Inteligencia emocional

Objetivo: personas integrales

Por Olatz Elizondo

¿Cuántas emociones podemos constatar en un aula-clase? ¿Con cuantas mentes y mundos psicológicos se trabaja? ¿Cuántas sensibilidades se pueden encontrar en una escuela?

Algunos docentes empiezan a creer firmemente que si se educa a los niños a comprender y expresar sus emociones, lo cognitivo mejorará notablemente.
Las organizaciones y los grupos tienen su propio clima emocional. En el contexto escolar, los educadores son los principales líderes emocionales de sus alumnos. (La capacidad del profesor para captar, comprender y regular las emociones de su clase).

El Informe Delors de la UNESCO, propone considerar qué tiene en su globalidad la educación: la realización de la persona, que toda entera debe aprender a ser.

La inteligencia no garantiza el éxito en nuestra vida cotidiana. Son otras habilidades emocionales y sociales las responsables de nuestra estabilidad emocional y mental, así como de nuestro ajuste relacional y social.

  

Entre los factores de bienestar están: el temperamento positivo, el optimismo, minimizar lo negativo, disfrutar de las relaciones de apoyo mutuo y accesibilidad a los recursos que permitan lograr nuestros objetivos.

Saarni argumenta que el bienestar subjetivo se relaciona con la competencia emocional en el sentido de que la habilidad de la autoeficacia emocional facilita el bienestar subjetivo, ya que supone aceptar la propia experiencia emocional como justificada y valiosa.

Desde el punto de vista neurofisiológico, la cognición y la emoción están más relacionados de lo que se creía en tiempos anteriores. Sabemos que la corteza cerebral (funciones cognitivas superiores) y el sistema límbico (emocional) están interconectados. Todo esto sugiere la conveniencia de proporcionar educación que estimule el crecimiento cognitivo y emocional de forma complementaria.

En la educación se debería dar una integración sinérgica entre las materias curriculares ordinarias y las competencias de desarrollo personal, de tal forma que se potencien mutuamente. Los conocimientos académicos se aprenden mejor si el alumnado está motivado, controla sus impulsos, tiene iniciativa, es responsable, etc. Es decir, si tiene competencias emocionales. Lo ideal es que los educadores lleguen a esta conclusión, y sea una realidad en todas las aulas de todos los centros educativos.

La respuesta emocional es global. Afecta a todo el organismo. Y somos uno, cerebro y cuerpo hacen un todo, los dos se influyen continuamente. Así, tenemos que tener en cuenta esto en nuestro objetivo de conseguir personas integrales, tanto en la educación que impartamos como profesores, como en nuestra educación como padres.

 

¿Tienes en cuenta esta interrelación y esta coinfluencia en la educación que realizas?

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