Inteligencia emocional

El valor de educar

En estas líneas voy a plasmar las principales ideas extraídas de la conferencia pronunciada el 10 de junio por el filósofo y escritor José Antonio Marina, dentro del ciclo “Vivir, ¿para qué? del Forum Deusto, y cuyo título era El valor de educar.

En esta conferencia planteó ideas que se encuentran recogidas en sus múltiples libros y que han dado pie a un interesantísimo proyecto, que surge de la revisión de la literatura seria sobre psicología evolutiva y psicología de la educación de los últimos 15 años,   que es la Universidad de Padres  y que tiene un bonito lema, Para educar a un niño, hace falta la tribu entera.

Voy a empezar por el final, por la respuesta que dio a una de las preguntas planteadas: “¿Quién es más culpable de que la educación funcione mal?”. Su respuesta me encantó y la suscribo completamente. Los problemas sociales son multicausales. El problema es que hemos entrado en un círculo de excusas. Los padres echan la culpa a la escuela, los docentes a la familia y a los dirigentes educativos, los medios de comunicación… Hay que partir de una premisa básica: educar es influir en los comportamientos, pensamientos, etc de las personas. Y visto así: TODOS EDUCAMOS. Y se puede educar bien o mal. Cada uno tendrá que ver qué parcela le toca, cuál es su campo de actuación. El profesor Marina señalaba que habría que establecer una Carta de los Deberes Educativos de la Sociedad y a cada uno medirle en función de su actuación. ¡Interesante!

Uno de los rasgos fundamentales de los educadores debe ser el optimismo, que en el caso de padres y madres y docentes es imprescindible. Se debe creer firmemente que es posible mejorar las cosas. En educación ha proliferado mucho el discurso del déficit y del fracaso, lo cual es peligroso porque podemos encontrarnos ante una profecía que se autocumple.

El modelo educativo que defiende el profesor Marina, y que inspira la Universidad de Padres, se basa en una premisa básica: “La educación tiene dos componentes principales: INSTRUCCIÓN y FORMACIÓN DEL CARÁCTER. Por instrucción entendemos el conjunto de conocimientos que los niños y jóvenes deben adquirir -lingüísticos, matemáticos, científicos, culturales, históricos, etc.-. formación de carácter es el conjunto de RECURSOS personales que deben desarrollar nuestros niños y jóvenes para ser capaces de elegir bien su proyecto personal, tomar decisiones, enfrentarse con los problemas,  establecer vínculos afectivos valiosos,  disfrutar de las cosas buenas, en una palabra, dirigir bien la propia vida. Esos recursos son HÁBITOS intelectuales, afectivos y morales que se van adquiriendo -o no- durante la etapa educativa”.

Para el profesor Marina existen tres niveles de la personalidad:

  1. Recibida, que determina tres aspectos fundamentales: a) el hecho de ser hombre o mujer; b) el tipo de inteligencia; y c) el temperamento o pauta estable de respuesta a los estímulos. Es la herencia biológica que cada uno llevamos.
  2. Aprendida, conjunto firme de hábitos (cuesta tanto adquirirlos  como cambiarlos) que marcan nuestro modo de interpretar y reaccionar. Aquí los centros educativos juegan un papel importante, al igual que la familia y el entorno.
  3. Elegida, que tiene que ver con nuestra jerarquía de valores y nuestro proyecto personal de vida. Es el terreno de la libertad. Es muy importante estar en contacto con buenos valores para que luego los podamos elegir.

En palabras del profesor Marina el lema de que “Todos los seres humanos nacemos libres” es una ficción que lo único que nos dice es que no nos pueden esclavizar. La libertad se aprende obedeciendo, primero a otros y luego a uno mismo. Un valor que se debe recuperar en la educación es la construcción de la voluntad, que incluye cuatro destrezas, que necesariamente hay que adquirirlas en edades tempranas:

  1. Inhibir el impulso. Hay que aprender a no responder inmediatamente al impulso para poder discernir si éste es bueno o no.
  2. Deliberar. Hay que aprender a discernir los impulsos y a buscar alternativas a aquellos que se nos presentan de forma inmediata.
  3. Decidir. Hay muchas personas incapaces de decidir, y esto es algo que se aprende en la práctica, sorbreponiéndose a un gran limitador que es el miedo.
  4. Poner en práctica. Soportar el esfuerzo supone también un aprendizaje. Las generaciones más jóvenes están intoxicadas de comodidad. Tenemos que educar en la resilencia, que supone aguantar un choque y recuperarse con facilidad.

Por último voy a señalar los hábitos intelectuales, afectivos y morales fundamentales para el profesor Marina:

  1. Tener una buena representación de la realidad. Hay que evitar las creencias que distorsionan la realidad. Por ejemplo, no se enfrenta igual a la educación quien cree que la inteligencia es innata que quien cree que ésta es permeable.
  2. Tono vital y estilo afectivo animoso, activo. Uno de los grandes derechos del niño y la niña es la experiencia de haber triunfado en algo, ya que es el mayor acicate para volver a intentarlo y es la base para una sana autoestima. Debemos organizar las metas de los niños y niñas para que sientan “yo he sido capaz”.
  3. Habilidades cognoscitivas. Desde pequeños nos gusta reflexionar sobre cómo pensamos y cómo construimos nuestro conocimiento.
  4. Binomio libertad-responsabilidad. Este aprendizaje debe ser creciente y adaptado al momento vital.
  5. Dignidad. La libertad que interesa es la que nos permite pasar de ser “animales listos” a ser “personas dignas”. Debemos educar en valores y en la Justicia.
  6. Hacer proyectos y resolverlos. Debemos educar para ser capaces de anticipar y poner en práctica, para desarrollar la tenacidad, para no claudicar antes de tiempo, para ser críticos a la vez que creativos.

Y si somos capaces de todo esto contribuiremos a la felicidad de nuestras generaciones futuras que no es otra cosa que la satisfacción de tres grandes necesidades que todo ser humano tiene y que cada una por sí sola no basta:

  1. Pasarlo bien, disfrutar. Actualmente estamos intoxicando de comodidad a nuestros hijos e hijas.
  2. Vinculaciones afectivas, sociales, amorosas y de amistad. Necesitamos que estas vinculaciones sean buenas y que nos ayuden a crecer.
  3. Hacer algo que valga la pena, crear algo. Hacer algo valioso que no existía y que existe por mí (un hijo o hija, una obra, una relación, etc). 

¿Estás dispuesto a educar en los parámetros que aquí hemos señalado?

2 pensamientos sobre “El valor de educar

  1. Pingback: Inteligencia Emocional » Deseos. ¡ Pasa a la acción!

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