Inteligencia emocional

Límites en el proceso educativo: El efecto radar

 

Por Aitziber Barrutia Leonardo

En ocasiones, a la hora de establecer límites a nuestros hijos, imponemos nuestra perspectiva frente a la suya, en mayor o menor medida, mediante un “porque lo digo yo y punto”o mediante comunicación no verbal que permite intuir las consecuencias desagradables que tendrá incumplir la norma establecida. Asumimos la validez de nuestro conocimiento y el beneficio que aportará a nuestros hijos/as la imposición de nuestro criterio. En estas situaciones caemos en el riesgo de provocar el “efecto radar”.

  

Piensen en las ocasiones en las que, confiando en sus habilidades de conductor y en las de su coche, circulaban por la autopista a una velocidad superior a la indicada por las señales de tráfico. En estas circunstancias, ¿qué hace usted cuando advierte la presencia de un radar? Es probable que frene y disminuya la velocidad de su vehículo sólo hasta estar seguro de haberlo superado a la velocidad indicada, evitando así posibles sanciones, para posteriormente acelerar hasta volver a la velocidad que usted consideraba adecuada.

Este mismo efecto es el que podemos obtener mediante un uso inadecuado de las normas. Es decir, si imponemos nuestra opinión sobre la de nuestros hijos/as, en lugar de ayudarles a hacer suya la idea que queremos transmitirles, sin ayudarles a comprender los beneficios que les aporta, es probable que se comporten de la forma que les pedimos siempre que estemos presentes, pero no mantendrán esa actitud una vez nos hayamos ido.

Es importante recordar que el fin último de nuestro proceso educativo como padres, es preparar el camino para que nuestros hijos sean personas cada vez más autónomas y sean, en última instancia, capaces de desenvolverse por si solos. Para ello será necesario ayudarles a desarrollar un criterio claro y propio ante las situaciones. Pero esto requiere tiempo, escuchar y valorar sus opiniones, justificar las mías, etc.

¿Estamos realmente dispuestos a implicarnos a este nivel?

6 pensamientos sobre “Límites en el proceso educativo: El efecto radar

  1. oier

    A mí la pregunta que me ha suscitado tu artículo, estando de acuerdo con él, es ¿que hacemos cuando no coinciden nuestros criterios? (los de padres e hijos). Creo en la conveniencia de lo que dices… diálogo, convencimiento, autonomía… pero es posible que en ocasioes no seamos capaces de convencerles, de que contemplen nuestro punto de vista. Es en ese momento cuando realmente no sabría que hacer… ¿ceder?, ¿imponer?. Ya te agradecería alguna aclaración sobre este asunto. Gracias de antemano Aitziber o a cualquier otra persona que me quiera orientar un poco.

  2. Ígor

    Lo que dices es algo muy claro para quienes conducimos habitualmente. Yo suelo decir a este respecto, que la utilización exclusiva del castigo tiene una eficacia limitada. La interiorización de la norma, el aprendizaje, va por otras vías. Del castigo sólamente, se interioriza el miedo a la sanción por la conducta concreta, no se generaliza a otros comportamientos similares (a no ser que el castigo sea severo) ni se rige el comportamiento porque asumimos que la norma que se trata de transmitir es útil. Simplemente trataremos de evitar el castigo.

  3. Marian

    Me ha gustado mucho, la comparación utilizada en este artículo, porque se entiende muy bien, lo que puede suceder a la hora de poner límites a nuestros hijos, acatamos la velocidad indicada por miedo a las multas, no porque creamos que esa sea la velocidad adecuada, pero una cosa es entender, que tenemos que evitar el castigo, porque realmente no sirve y otra es, que muchos días no sabemos, que hacer después de hablar con ellos, escuchar sus opiniones dándoles confianza y no llegar a ningún acuerdo. ¿ Qué podríamos hacer los padres en esas situaciones ?

  4. jon

    Estoy totalmente de acuerdo con Igor, en el aspecto de que el castigo puede efecto inmediato pero que a la larga lo verdaderamente eficaz es lo que en tu articulo dices Aitziber. Buscar el consenso en la implantación de las normas. También comparto con Oier en cuanto que a veces no se puede llegar a ese consenso. CLARO QUE NO! los padres no son los colegas de l niño sino sus PADRES. Y por lo tanto deben tomar decisiones que a sus hijos no les parezca muy justas, pero a la vez no caer en el autoritarismo, sino que intentar consensuar siempre que se pueda y SIEMPRE INTENTANDOLO.

  5. lidia

    Estoy de acuerdo con casi todos. Con Aitziber en que “el porque lo digo yo” que tantas veces hemos oído, puede ser pan para hoy y hambre para mañana, ya que nuestros hijos no van a interiorizar la conducta que nosotros queremos. Pero por un lado, creo hemos oído y “sufrido” tantas veces ese modo de explicación que cuando los roles cambian y tu eres la madre, a veces razonas del mismo modo, casi sin haberlo pensado. Por lo cual nos vendrá bien esta reflexión, si así conseguimos por lo menos ser conscientes de lo que hacemos.
    Y completamente de acuerdo con lo que dice Oier con el tema de que es imposible estar siempre de acuerdo con los hijos, y según en que época casi imposible que razonen en la misma dirección que nosotros… Que hacemos entonces? Supongo que más de una vez recurriremos al “porque lo digo yo”, pero espero que no sea la mayoría de las veces.

  6. Rosa

    Cda vez hay más padres implicados en el tema, buscadores de información, abiertos a la reflexión, pero sí que el camino es largo aún. Parece que lo más fácil son los criterios unilaterales,cuando se ejerce el ” poder”, pero ¿y cuando crecen esos hijos de padres apresurados que podría pasar…? Me gusta cómo lo ha comentado la autora del texto: ese efecto radar…

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