Inteligencia emocional

La conciencia-técnica de la regulación emocional

Nuestra forma de pensar y en consecuencia nuestro comportamiento provocan estrés, ansiedad y muchas veces angustia. Somos nosotros mismos la fábrica de la tensión emocional. Cualquier persona con un mínimo de conocimiento sobre Inteligencia Emocional sabe que un acontecimiento determinado (conflicto, muerte de un familiar, problemas de comunicación, laborales, etc.) no provoca nuestras emociones, sino nuestra forma de pensar e interpretar el hecho. En definitiva nuestra mente.

Toda la tensión que se produce en nuestro interior por esta elección ante los acontecimientos provoca además directamente tensión en nuestro cuerpo. Tensamos muchas veces el rostro, cuello, hombros, brazos, espalda, caderas, piernas, etc. No somos conscientes de ello pero ocurre. Está demostrado que la mayoría de los problemas y lesiones físicas que padecemos en estas partes del cuerpo podrían curarse con un estudio consciente de nuestros hábitos, entrenamiento en la relajación y un aprendizaje y mayor dominio de nuestro cuerpo. Podríamos ahorrar mucho dinero y tiempo en médicos y fisioterapeutas.

No te olvides que emocionalmente podemos ser represivos/as: tenemos miedo a expresar y demostrar nuestras emociones por lo que dirán o pensarán de nosotros; o bien por miedo a que nos hagan daño. Pero además transmitimos un lenguaje verbal y no verbal determinado. Nuestro tono y volumen de voz suele ser más bajo de lo normal, como si tuviéramos miedo de molestar a nuestro interlocutor. Nuestro lenguaje no verbal se traduce en hundimiento de hombros, lo que obliga a forzar nuestra espalda y en definitiva nuestra columna y sistema nervioso. De ahí lo mencionado anteriormente, si no soy consciente de ello o pongo remedio lo puedo traducir en serios problemas de espalda y columna tras el paso de los años (desviaciones, pinzamientos, etc.)

También podemos ser emocionalmente impulsivos/as: incapaces de controlar las emociones. Somos en definitiva víctimas de ellas, saltamos a la mínima y solemos pagar con los demás nuestros enfados y desequilibrios. Nos hablamos mal y hablamos mal a los demás. Podríamos presentar episodios de violencia verbal y física. Nuestra  forma de andar suele ser demasiada acelerada lo que nos agotará inevitablemente. Las personas demasiado impulsivas caminan demasiado rígidas. Motivo suficiente para tener a largo plazo también problemas de salud como en el caso anterior (contracturas musculares crónicas, lumbalgias, etc.)

Finalmente podemos ser emocionalmente regulados/as: poseemos la habilidad de expresar nuestro mundo interno, nuestras emociones. Vivimos en consecuencia con ellas. Nos enfrentamos a las situaciones con ilusión. Aceptamos y expresamos nuestras emociones y aceptamos el estado emocional del otro. Somos conscientes en todo momento de nuestra forma de comunicarnos. Controlamos nuestro tono y volumen de voz, elevándolo o disminuyéndolo según las necesidades. Conscientes también de nuestro cuerpo y como nos comunicamos y movemos con él. Los hombros en su correcto lugar, ni hacia adelante ni hacia atrás, caminamos con la espalda recta. Nuestro paso al caminar es lo más tranquilo posible, aplicando una mayor velocidad según la necesidad, pero siempre soy yo quien elijo esta elección, no me dejo arrastrar por el leguaje verbal o no verbal de los demás. Evito en mayor medida esta contaminación.

Debemos ser consciente en todo momento de quiénes somos y como actuamos en nuestro entorno.

Muchas de las técnicas de regulación emocional se basan en el entrenamiento de la CONCIENCIA. Te propongo el siguiente ejercicio: el próximo día que salgas de tu casa bien a trabajar, dar un paseo o visitar a un amigo; detente unos segundos en el portal. Todo el trayecto entre ti y el lugar al que te diriges será el tiempo que emplees en tu entrenamiento. Respira con tu abdomen que te hemos enseñado en otros post, tomando aire por la nariz y soltándolo también por la nariz, al tomar aire llénalo como si fuera un balón y al soltar vacíalo. Esfuérzate en solo pensar y ser consciente de tu velocidad al caminar deberías controlarla y solo ser consciente de que estas caminando. Cuando camines solo camina. Consciente de ello no pienses en nada más ni hagas ningún tipo de valoración subjetiva (si lo haces bien o mal,  no te desanimes o hagas caso a cualquier otro tipo de pensamiento que fluya en tu mente). Insisto cuando camines solo CAMINA. Observa el movimiento de tus brazos y piernas y disfruta de la perfecta máquina que es tu cuerpo. Tras unos minutos observa la postura y posición del cuerpo en cualquiera de las ventanas o espejos que observes en las tiendas o comercios de tu alrededor. Corrige tu postura, recuerda tu espalda y hombros rectos, tu cabeza ni hacia arriba ni hacia abajo. Cuando te mires solo MIRA. Sin valoraciones de ninguna clase. Por último detente con la escusa de observar algún artículo y observa la expresión de tu rostro. ¿Cómo tienes la frente, pómulos, labios y ojos? ¿Están relajados? Si no es así suaviza tu rostro elimina la preocupación en ella. Construye y forja un rostro bello y hermoso. Y piensa que ante ti tienes a tu mejor amigo y aliado. Único y especial. Mantén tu posición, tu forma de caminar y tu expresión hasta el final del trayecto, te aseguro que recibirás tu recompensa.

¿Crees posible está técnica en tu vida diaria? ¿Lo haces habitualmente o por el contrario piensas en otras cosas sin ser consciente de tu cuerpo?

2 pensamientos sobre “La conciencia-técnica de la regulación emocional

  1. Eva

    muy buen artículo, animo a todas las personas a realizar éste tipo de “ejercicios” para empezar a tener conciencia de los mensajes que nuetro cuerpo nos brinda y que normalmente no sabemos descifrar.

    un saludo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *