Inteligencia emocional

EL FUTURO SERÁ DIFERENTE: Empresas emocionalmente inteligentes.

Por: Fco. Javier Bárez Cambronero

Una de mis pasiones deportivas desde muy joven es ir al monte, subir montañas. Actividad que hace algún tiempo tenía parada, y que afortunadamente he vuelto a retomar, gracias a mi hijo Iñaki (17) al que le encanta la escalada y que me ha pedido salir juntos al monte. Algo que me ha alegrado enormemente, poder compartir esos momentos con él, poder enseñarle rutas, caminos, vías de ascenso, bonitos parajes,…algo tremendamente emocionante para un padre.

Y en esto estábamos hace algunos días, un bonito y soleado domingo de Septiembre, subiendo a un monte cercano. En el camino dimos alcance a un numeroso grupo de personas, mayores, bastante mayores, a simple vista diría que todas ellas pasaban de los 65. Algunas mostraban dificultades para andar, ayudándose con bastones e incluso muletas, pero todas y todos (mujeres y hombres) iban en animada charla, mostrando alegría, entusiasmo. Juntos, nadie se adelantaba ni se retrasaba, mostrando cohesión, unión, todas y todos con su camiseta azul.

Nos saludamos con gran cordialidad, y cuando ya les rebasábamos, dos personas jóvenes nos adelantaron a todos, corriendo, ¡y a qué ritmo!.

Algunas personas del grupo de mayores comenzó a animarles: ¡aúpa campeones!,¡ánimo!.

  

A mi me dio por pensar que, sin embargo, los verdaderos campeones eran todas estas personas mayores que a pesar de las dificultades, de la edad y del esfuerzo, que en el monte es mucho, tenían la ilusión, entusiasmo y resolución suficiente para disfrutar de la montaña, un ámbito donde se comparten muchas emociones. Estaban intentando alcanzar la cima, alcanzar “el sueño del día”. (Estas reflexiones no se las comenté a mi hijo, pensé que no me entendería, creo que fue un error…)

Unas personas, con muchas experiencias a sus espaldas, que pertenecen a una generación caracterizada por la dureza de las condiciones sociales y laborales, por la dureza del trabajo. Un tiempo en el que esto de la Inteligencia Emocional habría sonado a “revolución” para sus jefes empresarios. Un entorno en el que el lunes por la mañana era difícil compartir las emociones positivas vividas el domingo en el monte junto a los amigos, familiares o compañeros. No se permitía mucha charla, mucho relajo, había que trabajar, producir.

Hoy día, gracias al desarrollo de la Inteligencia Emocional, sabemos y así le damos importancia y reconocemos la bondad de estos momentos, ¡intensos!, de compartir las experiencias y aficiones vividas con pasión. Momentos que producen atracción, admiración, estrechan relaciones, y ,…..relajan.

Y creyendo que aquellos eran otros tiempos, me encuentro con una triste noticia en el periódico: “Despiden a una trabajadora hospitalizada y EN COMA después de sufrir un grave accidente por faltas de asistencia y puntualidad repetidas e injustificadas”.

¡ Hoy, en la era de la innovación, de la preocupación por eldesarrollo y bienestar de las personas como modelo de gestión empresarial !.Aún quedan empresas “analfabetas emocionales”, que menosprecian y desprecian a las personas y sus derechos. Esto recuerda a un estilo de liderazgo que no genera respeto y confianza.

Como dice R. Merton en ”Ambivalencia Sociológica”: No pertenece a un estilo de dirigente efectivo que “escucha y está cercano a lo que está pasando en su empresa a nivel humano”. En esta empresa no existe la “noblesse oblige”, obligación de comportarse generosamente quienes ocupan los mejores puestos y tienen poder.

Pienso en lo fácil que habría sido hacer un buen ejercicio de Inteligencia Emocional, de mostrar unas buenas competencias sociales y emocionales, y sobre todo una buena educación y reflexión ética.

Con hacer una “aproximación emocional” a la familia, a sabiendas de su estado y situación emocional, mostrando un poco de empatía, interesándose por el estado de su hija, hermana, etc, de su trabajadora, mostrar cercanía y preocupación; habrían demostrado algo muy diferente.

Esto ya les pasó a nuestros mayores, probablemente a todas las personas del grupo del monte, ¡estas actitudes son de otro tiempo!, de las que afortunadamente ya están liberados.

Tenemos mucho trabajo si aún quedan personas y empresas de este tipo.

¿Cómo podrán reaccionar el resto de trabajadores/as de esta empresa?, ¿Qué pueden esperar de su empresa?, ¿Cómo se implicaran y esforzarán por hacer grande a una empresa de este tipo? y ¿Tendrán confianza y respeto hacia sus jefes?

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