Inteligencia emocional

Ante el dolor y la muerte.

Creo que en la vida no hay apenas certezas, salvo la de que igual que nacemos, un día moriremos, nuestro paso por la vida tiene fecha de caducidad. Y si esto es así ¿por qué tenemos una relación tan mala con el dolor y la muerte? Esta claro que nadie quiere sufrir (todos funcionamos con la máxima de “buscar el placer y evitar el dolor”) y que pensar en la muerte asusta porque no sabemos qué nos espera (aunque en esto quienes tienen fe llevan ventaja).

Acabo de vivir la agonía de mi tío Antonio, enfermo de cáncer que ha luchado contra distintos “brotes” durante más de treinta años. A pesar de una vida superando el dolor y la incertidumbre siempre le han acompañado un arrojo y fortaleza envidiables (y también bastante genio, para ser fiel a la verdad). Por eso, los últimos momentos en los que la enfermedad, literalmente, le ha consumido han sido muy duros. Costaba reconocerle en esa imagen distorsionada postrada en una cama de hospital. Durante todos estos años, tuvo el primer “brote” cuando llevaban pocos años de casados, le ha acompañado mi tía Montse (hermana de mi padre). Mi tía pertenece a la misma generación que mi madre, el de esas mujeres que no han trabajado mucho de forma remunerada, que nunca cobran una pensión, pero que han hecho del cuidado una profesión/vocación y un ejemplo. Había que verle en el hospital atendiendo a mi tío en todo momento y hasta el último suspiro. Sin reproches y con constantes gestos amables y de cariño. El personal sanitario le decía que no estaban acostumbrados a ver lo que ella hacía, que normalmente la gente quiere tener al enfermo o enferma fuera de casa. Si mi tía no se llevó a mi tío a casa fue porque los médicos se lo desaconsejaron debido al gran deterioro que tenía y para asegurarle un final sin dolor, que era lo que más temía.Estos días he observado mucho y he pensado mucho. Las personas nos ‘retratamos’ ante el dolor y la muerte, lo que decimos, lo que hacemos, cómo nos dirigimos al enfermo y a su entorno… Alrededor de la cama de mi tío se podían observar actitudes muy diferentes. Había quienes lo vivían en la lejanía, bien porque su relación no era muy estrecha o porque no veían a la muerte cara a cara. También había quien observaba con el miedo y la súplica del que sabe que su final no está muy lejano, y día a día firma una prórroga. El personal sanitario (desde el primer al último escalafón) le ha dispensado a él, y a los demás, un trato exquisito y atento, más allá de su deber profesional. También está la actitud de mi tía que ha llevado hasta las últimas consecuencias lo que en su día le prometió, “fidelidad… hasta que la muerte nos separe”. Hay quienes lloran, hay quienes no; hay quienes se quedan mudos y quienes se ven impelidos a una verborrea sin fin; hay quienes buscan el contacto con el enfermo y quienes lo evitan (no se sabe si por respeto, por miedo o por qué), etc.

¿Y cómo lo he afrontado yo? Ya he vivido varios procesos de enfermedad y muertes muy cercanas, y algunas muy recientes. En poco más de un año se ha muerto mi padre, mi mentor, el bebé de unos amigos y ahora mi tío. Tengo la sensación de que en cada muerte se reviven todas las anteriores, lloras por todos tus muertos. Además, veo como poco a poco van ‘desapareciendo’ mis mayores, mis conexiones al pasado, a la infancia. Es ley de vida pero no por ello deja de ser duro. Y también me hace ver más cerca la enfermedad y la muerte, algo que cuando eres joven ni te planteas. Me hace enfrentarme al deterioro del cuerpo, a la pérdida de vitalidad, que cada vez viviré más en primera persona, y que cuesta asumir.

Pero no quiero acabar en un tono pesimista porque la muerte es la otra cara de la vida. Y creo que mi tío ha tenido una vida muy plena y con sentido a pesar de las dificultades. ¡Ha sido una suerte haberte conocido!

¿Cómo te relacionas tú con la enfermedad y la muerte?

4 pensamientos sobre “Ante el dolor y la muerte.

  1. Rogelio Fernández

    Antes me relacionaba mejor con la muerte que con la enfermedad pero a ahora creo que me relaciono mejor con la enfermedad que con la muerte, quizás porque me estoy acostumbrando más al dolor de la enfermedad y me da más miedo la cercanía, la realidad de la muerte.
    Otra cosa que quería decirte querida Arantza es que la muerte cercana más parecida a la que describes es la de mi madre. El recuerdo que tengo de la degradación, de la extinción de su cuerpo es su sonrisa cuando nos veía. Una sonrisa clara, limpia, sincera, generosa que dirigía a sus hijos y que parecía que le salía del alma.
    Por último decirte que pienso que nos falta cercanía a la muerte, que nos falta entenderla y que parte de ese entendimiento viene por una desidia el el desarrollo de algo que nos constituye como personas, es más, que nos da la singularidad: la trascendencia, la espiritualidad, y dentro de ella los conceptos de vida y muerte.
    Gracias Arantza por compartir con nosotros estos sentimientos. Un muxu

  2. Fco. Javier Bárez Cambronero

    Querida Arantza.
    Te agradezco que compartas estos sentimientos, emociones, momentos de dolor, dudas y preguntas con respuestas que cambian dependiendo de las circunstancias de cada cual.
    Al igual que Rogelio, la muerte más cercana fue la de mi madre hace un año. Aún llevo, y llevaré durante mucho tiempo, como fondo de escritorio de mi ordenador la foto de Zakoneta, un bello lugar de la costa vasca donde ella vivió de joven y donde su vida descansa para siempre porque esa fue su voluntad, que sus cenizas volvieran a ese mar que tanto amó y del ahora forma parte.
    Y digo esto porque pienso que nustros seres queridos no mueren realmente mientras no mueran nuestros recuerdos. Puede que la vida sea eso, una rememoración de momentos que se fueron grabando en nuestra memoria.
    Cuando sentimos con dolor la ausencia de alguna persona cercana es porque hemos compartido amor y el mejor homenaje que podemos ofrecerles es que su recuerdo permanezca con nosotros tal cual, con su risa,con su voz, …
    La única verdad de esta vida es esta despedida de la muerte.
    Imagino que tanto mi madre, como la de Rogelio, como tu padre, como tu tío y como el bebé de tus amigos nos recuerdan tal como seguimos siendo y nos buscan, desde tan lejos….
    Un cariñoso abrazo

  3. Nora Lilián

    Es difícil aceptar que todos vamos a morir y duele más que nuestros seres queridos se vayan. Se han ido ya 2 de mis hemanos y mi Padre y recientemente otro hermano tal vez, ésto me ha obligado a comprender que tengo que aprovechar el tiempo que este en este mundo dando lo mejor de mí a mis seres queridos y al mundo entero. Creo que nuestro paso por la vida debe dejar algo positivo y bueno para los que nos conozcan. Y la Fe ayuda a conseguir la Paz para tener un equilibrio emocional y así pensar y actuar en forma cada vez con más control emocional.

  4. kevin

    La vida te enseña tantas cosas que no sabes que respondedle , cuando no tienes capacidad de pensar de reaccionar tus momentos felices se multiplican cada día,cada día tienes experiencias nuevas y furtivas emociones que no olvidas y que recuerdas y provocan dolor , pero eso no lo entiendes hasta llegar a un punto de tu vida en el que reaccionas que es cuando te das cuenta de todo error que as cometido en tu vida y de los que no puede cambiar. La muerte el la parte en la que dejas este mundo yo no estoy muy arrimado a ella pero mi abuelo murió un año antes de que yo naciera mi familia me cuenta lo buena persona que era pero eso es lo que queda de el el recuerdo , mi tío también murió y también era una persona maravillosa pero le conocí demasiado joven y quizás no pude disfrutar de el como hubiera querido pero que es la vida si no el tiempo que transcurres en el mundo . DE momento solo me queda esperarla a que un día me de una sorpresa y solo quede en un recuerdo sabéis mi abuela y mi madre no seria capaz de soportar perder las quiero , intento convencerme de que nunca llegara ese día pero se que tendré que sopórtalo, eso sera lo mas duro que tendré que sufrir …

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