Inteligencia emocional

Emociones de percepción negativa en la economía

Por Javier Cantero Suquia

Hoy me siento MOTIVADO.

Maria, una compañera del curso que estamos compartiendo, hizo la propuesta de instaurar como práctica habitual de los trabajadores a la hora de entrar en la empresa, la costumbre de indicar cuál es la emoción que sienten al comienzo de la jornada. Y a lo largo del día, indicar las variaciones que uno va percibiendo. Una excelente idea para trabajar las emociones en el entorno laboral.

Es la primera vez que escribo en este blog y lo cierto es que he descubierto un horizonte en el valor de las emociones. Si, soy emocional, no tengo la menor duda, y de compañera de la emoción tengo a la razón. Con las dos, codo a codo, me manejo en la vida. La razón la he cultivado muchos años de un modo consciente, me encanta aprender. De lo que no me había dado cuenta, es de que también estaba trabajando las emociones ¿Os lo habéis planteado alguna vez? ¿Y… la posibilidad de conocer y utilizar las emociones desde la razón? Suena atractivo ¿verdad?

Yo ya lo había pensado y cada vez tengo menos dudas de que tengo una ilusión: “¡Quiero ser emocionalmente inteligente!” Quizás, este sea un objetivo demasiado ambicioso, me conformo con que aprendiéndome y aprendiéndoos sea un poco más feliz.

  

Soy un principiante en el descubrimiento del constructo de la Inteligencia Emocional, pero desde que he estado leyendo las entradas de las diferentes temáticas publicadas en este blog, mi interés no ha dejado de crecer. Aunque confieso reconocer que he sentido briznas de miedo. Prestar atención a las emociones que uno siente ante diferentes estímulos, en ocasiones sorprende y se descubren carencias que estaban más o menos ocultas. Son los puntos de mejora. Las debilidades que se convierten en oportunidades. Esta es la archiconocida teoría del análisis DAFO.

Quiero compartir con vosotros una noticia que hoy me ha llamado la atención, por supuesto, tiene que ver con las emociones. Ha sido en una tertulia en la que se hablaba de las próximas elecciones generales españolas, las del 9 de marzo y de la importancia que tiene la gestión de la situación económica estatal en el resultado de las elecciones.

Uno de los contertulios decía que no le gustaba en absoluto utilizar el término “crisis” porque tenía una connotación muy negativa que influía en la conducta de los españoles. El uso de esta palabra indiscriminadamente creaba inquietud, desconfianza y desasosiego, emociones todas de percepción negativa y según él, con efecto negativo en la economía. El tertuliano hacía un símil muy característico. Decía que no hay duda cuando hablamos de nuestra salud del impacto que tienen las emociones positivas o negativas en ella. Si somos pesimistas, tendentes a la preocupación, si tendemos a ver el vaso medio vacío, nuestra salud se resiente, los niveles de estrés aumentan, y si esta situación es prolongada, los problemas de salud son evidentes: tendencia a desórdenes cardiovasculares, depresivos entre otros. Pero, si por el contrario, somos positivos y alegres, aún estando enfermos, las probabilidades de curación aumentan. Nadie duda cuando se dice que la actitud es muy importante en los procesos de sanación.

El contertuliano insistía que utilizar la palabra crisis gratuitamente perjudicaba seriamente a la salud de la economía estatal. Las familias tienden a retraerse económicamente, compran menos, invierten poco, el emprendedurismo disminuye… lo que supone que las empresas venden menos y no crecen igual, necesitan menos personal y el declive económico se agudiza.

Yo me pregunto: si ser positivo, además de ayudar a uno mismo por razones obvias, ayuda al entorno ¿se podría trabajar desde el autoconocimiento la potenciación de los aspectos positivos? Y, si me permitís, voy más allá… si uno de los puntos clave para generar riqueza es la creación de nuevas empresas competitivas e innovadoras, ¿se podría trabajar desde la Inteligencia Emocional en la detección y desarrollo de habilidades creativas para aprovechar el talento innato que uno puede tener y así crear o innovar en nuestras empresas para producir riqueza económica, bienestar social y progreso?

Con estas líneas y estas dos preguntas que quedan abiertas para que cualquier lector opine, me despido hasta una próxima ocasión.

Un pensamiento sobre “Emociones de percepción negativa en la economía

  1. Arantza Echaniz

    Me gusta mucho la afirmación y deseo tajante que muestra Javi, “¡Quiero ser emocionalmente inteligente!”, e incluso la visión menos ambiciosa de “me conformo con que aprendiéndome y aprendiendoos sea un poco más feliz”. Es un deseo que comparto aunque soy consciente de que este compromiso con una misma es bastante exigente y puede que en ocasiones incluso incómodo. Por otro lado, tampoco veo que haya alternativa… ya que por mucho que intentemos acallar nuestras emociones están ahí y trabajan para nuestro bienestar (o infelicidad) las escuchemos o no. Estoy convencida de que nuestras emociones pueden contribuir mucho a nuestra felicidad si aprendemos a “percibirlas, comprenderlas y regularlas”.

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