Inteligencia emocional

Más allá de una bofetada.

Por estos días en los medios se ha retomado el tema del castigo físico a niños, tomando como base la condena de una madre a 45 días de cárcel  y más de un  año sin ver a su hijo de 10 años, por propinarle una bofetada al menor. Pensando en  ese niño y esa madre  o en otros que quizás no tengan la oportunidad inmediata para aprender, crecer de los errores, es que escribo estas líneas.

¿Qué hay más allá de una bofetada?: ¿padres desbordados?¿niños difíciles?¿ejercicio de poder? ¿creencia a nivel de padres y sociedad  que  es la manera adecuada para establecer la disciplina?¿poca habilidad para solucionar conflictos, para convivir, para comunicarse? Podríamos seguir la lista de interrogantes, sólo es un punto de partida para que revisemos lo que creemos, pensamos, sentimos y hacemos al respecto.

En lo profundo, tenemos  creencias sobre las cosas que marcan  por así decirlo el eje  de pensamiento- actuación. Según estudios, un alto por ciento de padres  valora   la bofetada como necesaria. Así se escucha, aún: “la letra entra con sangre”, “ a mí también me lo hicieron   y aquí estoy”, “ una  bofetada a tiempo evita problemas”…, lenguaje que “justifica” de alguna manera el hecho. ¿Cuándo es el momento exacto? ¿una edad determinada? ¿Cuándo reincide? ¿cuándo no se tienen  otros recursos?

Carlos González nos recrea en su libro “ Bésame mucho   un  caso que hace reflexionar sobre nuestras creencias al respecto y que abreviaré por cuestión de espacio. En síntesis: Jaime  se considera  un buen esposo y un padre tolerante, pero hay cosas que le hacen perder los estribos. Sonia tiene un carácter difícil, nunca obedece y encima es respondona. Cuando apagas la tele ella la enciende sin siquiera mirarte, interrumpe las conversaciones… . Hoy Sonia cogió unos papeles del escritorio para dibujar algo. “ Te he dicho que no cojas los papeles del escritorio sin pedir permiso” , le dijo Jaime. ¿ Pero qué te has creído? Yo cojo los papeles que me da la gana!, respondió Sonia.  Jaime le pegó un bofetón gritando: “No me hables así, pide perdón ahora mismo”; pero Sonia,  lejos de reconocer la falta le dijo: pide perdón tú. Jaime le volvió a  dar un bofetón, y entonces ella  gritó: “Capullo” y salió corriendo. Jaime se contuvo para no seguirla. Sonia estará castigada en casa todo el  fin de semana. ¿Qué edad cree  que tiene Sonia y qué parentesco cree que tiene  Jaime con ella?  ¿Valoraría igual la historia si  Sonia tuviera   17  o 27 años  y Jaime es su padre,  o si Sonia tiene  25 años y Jaime es su marido? La violencia nos parece más aceptable cuando la víctima es un niño, cuanto más pequeño, mejor- afirma este autor, nos parece más aceptable cuando el agresor es  un  padre o maestro, que cuando es un desconocido. ¿Y para el niño que podría ser más “aceptable”?

La agresión de un desconocido le puede causar dolor físico, miedo, pero cuando son los padres, se unen además el asombro, la confusión, la traición,  angustia, resentimiento, sensación de falta de afecto, la culpa ( los niños tienden  a pensar que si le pegan es porque se lo han merecido). “ Un desconocido  solo golpea tu cuerpo; tus padres, además pueden golpearte el alma, afirma  C. González.

Cuando se llega  al bofetón perdemos todos. ¿Por qué se necesita reforzar un límite, un ‘NO’ con una agresión? ¿Por qué   negar a los más pequeños  la paciencia, el autocontrol, el civismo que le concedemos  hasta a un desconocido cuando nos resulta molesto? Pegar a un niño supone legitimar que la violencia, aunque sea en pequeñas dosis, sirve para conseguir un fin.

Finalmente,  y aunque no tengo  el autor, quiero compartir este texto que viene muy a tono con el tema tratado.

  • Si un niño vive con hostilidad, aprende a pelear
  • Si un niño vive con el ridículo, aprende a ser tímido.
  • Si un niño vive avergonzado, aprende a sentirse culpable.
  • Si un niño vive en la crítica, aprende a condenar.
  • Si un niño vive en la tolerancia, aprende a ser paciente.
  • Si un niño vive estimulado, aprende a tener confianza.
  • Si un niño vive con equidad, aprende a ser justo.
  • Si un niño vive en seguridad, aprende a tener fe.
  • Si un niño vive con aprobación, aprende a quererse a sí mismo.
  • Si un niño vive con aceptación y amistad, aprende a encontrar el amor en el mundo!  

¿ Y tú qué opinas?

2 pensamientos sobre “Más allá de una bofetada.

  1. jose ramon arregui

    He de reconocer que pego a mis hijos pequeños por una carencia de recursos galopante por mi parte…..me gustaría disponer de esos recursos. Por otra parte ahora existen muchos hijos que agreden a sus padres, padres que no han intentado nunca imponer limites fisicos, supongo. No quiero ser un padre de este estilo, aún sabiendo que no es el mejor recurso la violencia, vivimos en una socieda en la que existe en todos los ambitos, ya sea verbal o física.

  2. MARISOL ISLAS CORTEZ

    muy interesante sobre todo en nuestros tiempos en los que los docentes se sienten reprimidos y atados de mano solo por no poder golpear aun alumno rebelde sobre todo porque como docentes no hemos sido capaces de encontrar una forma diferente de hacer que nuestros alumnos nos presten atencion…..

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