Inteligencia emocional

¿ Cómo proteger a niños y Jóvenes?

“ Los niños son la esperanza del mundo”
José Martí.
Por estos días se celebra en diferentes lugares la semana de la infancia, los medios se hacen eco de las iniciativas de Instituciones y localidades para divulgar el tema, o poner sobre el tapete situaciones que atraviesa la infancia. Así el 20 de noviembre ha sido la fecha internacionalmente elegida, recordando el día en que se aprobó la Declaración de los derechos del niño (1959) por la Asamblea General de las Naciones Unidas, retomada más tarde por la Convención sobre los derechos del niño, en vigor desde el 2 de septiembre de 1990.

Cuando a menudo escucho opiniones sobre la Ley de Protección del menor o incluso cómo se trata el tema en algunos medios parece ser que sólo tiene vigor cuando un menor delinque o cuando es víctima de los malos tratos de un adulto. Sin embargo, la protección de nuestros niños y jóvenes aúna y entrelaza acciones y elementos diversos.

Defendemos, favorecemos, amparamos a los niños y jóvenes precisamente respetando sus derechos, estimulando sus deberes, enseñándoles a ser personas que cuiden de su propia vida y de los demás, sensibles y comprometidos con los retos de su tiempo, estimulando lo mejor de su ser. En fin, permitiéndoles un desarrollo integral, los nutrientes necesarios para que encuentren por sí mismos un sentido ecológico de la vida.Todo lo anterior engarza con la esencia de la educación emocional. Cuando ayudamos a que nuestros niños: se conozcan a sí mismos, con sus fortalezas, limitaciones, áreas de mejora; entiendan, expresen lo que sienten, piensan, necesitan, sean asertivos; desaprendan hábitos de reacción y conducta, y aprendan hábitos más saludables; sean autónomos, responsables; asuman sus éxitos o sus errores como oportunidades de crecimiento; tengan metas claras; pidan ayuda cuando lo necesitan; tomen decisiones… los preparamos para los desafíos de la vida, y a mi modo de ver, es una buena manera de protegerlos. Resulta importante, asimismo, la educación personalizada, respetando la edad, las características personales, el contexto y el propio ritmo de cada uno.

Por otra parte, no hay que olvidar que los niños y jóvenes interactúan no sólo con sus coetáneos, sino también con adultos, y dentro de una comunidad determinada. Por tanto, también los preparamos y protegemos desde nuestra acción como modelos de actuación. Al final, nada se enseña ni se aprende sin el ejemplo.

Cuando empatizamos con nuestros congéneres, somos solidarios, y practicamos como adultos una ciudadanía activa, cívica, responsable, crítica y comprometida; cuando escuchamos activamente, dialogamos, confiamos, reconocemos el error, y nos permitimos un cambio; cuando amamos y nos comunicamos afectivamente; cuando nos caemos y levantamos, somos flexibles, cuando nos abrimos a un proceso de mejora y desarrollo personal,…cuando damos lo mejor de sí, estaremos ofreciendo un referente importante para los más jóvenes.

¿ Qué “ equipaje” te gustaría legar a los más pequeños para su viaje?

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