).

Por otra parte, el deber como padres, educadores, ciudadanos también nos llevaría a reconocer grupos más sensibles al ruido que hay que proteger como: los bebés, los niños ( en edad escolar por la interferencia del ruido en los procesos de aprendizaje), los adultos mayores, los enfermos.

Existen estudios y mapas que representan la contaminación acústica, pero muy pocos trabajos desde una “fundamentación socioemocional”, menos aún de aquellos "ruidos interiores” sobre los que volveremos en otra ocasión.

 

 

 ¿ Crees tú, que desde la educación emocional también podríamos regular en alguna medida el efecto ruido en nuestras sociedades?

7 pensamientos sobre “Expresión Emocional y Ruido

  1. rogelio

    La educación emcoionan está dirigida hacia la consecución del bienestar subjetivo personal y social, y en ese marco creo que podría encajar la gestión del ruido. Sin embargo, a mi modo de enterder hay otros mil ámbitos de acutación antes que ése. Además, no creo en la regulación total de la vida. Me da la sensación de que los estados, al autoridad política, se está metiendo a regular ámbitos que entran cada vez más dentro de lo privado… pohibido fumar, decir tacos, tirar chicles a la calle, ir sin camiseta… Se podrían ocupar de lo importante, aunque quizás para ello estén perdiendo autoridad en contrapartida a intereses económicos de otras instancias, de las grandes corporaciones. No me gustan que se metan tanto en nuesta vida cotidiana. Y por ello, creo que debemos ocuparnos de otras cosas antes del ruido, aunque este sea importante.Gracia por tu artículo

  2. Ígor

    Aún a riesgo de ponerme romántico hay muchos otros ruidos que yo preferiría dejar de oir; ruidos, entiendo yo como aquéllos sonidos desagradables y cacofónicos que la mayoría de las veces salen de los altavoces, sí, pero de televisores y radios. Con esto me refiero a que, en lo que a expresión emocional se refiere, y como apunta Rogelio más arriba, el ruido está asociado a la vida, al trajín, a la expresión desmesurada de pasiones.Desde ahí el ruido, la carcajada con decibeliaje, las habaneras en los bares, la voz que se eleva por encima de las que prefieren callar por no importunar, la opinión que capta nuestra atención por desmesurada, el histrión al fin y al cabo, son para mí animales en peligro de extinción que han de ser cuidados y alimentados cada día. El ruido de los motores, de las autopistas y máquinas es de otra especie, de otra familia, y quizá éste sí debería ser regulado con firmeza, pero francamente, no me gustaría vivir en una biblioteca o en la sala de espera de un ambulatorio. No, gracias. Un sonoro saludo.

  3. Leire

    Cuando vas cumpliendo años, te vas dando cuenta, que muchos ruidos que antes buscábamos para disfrutar, ahora nos molestan y vas seleccionando como en otros ámbitos de la vida lo que mas te agrada y muchas veces las expresiones de la vida hacen que relacionemos objetos o sensaciones con determinadas vivencias y me voy a quedar con el ruido de las olas, que lo relaciono con la vida en familia, porque ese ruido, me lleva a ciertas vacaciones en la playa disfrutadas hace muchos años con mis padres y hermanos, que fueron especialmente gratificantes y emotivas y el hecho que esta relación sea en gran parte inconsciente no hace mas que potenciar la fuerza que ese ruido deseado tiene en mi interior.

  4. Jon

    Hola a todas y a todos, creo que el ruido es una fuente de emociones que pueden llegar a ser desagradables. Pero estoy de acuerdo con lo que comentan Rogelio e ígor, estoy convencido que no podría sobrevivir en una biblioteca. Necesitamos, ritmo y porque no un poquito de estrés que me haga sentir vivo y activo en este mundo, y no como un plato de lentejas sin sal.
    Este gobierno se está dedicando a matar el ocio del pueblo: el tabaco, el cierre de los bares, los gaztetxes,… ya está bien.

  5. Aitziber

    Como bien defines en el artículo, a nivel emocional no creo que el problema sea el ruido en si, sino la utilidad que le damos y la funcíón que cumple en nuestras vidas. En primer lugar me parece improtante la reflexión que planteas y la importancia de tomar conciencia de las repercusiones que esto tiene a nivel personal y social. Y un poco más allá, considero importante tener presente, cada vez más, la posibilidad de “adormecer” o perder el contacto con nosotros mismos mediante el ruido, sin prestar atención a las señales corporales y cognitivas de nuestro propio cuerpo. Creo que, hoy en día cada vez son más los jóvenes que utilizan los auriculares o los altavoces del coche a un volumen suficientemente alto para no estar en contacto con sus propias emociones. ¿Qué repercusiones podría tener?

  6. Aitor

    Acabo de entrar al blog y me he llevado una grata sorpresa, este artículo me parece muy interesante, que viene a señalar un tema que esta de actualidad. Además el enfoque es novedoso dado que no se ha tratado mucho desde el punto de vista emocional. En lo que estoy totalmente en desacuedo es con las manifestaciones de Jon y Rogelio, en concreto es facil hablar de que no se debe prohibir algo, de que el ruido es necesario, pero siempre cuando no se sufre el mismo. A los dos les recomendaría vivir en la parte vieja de San Sebastián encima de un bar y tener que trabajar un Domingo a la mañana, es probable que en ese supuesto lo que para D. Rogelio no es prioritario probablemente pasaría a serlo. Y lo que para Jon no es molesto, es posible que a la cuarta hora sin dormir lo enfocaría desde otro punto de vista.

    Hasta luego.

  7. Antonio Ángel

    El ruido de forma continuada no es natural. El ruido natural lo producen los ríos, torrentes, tormentas, las olas del mar, el viento. Todos ellos son perfectamente tolerables. Con ellos ha convivido el hombre durante milenios. El ruido continuado de alta intensidad (tráfico, obras, multitudes, espectáculos,…) sólo existe desde que se inventó el motor de explosión y los altavoces, hace nada de tiempo. Comienzan a manifestarse los problemas que conlleva. En la pendiente cuesta abajo sin frenos que ha tomado la sociedad humana, constituye un elemento contaminante de primerísimo grado que además, traspasa fronteras e invade parcelas ajenas. Uno ya no está tranquilo en casa si así lo desea. Es perfectamente respetable el deseo de que muchos disfruten con “sonidos” elevados. Pero ya se sabe: “Mi libertad acaba allí donde…”

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