Inteligencia emocional

El pescado empieza a pudrirse por la cabeza

Por Jon Berastegi:

La institución educativa y más concretamente un Centro Educativo posee una estructura empresarial en donde se pueden diferenciar los diferentes roles que componen las personas integrantes de dicho sistema.

Las familias pueden ser interpretadas como los clientes de la empresa, el profesorado y agentes encargados de la educación no formal como los trabajadores y trabajadoras, el equipo de dirección, como el órgano de toma de decisiones y el alumnado como el producto a realizar.

Desde la perspectiva de la Inteligencia Emocional, defendemos que cualquier organización empresarial a fin de satisfacer las demandas de sus clientes y producir un buen producto, tanto la dirección como los trabajadores y trabajadoras deben desarrollar una serie de competencias emocionales básicas.

  

Diversas investigaciones han confirmado que para considerar a un trabajador o una trabajadora como “trabajador estrella”, debería tener desarrolladas dos tipos de competencias: competencias técnicas y competencias emocionales. Sin embargo, la importancia de una u otra no son equitativas, ya que en un 75% de los casos, el desarrollo de las competencias emocionales es más significativo en la eficacia en la labor del profesional. Mientras que el desarrollo de las competencias cognitivas o técnicas no superan el 25%.

 

Por ello, en la actualidad los responsables de realizar nuevas contrataciones para su empresa demuestran tener más en cuenta el desarrollo de las competencias emocionales de los condidatos y candidatas a los puestos que se ofertan que a sus competencias técnicas o cognitivas.

En otras palabras, ante un mismo currículo técnico, adquiere más importancia aún los diferentes grados de desarrollo de competencias emocionales entre los candidatos y candidatas ante la oferta de un mismo puesto de trabajo. Esta es la gran diferencia entre los trabajadores y trabajadoras y los trabajadores y trabajadoras “estrella”.

Respecto al equipo de dirección de una empresa, se hace más indispensable el desarrollo de las competencias emocionales, ya que en el liderazgo, la influencia emocional se sitúa en un 80%-90%. Por ello, el órgano de dirección debería desarrollar tres tipos de competencias:

1. Motivación del logro, Confianza en sí mismo, Compromiso.
2. Conciencia política, Empatía, Influencia.
3. Recabar la máxima información y hacer uso del pensamiento conceptual.

Las dos primeras competencias, pertenecen a las contempladas por la Inteligencia Emocional, y la tercera se refiere a la competencia cognitiva.

En definitiva, en una estructura empresarial actual, se hace indispensable el desarrollo de la Inteligencia Emocional en todos sus componentes, y más concretamente en la cabeza de la misma, porque como hemos mencionado en nuestro título, “El pescado empieza a pudrirse por la cabeza”.

¿Estáis de acuerdo?

Un pensamiento sobre “El pescado empieza a pudrirse por la cabeza

  1. SLM

    Totalmente de acuerdo sólo que en la educación (privada me refiero) se contrata normalmente al perfil más sumiso que pueda cargar con más trabajo (calidad y EFQM sobre todo) a cambio de un contrato fijo, años y años de esta práctica han dejado al sector lleno de profesionales que conforman la peor pesadilla según el “Principio de Peter”: muchos incompetentes en puestos demasiado altos y amargando la vida a los profesionales más capaces.
    ¿He de recordar que venimos de una cultura de un 22% de paro? Ahora quizá cambien los tiempos, pero ya es un poco tarde.
    Hablo por experiencia, ¿se anima alguien más?

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