Inteligencia emocional

Inteligencia Emocional y Escuelas de Negocio

Por Rogelio Fernández

En mi anterior post comentaba que en el camino nos encontraríamos y aquí estamos de nuevo. En este caso la pregunta que me planteo, y que aprovecho para trasladarla a la blogosfera, es la siguiente: ¿Cuál es el papel de las Escuelas de Negocio en cuanto a la aplicación de las competencias emocionales en las organizaciones?

Emociones, Inteligencia Emocional, competencias, metodologías y evaluación son, en mi opinión, las partes fundamentales de esta idea, pero la incógnita sigue siendo la de siempre: ¿Cómo podemos lograr que las personas que trabajan en las empresas desarrollen las competencias fundamentadas en la Inteligencia Emocional? Es en la contestación a esta segunda pregunta es cuando me vienen a la cabeza las Escuelas de Negocio.

Dionisio Aranzadi señala en uno de sus libros que ya hace unos años hubo en Estados Unidos una auténtica avalancha de críticas hacia este tipo de formación académica debido a que entendían los empresarios que éstas, las Escuelas de Negocio, no respondían de forma eficaz a las necesidades de gestión que reclamaba la descarnada competitividad de los años ochenta. Un racionalismo obstinado y el olvido del protagonismo que tienen las personas en las empresas eran algunas de las críticas que se hacían. Críticas que aún hoy persisten y que he tenido la oportunidad de oír en alguna conferencia de personas tan ilustres como el presidente de la Cámara de Comercio de Bilbao en la que se refería a la necesidad de una formación humanística reglada en el currículo de los futuros directivos.

  

La empresa, considerándola un sistema sociotécnico abierto, sigue necesitada de directivos y gestores que contemplen a la persona en su integridad y que contemplen además que dichas personas son parte y fin último del proceso empresarial y de la Economía en general. Es en esa visión de la persona y en su formación para entenderla y liderarla donde considero que deben intervenir las Escuelas de Negocio.

Precisamente desde este enfoque es donde encaja perfectamente el desarrollo de las competencias emocionales en estos directivos. Las emociones constituyen a la persona desde antes incluso que la razón y percibir, comprender y regular su efectos se vuelve algo totalmente necesario en esta sociedad global en la que estamos viviendo y en una sociedad del conocimiento que apunta a la necesidad de que los trabajadores QUIERAN transmitir y compartir su discernimiento y su intuición para aumentar la competitividad de sus empresas.

Termino pidiendo, como siempre su opinión y la respuesta a la pregunta que hacía al principio…

¿Cuál consideran que es el papel de las Escuelas de Negocio en cuanto a la aplicación de las competencias emocionales en las organizaciones?

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