Inteligencia emocional

el eco de mi entusiasmo

Por Igor Fernández

Hace unos días me encontré con una buena amiga mía, que trabaja en Recursos Humanos en una empresa que ha crecido mucho en poco tiempo. Me hablaba, entre otras muchas cosas, del nuevo rumbo que su organización está tratando de adoptar, para afrontar los nuevos tiempos de crecimiento. Ella hacía referencia a muy buenas intenciones por parte de quien tenía que tomar las decisiones, pero poca respuesta a las necesidades de quienes tenían que llevar a cabo esos bienintencionados proyectos.

En los entresijos del sistema, faltaba lubricante, y las piezas, personas en este caso, rozaban unas con otras, como descuidadas ruedas dentadas que el tiempo somete a presiones cada vez más insoportables. Como no podía ser de otra forma, las ruedas, cadenas y cableado de la máquina se corroían, enredaban y por último partían, haciendo el funcionamiento del resto del sistema, algo cada vez más complicado.
Cuando ella me contaba todas estas cosas, en su voz se notaba el cansancio, el hastío y la desesperanza, para poder llevar adelante el proyecto del grupo, ideológicamente compartido. Como una rueda que chirría, ella se quejaba con palabras estridentes, frases que no llevaban sino a una forzada resignación.

  

A partir de aquella conversación he estado pensando mucho en todo lo que se nos exige y lo que exigimos (con buenas intenciones o sin intención ninguna pero con expectativa), sin que nadie se pare a pensar en lo que ello conlleva. Nuestra conciencia social parece adormecerse cuando asumimos como buena una decisión que implica a otras personas. A veces, incluso el entusiasmo nos impide ver las consecuencias de lo que, con tanto ahínco emprendemos, y que implica a otras personas. Quizá en el ámbito del trabajo es más fácil de detectar, pero son muchos los contextos, en los que tratamos de imponer, con todo el cariño, nuestras justas decisiones. Esperamos que quienes tenemos a nuestro alrededor se plieguen a lo que, a todas luces, parece ser la mejor decisión, o solución a un problema determinado, y nos frustramos, nos volvemos obtusos e incluso nos sentimos ofendidos cuando, quien está a nuestro lado en un proyecto común, nos confronta con lo que no queremos escuchar. Los comentarios pueden ser parte de la solución y sin embargo lo tomamos como parte del problema.

Nuestro entusiasmo y alegría no resuena en los demás, lo que nos hace pensar que lo que decimos no es bien recibido. Yen parte puede ser cierto, puede que lo que proponemos no se ajuste perfectamente a las necesidades de los demás, o al problema, pero puede que no tenga nada que ver con la esencia o la intención.

¿Realmente somos capaces de distinguir entre ambas formas de criticar? ¿Podemos discutir sin enfadarnos?

4 pensamientos sobre “el eco de mi entusiasmo

  1. Gotzon

    Me temo que me salgo del guión previsto, pero quizá sólo sea un modo de abrir la visión periférica. Lo intento, en todo caso:

    cada vez es más evidente que hay que contar con la gente para que sepan que cuentan, y te respondan con todo su potencial.Y sí, la comunicación debe ser resonante, de palabras y hechos, a un tiempo.

    Y hay que atreverse a encarar una respuesta distinta a la que uno espera, lo cual que puede convertirse en un desgaste ilimitado, o en una manera muy sensata de aprovechar mejor la inteligencia colectiva. Y de practicar con el ejemplo.

    Koldo Saratxaga presentó ayer su nuevo libro en el que reivindica un nuevo modelo de relaciones labores. Este tipo es un surtidor de ideas tan sencillas como radicales y necesarias. Su comunicación, electrizante. Su entusiasmo ilimitado….Y su credibilidad está por las nubes, con cifras y curvas de negocio impensables para la mayoría.

    Lo decía, por ejemplo, asÍ:

    cuando voy a una empresa y hablo con un mando, le pregunto si cree que es mejor que todos los demás que están bajo su mando.

    Si es sensato, me dirá que ha sabido aprovechar las oportunidades que le han dado. Entonces, le digo que cómo es posible desperdiciar tantas capacidades de toda la gente que está en la base de las organizaciones piramidales donde cuatro piensan y obedecen todos los demás.

    ¿Por qué no darles oportunidades a todos, para que se sientan parte implicada de la organización, que cuentan, y que son necesarios para que tire para adelante…

    Y una advertencia muy sensata, mejor adoptar ahora, en tiempos de bonanza, los cambios necesarios para afrontar no una época de cambios, sino el cambio de época que deberemos afrontar con mucha más flexibilidad, espíritu innovador, y contando con todos,en equipo, todos a una. De otro modo es un despilfarro de energías y una temeridad que cada vez se hará más evidente en la nueva sociedad red.

    No de otro modo se puede encarar el grado de aceleración que impulsa este nuevo tiempo, mucho más inestable del que hemos conocido hasta ahora.

  2. Chechu

    Estoy de acuerdo con Gotzon. Koldo lo expresa muy bien en su libro:
    “Un nuevo estilo de relaciones” por FT/Prentice Hall.

    Un saludo.

  3. Ígor- Autor

    Gracias a ambos por la información ,y por la opinión. En efecto, es necesario un nuevo giro hacia las personas, ya que nuestra capacidad para crear nuevos mundos, en todos los ámbitos es un inestimable valor para el avance de nuestra sociedad. El humanismo, en los entornos en los que las personas somos protagonistas, ha de ser de nuevo tenido en cuenta, muy seriamente. La incertidumbre que muy bien señalas, Gotzon, se convierte en tremenda confusión cuando las personas nos sentimos solas ante lo que nos desafía. Razón de más para tratar de acercarnos en vez de retarnos. Gracias a los dos.

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