Inteligencia emocional

AVISO: reservado el derecho a la Empatía

La Madre del Emigrante, Gijón. Foto: Miguel Prado 

por Igor Fernández:

Si cuarenta mil niños sucumben diariamente
en el purgatorio del hambre y de la sed
si la tortura de los pobres cuerpos
envilece una a una las almas
y si el poder se ufana de sus cuarentenas
o si los pobres de solemnidad
son cada vez menos solemnes y más pobres
ya es bastante grave
que un solo hombre
o una sola mujer
contemplen distraídos el horizonte neutro
pero en cambio es atroz
sencillamente atroz
si es la humanidad
la que se encoge de hombros.

Mario Benedetti

Camino ahora, a finales del mes de Julio, en algún rato libre, lo suficientemente distraído como para disfrutar del sol que ha cogido la manía de esconderse en estas tardes suavemente, allá en la mar o tras una colina. Es inevitable respirar satisfecho los aromas de un árbol cercano y las carreras de los niños parecen ser lo único que importa en esta tarde de verano. No tengo prisa este atardecer y continúo caminando, en mi paseo, quizá unos cientos de kilómetros más, dejando al sur ejercer su influencia y guiarme.

  

Quizá los aromas no son idénticos ahora, pero la placidez y la carrera de los niños es idéntica a la que he dejado allá en el norte. En un alto del camino- he andado mucho- sentado al lado de un sendero o en medio de una calle concurrida, ninguna cara parece desconocida si soy capaz y humilde como para encontrar en esos otros, un resquicio de mí mismo. ¿por qué reconozco la sonrisa de los niños que corren y corrían a mi alrededor?, ¿por qué es familiar la cara de recelo?, ¿qué hace de mi mirada una matriz que reconoce estos rostros, los entiende y asemeja con experiencias pasadas, incluso aquí, en el sur?, ¿por qué estas personas tan oscuras, tan diferentes por fuera se me hacen familiares cuando me paro a escuchar?, ¿por qué desaparece mi miedo cuando me dicen, distraídamente, que tienen tres hijos y planean viajar a España para encontrar una vida mejor para ellos, de 4, 7 y 10?, ¿por qué tras las palabras soy capaz de notar la tristeza?, ¿y por qué me siento yo también un poco triste a la vez?, ¿será porque me recuerda a mis abuelos cuando viajaron al norte en busca de trabajo, huyendo de la mísera posguerra?, ¿será porque me aterra juzgarlos a ellos como juzgo a estos?, ¿será porque me imagino teniendo que separarme de mi hija Andrea de 2 años porque no puedo darle de comer?

Es demasiado doloroso reconocerme sin palabras en los ojos de alguien tan diferente a mí, tan oscuro, tan lejano…Menos mal que yo puedo regresar; ahora ya no volveré andando, qué tontería, no sé ni porqué lo he hecho, si puedo perfectamente buscar en mi bolsillo una tarjeta con la que comprar un billete…Puedo perfectamente pagar un viaje de regreso. Ahora estoy un tanto confuso, ¿si pudiera Zukyle, padre de tres niños alegres de estómago vacío, pagarse un viaje de regreso allá, a casa, al sur, lo haría? ¿si pudiera él, de 27 años llevar, con un parpadeo, lo que mi hija Andrea no ha querido cenar, lo haría?

Vuelvo a casa, estoy muy cansado, pero pienso… ¿a quién reservamos nuestra tan humana empatía?… ¿Y por qué Zukyle no se la merece?…

2 pensamientos sobre “AVISO: reservado el derecho a la Empatía

  1. Edu Jubete

    Me ha parecido realmente profunda tu reflexión Igor. Creo sinceramente que aquellas personas que se crean con el derecho de denegar a alguien algo tan importante como la empatía es porque no se han parado a reflexionar en sus actos y en las repercusiones de los mismos. ¿Acaso ellos se han llegado a poner en la piel de personas como la de Zukyle? Si todo el mundo se hiciese tus mismas preguntas seguro que en el mundo no existiría tanta xenofobia. Lo que verdaderamente importa es que a pesar de que haya muchas personas que no les importen estas cuestiones, estoy seguro de que otras muchas se formularán dichos interrogantes e intentarán hacer de este mundo un lugar más humano, y en definitiva,mejor.

  2. Endeer

    Claro que ser’ia todo muy diferente. Si esa gente que mira con desprecio o ignora a quien trata de sobrevivir vendiendo alguna cosa, por lo menos, no har’iamos que las personas que vienen a nuestros paises se sintieran tan mal. Han o’ido hablar del s’indrome de Ulises?

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