Inteligencia emocional

Responsabilidad vital

Tengo la sensación de haber estado viviendo durante mucho tiempo la vida  de otra persona y al escribirlo tengo también la sensación de que esto lo había yo ya leído o escuchado en alguna parte… en el cine, en el teatro, en algún libro.

Esta sensación repentina me ha asaltado en los últimos días y lejos de de producir tristeza me ha llenado de gozo y de esperanza porque ha venido acompañada de otra, no sé cómo definirlo, de una sensación placentera al hacerme cargo de mi vida, de asumir la responsabilidad de vivirla con el sentido que yo le doy. Sé que esto a ustedes no les va ni les viene, lo referido a mi vida digo, pero esta introducción solo pretende eso, introducir el término de responsabilidad vital.

Es fácil que en los tiempos que vivimos que nuestra vida esté mediada con los parámetros que la sociedad marca como adecuados, mejor dicho, que cada cultura y subcultura marcan como estándares de vida. Los raperos, los ejecutivos, los hombres, las mujeres , los profesores[1] tienen unas pautas de comportamiento que marcan su vida y limitan, en gran medida, la libertar de vivir responsablemente su vida, la vida de las personas que desempeñan, o pretenden desempeñar, con diligencia el ideal de dichos roles.

Pero también tenemos que vivir bajo patrones de lo que significa la amistad, el trabajo, el matrimonio, la ciudadanía y bajo los patrones de los que estando compartiendo con nosotros y con nosotras dichos roles, piensan que tenemos que ser. Nuestros amigos, compañeros de trabajo, nuestras parejas, nuestros conciudadanos tienen una idea de cómo debemos comportarnos y a veces esas ideas las asumimos como propias sin que tengan sentido para nosotros. También están nuestros propios patrones, nuestro ideal, el cómo nos gustaría ser y que nos quita muchas veces la libertad de simplemente ser felices.  Unos ideales que tienen mucho de biografía y de biología, de educación y de condición pero con escaso sentido y que nos marcan de una forma muchas veces inconsciente pero siempre intensa nuestros comportamientos y nuestras emociones y sentimientos.

Pero para eso tenemos nuestra responsabilidad. Responsabilidad para darnos cuenta de las cosas. Responsabilidad para cambiar lo que tengamos que cambiar, lo que podamos cambiar, y responsabilidad también para asumir las cosas que no puedan cambiarse. Responsabilidad para conocernos y desde ese conocimiento orientar libremente nuestras vidas y desde esa libertar vivirlas responsablemente. Responsabilidad que nos va a proporcionar alegrías y tristezas en su libre ejercicio y que siempre nos ha de proporcionar el placer y la esperanza de haber elegido vivir nuestras propias vidas con libertad y con sentido personal, aunque esa libertar fuera la de saber encajar responsablemente las diferentes vicisitudes que la vida, queramos o no, nos va a poner por delante.  Vickor Frank lo explicaba magistralmente cuando concluía que tenemos que ejercer la libertar personal de ser responsables con nuestra vida dando sentido a la misma.

Y esto es, más o menos, lo que les quería contar… pero al despedirme me surge una  pregunta.

¿Ustedes viven sus propias vidas o viven la vida de los demás?


[1] Espero haberlo dicho antes, y si no es así espero que no sea tarde. Me preocupa el lenguaje sexista pero estoy convencido de que incurro en él… pero sólo a la hora de escribir, que no de pensamiento. Cuando me refiera, por ejemplo, a profesores, tengan por seguro que pienso en ambos sexos, pero me resulta más cómodo, quizás, escribir de esta manera, generalizando con el masculino quizás, también, por haberlo aprendido así y resultarme incómodo el estar doblando continuamente los géneros. En fin, vaya esto como disculpa de la forma de escribir que no dudar la igualdad de derechos. Y también les digo que lo podría escribir todo en femenino… pero eso ya me lo dirán ustedes.

2 pensamientos sobre “Responsabilidad vital

  1. Pello

    No te preocupes, Roge. Tu lenguaje no es sexista, sólo lo es para quien todavía ignora que las palabras no tiene sexo, sino género. Y el castellano optó por el género masculino para integrar en determinadas palabras a personas de ambos sexos por un simple principio de economía linguística que rige en todas las lenguas. Decir “los profesores” no es sexista porque en esta palabra de género masculino estás integrando también a personas de sexo femenino. En algunos casos, como éste, hay otra opción: el profesorado. Pero seguro que hay alguien que la sigue considerando sexista porque sigue siendo de género masculino y pediría que se dijera “la profesorada”. Un saludo, camaradas (y camarados). PELLO

  2. Arantza Echaniz

    Completamente de acuerdo con lo que dices. El primer paso para vivir tu propia vida y para desarrollarte como persona es sentirte responsable de lo que te pasa, aceptar tu papel de actor principal en tu propia felicidad.

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