Inteligencia emocional

Cambio de tercio: haciendo las cosas de otra forma.

El cambio, la adaptación, la inmediatez en los movimientos Parece que sólo con proponernos hacer las cosas de otra manera, es cuestión de tiempo que las hagamos, de voluntad y tesón, de tener ganas de hacerlo. Cuántas veces hemos pensado en alguien con el que hemos hablado para pedirle que cambie una actitud, una manera de hacer determinadas cosas que nos afectan, y cuántas veces hemos tenido que repetir lo que nos importa para que el otro lo cambie. Cómo nos molesta tener que decir las cosas cien veces o pedir a otros que simplemente cambien en cómo nos tratan. En estos casos,  la responsabilidad recae en el que tenemos enfrente, yo ya he hecho mi parte, ahora te toca a ti.

En las experiencias que tenemos en el cambio en organizaciones, pero no sólo en este tipo de sistemas, sino también en sistemas familiares, o escolares, por ejemplo, nos encontramos con un problema que es recurrente. La formación en Inteligencia Emocional, y no sólo en cuanto a conocimiento, sino también en cuanto a actitudes, parece recibirse con un alto grado de expectativa, como una fórmula para poder cambiar todo un sistema que puede mejorar. A veces esas mismas ganas, esa ansiedad por que las cosas sean diferentes, y la esperanza que se pone en una formación así, hace que se olviden otras circunstancias.

¿Por qué es tan difícil para un padre dejar a un lado su autoritarismo y acercarse a sus hijos de forma más igualitaria? ¿o por qué es tan complicado para una persona a cargo de un equipo aceptar críticas sobre su trabajo por parte de sus subordinados? ¿o cuál es la razón que impide a una profesora entender que la disensión pueda ser productiva?

A veces el cambio de posición, el cambio de rol en una relación, supone un alto riesgo que no todo el mundo está en disposición de asumir. Si intentáramos entender cuál es la emoción implicada en las reacciones que describíamos más arriba, probablemente la rabia sea una de las que nos viene a la mente. El padre se enfada cuando sus hijos no obedecen, la jefa de equipo responde cortante cuando percibe un atisbo de crítica o la profesora se siente desafiada cuando su alumno le dice que no le interesa lo que está diciendo.

¿Y qué pasaría con nuestra percepción –y reacción- ante estas personas si sustituyéramos su rabia por el miedo? ¿si entendiéramos su enfado como una forma de defenderse de una amenaza percibida? Y si es así ¿por qué podrían sentirse amenazados?

3 pensamientos sobre “Cambio de tercio: haciendo las cosas de otra forma.

  1. Junquillo

    Me parece que la emoción que interviene en todos los casos, (padre, jefes y profesores), sin duda es la del MIEDO.

    La pregunta que deberíamos hacernos, cuando percibimos una amenaza, es la de “¿dónde?” en vez de la de “¿por qué?”. Así, ante una amenaza, si nos preguntamos ¿dónde (está el peligro)?, obtendremos una respuesta bastante precisa. En los personajes de este caso, la amenaza está en la pérdida de control sobre sus “subordinados”, por esos no aceptan punto de vista diferentes. El miedo está relacionado con la seguridad, es por esto que estas personas actúan con miedo,precisamente por su inseguridad.

    Junquillo

  2. Yoriento

    Las emociones pueden ser importantes y ejercer una determinada influencia, pero, ¿no os da la impresión de que las sobrevaloramos, como decía Punset?

    A veces lo más inteligente emocionalmente hablando es hacer, aunque no se tengan ganas ni motivación, y aunque uno piense o se sienta mal.

    Como recomendaba en el ámbito del coaching o la orientacion profesional, buscando trabajo piensa o siente lo que quieras pero haz lo que debas.

    Seguramente si se hace lo que se tiene que hacer, lo que está previsto, las emociones también cambiarán a mejor, no?

    Acabo de conocer vuestro blog y seguiré la pista a vuestras opiniones¡ Un saludo. 😉

  3. Ígor-Autor

    Estoy de acuerdo contigo, Yoriento. En efecto hay muchas maneras de regular las emociones, su intensidad y consecuencias.
    Es cierto que tenemos a nuestra disposición la voluntad, la intención, nuestra planificación y la capacidad para sobreponernos a situaciones emocionalmente desafiantes. ¿Qué habría sido de Shackleton si no se hubiera tragado su miedo en el primer viaje para atravesar el Polo Sur?
    Sin embargo, yo creo que para tomar una decisión adaptativa, tener en cuenta lo que sentimos ante la situación es imprescindible. Si no, la vía inferior en nuestro procesamiento de los estímulos hará su trabajo. Me alegro de que te unas a las más de 800 personas que nos visitan cada día. Un saludo, Yoriento, y gracias por tu aportación.

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