Inteligencia emocional

El esquema infantil afectivo

Por Olatz Elizondo

Hoy me atrevo a hablaros sobre las funciones y repercusiones de la transmisión de afecto y de sentimientos de los padres/madres a sus hijos. Ya que creo que es uno de los pilares importantes en el desarrollo del niño.

El ser padres/madres no nos dota ni con los conocimientos ni con la habilidad que se necesitan para formar jóvenes confiados en sí mismos, emocionalmente estables, y capaces de vivir como personas que funcionan plenamente y desarrollan existencias significativas.

Todo crecimiento y todo comportamiento se observan ante el telón de fondo compuesto por la búsqueda de identidad y autorrespeto que dicho niño lleva a cabo.

  

Es frecuente inculcar a los niños el mensaje de que no deben intentar comprender “por qué” se sienten como se sienten: sólo debe evitar sentir ciertas cosas. En ciertas dosis, esta postura conduce a educar personas acostumbradas a no reflexionar ignorantes de que pensando adecuadamente pueden controlar sus sentimientos.
De niño sabías que si querías obtener el afecto de tus padres debías evitar ciertas conductas. Sabias lo que debías hacer condicionado por las personas importantes para ti, ellos decían lo que eras, lo que suponían que serías, incluso lo que temían que fueras.

En ciertas familias, los niños saben que se les quiere sólo por ser ellos, que se les dará la atención que necesitan y, que si tienen algún problema, se intentará encontrar una solución. Estas familias enseñan a usar la lógica y animan al niño a disfrutar, reconocer y actuar ante sus emociones infantiles naturales. Son padres con personalidades adultas, con una inteligencia emocional bien desarrollada, espontáneas, empáticas y autónomas. Si esto no ocurre, la persona aprende a ocultar ciertas emociones.

Cuando los progenitores aún no son adultos seguros frente a sus propias emociones, crían al hijo desde una posición de carencia.

En la primera infancia te das cuenta de que recibes afecto/atención por parte de los adultos que te cuidan cuando sigues determinados esquemas de conducta. Y entiendes que te conviene seguir este esquema de conducta, de manera que lo interiorizas sin darte cuenta.

Los niños suscitan en nosotros emociones muy amplias y profundas. La alegría, la seguridad, el deleite, se mezclan en torno de ellos con la preocupación, la culpa y la duda. La fatiga y la frustración también se hacen presentes en buena medida.

El concepto que el niño tiene de sí mismo influye en la elección de sus amigos, en la forma en que se lleva con los demás, en la clase de personas con las que compartirá su vida y en la medida de lo productivo que será en el futuro. Afecta su creatividad, su integridad y su estabilidad, y decide si ha de ser conductor o seguidor. Su sentimiento del propio valor constituye el núcleo de su personalidad, y determina la forma en que emplea sus aptitudes y habilidades. La actitud hacia sí mismo pesa en forma directa sobre la forma en que vivirá todas las etapas de su vida. De hecho, la autoestima es el factor que decide el éxito o el fracaso de cada niño como ser humano.

Todo padre/madre que se preocupe por ellos debe ayudarlos a creer firme y sinceramente en sí mismos.

El respeto sólido por uno mismo se funda en dos convicciones principales:

– “Soy digno de que me amen” (“Importo y tengo valor porque existo”).

– “Soy valioso” (“Puedo manejarme a mí mismo y manejar lo que me rodea, con eficiencia. Sé que tengo algo que ofrecer a los demás”).

Llegados a este punto, alguien podría aducir: “Esto no me concierne, porque yo amo a mi hijo y pienso que es valioso”. Notemos, entonces, que la prescripción no hable de que “uno ame a su niño”, sino de que “el niño se sienta amado”. Existe una enorme diferencia entre ser amado y sentirse amado.

Lo que afecta el desarrollo del niño es su sentimiento de ser amado o no.

¿Pensaís, sentís, vivís que vuestro “niño amado” os ha ayudado a ser un adulto más creyente de sus capacidades?

5 pensamientos sobre “El esquema infantil afectivo

  1. mairena

    la enseñanza actual es no manifestar emociones,suponiendo que uno tiene que valerse de sí mismo no de lo que sientan otros por nosotros, se aisla al individuo desde bebe en habitación separada y continua sparada toda la vida todas las cosas :guarderia escuela diversiones a los sentimientos estan enterrandolos.

  2. Lurdes Nataly

    Desde mi ppropia experiencia puedo decir que la transmisión de afecto y sentimientos de padres a sus hijos es verdaderamente importante para el Normal desarrollo Emocional y Psicológico de un niño/joven.
    Como consecuencia inmediata de la irresponsabilidad e inmadurez de mis progenitores desde mi primera infancia hasta ahora (mi adolescencia), he tenido dificultades para “encajar” socialmente, tener un grupo de amigos como los demás adolescentes, poder integrarme con mis compañeros de la universidad, o comenzar un diálogo amistoso con alguien en algún evento social.
    Pero, desde que descubrí que es algo que puede mejorarse con tratamiento Psicológico y aprendiendo a mejorar nuestra inteligencia emocional, intento mejorar día a día para que esto no le ocurra a mis hijos el día que tenga mi propia familia.
    Es alentador saber que la inteligencia emocional puede mejorarse a pesar de no haber tenido los pilares básicos desde la infancia, pero lo que definitivamente no tiene solución es el desprecio que se ganaron mis padres de mi parte por haber decidido haber traido al mundo a alguien sin compremeterse a cumplir con sus roles corrrespondientes, ya que por esa mala decisión tomada (y de la que son concientes)es una de las maneras más crueles de intentar madurar sin considerar en las consecuencias que esto trae para un niño en desarrollo.
    Por todo esto, creo que la inteligencia debe ser construida desde la primera infancia, y en caso de no haber sido estimulados adecuadamente en ese entonces (como yo) ; es nuestro DEBER encargarnos de mejorar antes de que esto continúe hacia otras generaciones.

  3. Maribel

    Yo solo quería añadir mi comentario como madre, pero también como hija. El artículo me ha dado que pensar, en analizarme como madre, pero el comentario de Lurdes me ha impresionado profundamente. Yo soy madre, y como personas mis hijas me han supuesto un gran cambio, pero sobre todo me han hecho ser una persona mejor. Muchas veces pienso si todo lo que hago y lo que no hago como madre va en la dirección correcta, estoy segura de que no, pero sé que eso mismo también les ayuda para desarrollarse como personas. Creo que finalmente el saber que las quiero como son (a pesar de que la peqeuña me dice que porque es guapa) es lo que les irá ayudando cuando vayan creciendo. Como hija tengo muchas cosas de mis padres que no me gustanm, y a pesar de eso sé que soy como soy ´sobre todo por ellos, pero respecto a ellos sólo me queda aceptarlos como son, aunque eso también es duro, pero al fin y al cabo su manera de ser me ayuda a comprender como soy en muchas ocasiones.
    Es complicado esto de ser persona, pero me alegra saber que en el mundo hay personas como vosotros que se esfuerzan día a día por ser mejor persona.
    Un abrazo a todas.
    MB

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