Inteligencia emocional

La Asertividad (1º parte)

Por Jon Berastegi:

1. Habilidad indispensable para decir "no" al consumo de drogas

Uno de los temas más preocupantes de hoy en día es el alto y variado consumo de drogas en la etapa de la Adolescencia: El botellón, los porros, las drogas de diseño en discotecas,… son varias las formas en las que se observan dichas conductas en el consumo de drogas.

En la adolescencia el sentimiento de pertenencia al grupo toma un cariz tan importante que en algunos casos la presión ejercida por el propio grupo de iguales, resulta uno de los factores que más se asocian al inicio del consumo de drogas, así como a las situaciones de abuso de las mismas.

  

Uno de los elementos más relevante en el inicio del consumo de drogas, es la presión ejercida por el grupo de iguales considerados amigos o “la cuadrilla”. Debido a que en esta edad el grupo de amigos y amigas es un elemento fundamental para el adolescente. El adolescente con el fin de sentirse respetado, querido, valorado, participante del grupo que integra se convierte en una persona vulnerable ante la presión que todo ello le ejerce.

 

La presión de sentirse partícipe del grupo se manifiesta de diferentes maneras bien favorables o perjudiciales. Las favorables son las de aprender a compartir experiencias, sensaciones, respeto, amistad, amor,…y en el polo opuesto la presión del grupo pude motivar pautas perjudiciales como: beber alcohol desmesuradamente, fumar, violar las leyes o destrozar cosas o utilizar la violencia en la resolución de conflictos.

El actuar positivamente o negativamente como el resto del grupo, supone ser aceptado por los miembros del grupo y ganarse el respeto de sus amigos. Al contrario el ir a contra corriente del grupo, puede entrañar el riesgo de ser expulsado del grupo, con todo lo que esto conlleva en un adolescente.

Existen varias estrategias de Presión, utilizadas por los líderes del grupo para realizar conductas perjudiciales para la persona:

Ridiculizar:  “Eres un cagón”, “Eres un niñato”
Retar:  “A que no te atreves” “Pfff, no vales para nada”
Adular:  “Eres un crack” “Eres el mejor haciendo esto”
Amenazar:  “Si no lo haces, es que no quieres ser nuestro amigo”
Insistir:  “Venga tío anímate, que está guay” “Que sí, tío, que sí”
Engañar:  “Esto está chupao” “No es nada, no es para tanto”

Pero la presión de grupo no siempre es negativa ya que no siempre nos ejercen presión para hacer algo malo y nos pueden a ayudar en diferentes aspectos. Por eso no debemos negar sistemáticamente a hacer lo que nos piden sino que primero se debería escuchar lo que nos piden, compararlo con lo que nosotros deseamos y después tomar la decisión por uno mismo, escogiendo lo más conveniente. De esta manera, evitaremos por tanto, las respuestas impulsivas no reflexivas.

En definitiva ante los intentos de persuasión del grupo, deberíamos escuchar lo que la otra persona nos dice, comparar lo que preferimos hacer nosotros con lo que nos pide el grupo, decidir por nosotros mismos lo que vamos a hacer y por último comunicar nuestra decisión.
Si la respuesta es “NO”, el adolescente puede aprender a hacerlo y así hacer frente a la presión negativa de los compañeros. A la habilidad de saber decir “NO” le llamamos ASERTIVIDAD.

Un pensamiento sobre “La Asertividad (1º parte)

  1. javier

    ¿Para quién es este comentario? Las personas que han sufrido tales situaciones, después de vivir y contrastar con años de experiencias son capaces de asimilarlo y buscar conductas. Los adolescentes que mantienen ese tipo de situaciones creo carecen de conocimientos suficientes como para valorar. Lo más adecuado pienso sea explicar dudas, la consecuencia a situaciones y el como se debe afrontar gran parte de esas vivencias. Las drogas son un espacio abierto, hay que enseñar a no utilizarlas. Hay que ayudarles a encontrar otra forma de evasión mental. Lo peor es que mientras nuestra “adolescencia” se alarga hasta los 30, las drogas cada vez se mezclan más en edades cruciales para el desarrollo de valores y metas. Los adolescentes buscaran líderes que les llenen, ya sean niños con más experiencias o padres que convivan con las edades de sus hijos.

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