Inteligencia emocional

Sé de lo que me hablas

Por Igor Fernández

No hace muchos días tuve la ocasión de estar presente en una conversación que varios profesionales de la enseñanza mantenían durante un curso de formación. No es un campo que yo domine –el de la enseñanza-, sin embargo, algunas de las ideas que trataban de desenmarañar, me resultaron interesantes y curiosas, e incluso estimulantes para un espacio como este. Por allí revoloteaban conceptos como comunicación, explícita (lo que se dice y se ve) e implícita (lo que no se dice, y sólo un ojo voluntarioso ve), lo que los profesores hacen para que los alumnos adquieran tal o cual conocimiento, y qué sucede si el alumno no es capaz –o no está interesado-. Fueron muchas las aportaciones al respecto, sobre cómo, sin percatarnos, invitamos a conocer el mundo en una pequeña faceta, que elegimos como guías del aprendizaje (profesores, padres…).Se trata de una discusión sobre la transmisión misma de la cultura, y habrá quien diga: “obviamente, enseñamos aquello que es útil en el entorno en el que estamos, y no otra cosa.”, lo cual no admite réplica, y efectivamente suena sensato –y es-, sin embargo, lo que a veces olvidamos, es que se trata de una elección.

  

La elección de un profesor, de un centro, de un sistema, influido asimismo por la cultura, de decirle a sus aprendices: “el mundo es de esta manera, la realidad es de esta otra, y lo que se puede esperar de la verdad es lo de más allá.”. Pero ¿Qué sucede si un niño, no es capaz de entender esa parte de la realidad al mismo tiempo que los demás niños? ¿Cuál es la consecuencia de que su escritura no sea tan refinada o su cálculo tan rápido a la edad esperada? Sólo hoy, después de muchos años, aparecen no sólo las limitaciones, sino los sentimientos de culpa y vergüenza que niños de otro tiempo, arrastran simplemente, y por ejemplo, por no entender la parte de la realidad elegida por otros, al ritmo que ellos quieren, o tener el erróneo hemisferio cerebral desarrollado.

Si fuéramos capaces de recordar de vez en cuando que lo que enseñamos no es más que lo que entendemos, quizá ponernos en la piel del otro fuera más sencillo.

¿Qué es preciso entonces para ser inteligente?

Un pensamiento sobre “Sé de lo que me hablas

  1. Gotzon

    Lo que cuentas me suena mucho a los métodos pedagógicos activos y cooperativos de siempre, en los que ahora se insiste por todas partes, y
    que aportan un cambio notable en la perspectiva de la enseñanza:

    más que lo que enseña el profesor importa lo que aprende el alumno

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