Inteligencia emocional

La Inteligencia Emocional como una forma de vida

Si os acercáis a cualquier librería o quiosco  en busca de poder mitigar esa sed  de conocimiento que todos y cada uno de vosotros, fieles lectores de este blog , lleváis dentro, no tardareis en cercioraros de la gran cantidad de libros o revistas que afirman sin ningún reparo tener la fórmula de la felicidad, como si esta se tratara simplemente de una mera ecuación donde despejando un par de incógnitas se pudiese obtener el tan ansiado resultado.

Ante este comentario, no pretendo atentar contra los  libros de autoayuda u otras publicaciones similares, que tanto abundan hoy en día, entre otras cosas porque  son pocas las personas que no hayan tenido uno de estos libros entre manos a lo largo de toda su  vida.

De todas formas, sí que me gustaría incidir en el hecho de que  a pesar de que muchos, todavía a día de hoy, se resistan a separar la Inteligencia Emocional de todas esas publicaciones, existe una distancia considerable entre el percibir, comprender y regular las emociones propias y ajenas para que estas jueguen a nuestro favor y no en nuestra contra,  con el  mero hecho de decir a los demás solamente lo que quieren oir.

A veces me resulta realmente curioso  que las personas que más se interesan por la Inteligencia Emocional son también las personas que menos la necesitan, puesto que ellos mismos sí que son sensibles, o por lo menos intentan serlo,  a todo lo que el constructo representa. Sin embargo, aquellas personas que más rechazan la inteligencia y la educación emocional creyendo que eso son cosas que no van con ellos, son las que más parecen necesitarla.

Todavía hoy recuerdo como si fuese ayer el momento en el cual un amigo me formuló las siguientes preguntas:

¿De qué nos  sirve ir por la vida teniendo en cuenta tanto nuestras emociones como las de los demás, si cuando menos te lo esperes  puede venir cualquiera que no tenga los mismos principios que tú e intentar echar por tierra todo en lo que crees? ¿De qué sirve el preocuparse por las emociones de los demás cuando otras personas no se van a preocupar por las tuyas?

Nunca dejéis que cualquiera os diga  lo que debéis  creer o aquello por lo que debéis luchar. Si hay algo que os define y os hace verdaderamente especiales  es precisamente vuestra forma de entender el mundo, de preocuparos no solamente por vosotros mismos sino también por aquellos que os rodean, puesto que esa es la esencia de la persona emocionalmente inteligente.

A continuación, y para variar con la dinámica que estamos acostumbrados respecto a los post, en lugar de formular aquí una o varias preguntas para que sean respondidas, me gustaría que fueseis vosotros los que terminarais estas líneas con las reflexiones que encontréis en vuestro interior acerca de todo lo que hemos mencionado.  Os agradezco de todo corazón vuestro esfuerzo y entusiasmo, porque sois vosotros los que hacéis grande este blog.

3 pensamientos sobre “La Inteligencia Emocional como una forma de vida

  1. Arantza Echaniz

    Edu, las preguntas que te formuló tu amigo me suenan mucho. Son las mismas que surgen cuando hablas de por qué hay que comportarse bien, éticamente, aunque los demás no lo hagan. Creo que hay un principio básico, que tiene dos vertiente, que es fundamental para la convivencia: “Hacer a los demás lo que quieres que te hagan” y “No hacer a los demás lo que no quieres que te hagan”… independientemente de si los demás lo cumplen. Actuar así te hace mejor persona y más feliz.

  2. Rogelio

    Considero que el interés por la inteligencia emocional parte también de una forma de ser, de unos pricipios y de unos valoreres que nos hacen acercarnos al ser humano, a las personas en todas sus facetas.. y también en la emocional. El preocuparse por las personas y por cómo pueden mejorar no solo a nivel personal sino también social creo que es una buena forma de vivir la vida y la inteligencia emocional permite este enfoque, junto con la Ética, la Psicología Positiva, la Eduación Emocional y tantas otras disciplinas que se orientan al buen vivir, a vivir bien el Bien. Un saludo Eduardo y mil gracias por el post

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