Inteligencia emocional

Viajando con Inteligencia Emocional

Por Rogelio Fernández Ortea :

En muchas ocasiones hemos hablado de la influencia de la cultura en el tratamiento de la Inteligencia Emocional, pero mucho más interesante que hablar de ello considero que es experimentarlo y me gustaría presentar algunas situaciones que he vivido en estos días y que pueden ilustrar este asunto.

En las últimas semanas he estado de viaje por Latinoamérica con unos buenos amigos. Estas personas, que probablemente tengan el tratamiento de inmigrantes en mi país, me invitaron amablemente y con gran generosidad a pasar un mes con ellos en su tierra, con lo que me convertí en una especie de inmigrante en el suyo, lo que me ha permitido explorar lo que ellos pudieron sentir cuando llegaron al País Vasco pero con una gran diferencia: las características culturales de ambas regiones.

Tengo que decirles, que antes de salir de viaje me sentía inquieto. Yo de naturaleza tímida, sabía que iba a tener que interactuar con muchas personas: con la familia de mis amigos la cual me acogía como invitado, con los amigos de mis amigos, y con el resto de personas con las que inevitablemente me iba a cruzar. Por supuesto, mi voluntad era la de caer simpático, de ser amable, de producir, en definitiva, una emocionalidad positiva en la relación partiendo de mi autoconocimiento, mi autorregulación y teniendo en cuenta la empatía y las habilidades sociales, pero… ¿cómo hacerlo?

  

Cuando llegamos al aeropuerto Simón Bolívar, pues el país que visitaba era Venezuela, el cansancio apretaba mi cuerpo, y en ese momento me encontré, mejor dicho, nos encontramos, pues viajaba con mi “compadre”, en una locura de trafico, de actividad febril y con los amigos de mis amigos, un matrimonio encantador, Alcides y Carolina. Yo, todo resuelto, me tiré directamente a dar dos besos a la bella venezolana, pero cuando iba a estampar mi segundo beso en su mejilla me di cuenta que ella me retiraba su cara… ¿ le habría molestado algo?, ¿le abría caído mal?… nada más lejos de la realidad (¡o eso espero!) sino que simplemente en Venezuela no existe la costumbre de dar dos besos sino solamente uno.

El tiempo que pasamos en Caracas con Alcides y Carolina, al que luego se juntaron dos de los hermanos de mi compadre fue suave, “caribeño”, de una dulzura bárbara… pero yo soy un “vasquito” un tanto cerrado y como les decía tímido y sentía el choque cultural en cuanto a las formas de trato… sentía las emociones que me causaba el tratar de relacionarme en una cultura que aún siendo “hermana” no conocía ni compartía, ya que para mí tanta familiaridad me cohibía y a ellos tanta reserva les tenía que extrañar.

Lo mismo me pasó cuando llegué a mi destino, San Cristóbal, en la región de Táchira, en la región andina de Venezuela. Una familia maravillosa, amable, pero yo nada más llegar empiezo a dar besos a diestro y siniestro a las mujeres de la casa y vuelvo a sentir algo raro… y es que en este lugar de la tierra no hay costumbre de que un desconocido, sin más ni más, se dedique a estampar besos en las mejillas de las mujeres. Con un buen apretón de manos y una buena sonrisa, eso sí, con un continuo tratamiento de usted hubiera sido suficiente.

Mis observaciones personales en estas situaciones estuvieron encaminadas en dos direcciones. La primera fue el experimentar en propia carne la importancia de la cultura en la generación de situaciones emocionales con su implicación en su gestión, es decir, en la Inteligencia Emocional. La segunda fue el sentirme inmigrante y el acercarme, aunque solo fuera de refilón, a lo que pudieron sentir mis amigos cuando se instalaron en Euskadi, a sus ganas de integrarse y agradar y a veces de no saber cómo. Yo estoy convencido que las personas con las que conviví durante un mes hicieron todo lo posible por hacerme sentir cómodo aunque no entendieran muchos de mis comportamientos, pero…

 

…¿podemos decir lo mismo de nuestro comportamiento con las personas que vienen de otros lugares a nuestro país?

¿Sabemos entender la dificultad emocional que conlleva el no conocer las costumbres el país de destino?

¿Cómo se han sentido siendo inmigrantes aunque esa situación haya durado tan solo unas semanas?

Para mí ha sido todo un placer serlo y se lo debo seguramente a la hospitalidad y cordialidad de las personas que me han acogido en una tierra extraña. Gracias desde aquí a todos ellos por el manejo inteligente de las emociones.

2 pensamientos sobre “Viajando con Inteligencia Emocional

  1. Alcides

    Para nuestra familia es un inmenso placer recibirte, esta es tu casa y hacer todo lo posible porque te sientas cómodo, es parte de nuestro disfrute. Esperamos que esta corta visita sea sólo la primera de muchas más y que te conviertas en un promotor de nuestra “cultura caribeña” para que desde el Pais Vasco vengan a visitarnos y así disfrutar de nuestras bellezas naturales y del deseo por darles lo mejor de nuestra cordialidad. Un agradecimiento enorme por tu generosidad – Los días en Mérida fueron inolvidables, las fotos hablan por si solas.

  2. Ofelia Márquez Ramírez

    Estoy de acuerdo con el autor. Es difícil acostumbrarse a “embonar” en otra cultura, pero finalmente creo que el mismo idioma ayuda un poco.Yo soy mexicana, pero me case con un cubano y es lo que hay que afrontar!

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