Inteligencia emocional

Educación Emocional en la distancia

En la sociedad occidental actual quienes estamos dedicados a la Educación Emocional nos enfrentamos, como muchas otras personas en el ámbito educativo, a una situación paradójica, por un lado esperanzadora y por otro preocupante.  La proliferación de recursos educativos hace posible llegar a personas que en otras circunstancias, bien por su localización geográfica, bien por su disponibilidad temporal, no podrían acceder a una formación emocional de calidad. Ésta es la parte esperanzadora. Por otro lado, los receptores últimos de nuestros esfuerzos educativos, las nuevas generaciones, crecen y se desarrollan en un contexto caracterizado por lo individual, por una nueva manera de entender las relaciones con los iguales, que les coloca en una posición de tener que hacer muchas más cosas por sí mismos que en épocas anteriores. Esta es la parte que puede llegar a preocuparnos. Las condiciones laborales de muchas familias, que nos obligan a hacer un gran esfuerzo en cuanto a tiempo y dedicación, puede hacernos mucho más difícil la implicación en la educación de nuestros hijos.

Es algo que yo he podido comprobar en los centros educativos y los grupos de padres en cuya formación emocional he tenido el privilegio de participar. Es una frase repetida: “no tenemos tiempo”. Y digo que puede llegar a ser preocupante porque el resultado de la rutina puede ser el que nuestros hijos se sientan más solos y tengan que aprender a manejar sus emociones sin la presencia consistente de un progenitor. Las consecuencias de esto pueden ser lamentadas a corto plazo aunque hoy no las veamos, aunque nos dé la sensación de que todo “va tirando”.Sin embargo las consecuencias de “desconectarnos” de la relación con nuestros hijos, o de dejarnos llevar por la frenética actividad cotidiana no sólo tiene repercusión en los más pequeños. Los adultos, nosotros, padres y madres, cada vez nos sentimos más perdidos en la educación de nuestros hijos, y por supuesto nos damos cuenta cuando no sabemos por qué se sienten de tal o cual manera o cuando no nos damos cuenta de que están creciendo. Es una sensación desagradable pensar “no sé qué hacer con mis hijos” cuando paso tiempo con ellos, lo cual es también una reflexión que he oído más de una vez en boca de padres y madres. Es como si al pararnos después de estar inmersos en la inercia del trabajo u otras ocupaciones, nos diéramos cuenta de que no sabemos cómo tratar a nuestros hijos. No sé si algún lector o lectora ha tenido esta sensación antes, pero puede llegar a ser angustiosa, y como todos somos humanos, utilizamos lo que tenemos a mano para no sentir esa sensación, muchas veces, seguir trabajando.

No es mi intención terminar esta reflexión con una conclusión dramática pero creo que sólo dándonos cuenta de lo que no funciona tan bien como creíamos podemos cambiarlo. Por eso, animo a todos los padres y madres que puedan estar leyendo este artículo a que sean creativos, que busquen maneras de compartir tiempo emocionalmente significativo con sus hijos. Soy plenamente consciente de las dificultades que el mundo actual nos pone en el camino, no hay tiempo, peor igual podemos encontrar maneras de convertir ese tiempo en un tiempo importante, de implicación, tanto para los hijos como para los padres, para la familia.

¿Cuál es tu compromiso para poder  transformar el tiempo compartido en un tiempo de crecimiento emocional para tu familia?

Inténtalo, merece la pena. 

2 pensamientos sobre “Educación Emocional en la distancia

  1. Arantza Echaniz

    Siempre he sido de la opinión de que lo importante no es la cantidad del tiempo sino la calidad. Sin embargo, por experiencia personal me he ido dando cuenta de que sin cantidad es difícil conseguir calidad. Cuando mis hijos era pequeños yo trabajaba en San Sebastián y en contadas ocasiones podía ir a buscarles o llevarles al colegio. Tuve la suerte de poder venir a trabajar a Bilbao y, aunque laboralmente perdí el grupo, el ambiente y el reconocimiento conseguido, familiarmente gané tranquilidad y serenidad para relacionarme mejor con mi familia. La educación de los hijos, en todas sus dimensiones, tiene mucho de ‘callo’, de estar en momentos buenos y malos y creo cada vez más que tiene mucho que ver con la presencia y el tiempo que compartimos con ellos.

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