Inteligencia emocional

CEIG: Menos predicar y más aplicar: Liderazgo emocional en las organizaciones

CEIG: Grupo de Innovadores en Gestión

Podemos listar un sinfín de definiciones de liderazgo, podemos listar un sinfín de cualidades asociadas al liderazgo, y probablemente sea una de las cualidades que toda empresa busca en sus directivos, el sello del líder. Este es un concepto difícil de determinar.

Atendiendo a Warren Bennis, “en cierto modo el liderazgo es como la belleza, difícil de definir, pero fácil de reconocer si uno lo ve“. Hay diferentes modos de liderazgo que aflorarán muchas veces condicionados por la necesidad, el líder aflora cuando las circunstancias lo exigen, cuando la adversidad crea la oportunidad para explotar esta cualidad.

El liderazgo, parte de uno mismo, hemos de coger las riendas de nuestra vida y ser proactivos para determinar nuestro futuro, salir de la zona de confort para elegir nuestra forma de vivir. Por lo tanto hablamos de un liderazgo personal que guíe de una manera intencionada la realidad que queremos vivir. Solo gobernándonos a nosotros mismos podemos llegar a liderar a otros. Es más incluso cambiaría el sujeto, yo no lidero, hasta que  otra personas se ve liderada por mí.

En las organizaciones la figura del líder es fundamental, aquel que inspira, que aúna esfuerzos en la consecución de un objetivo común, aquel que alienta a dar lo mejor de uno, que moviliza voluntades. Más aún en un entorno de incertidumbre y adverso como el actual, el líder toma si cabe mayor protagonismo.

Quiero citar dos reflexiones para introducir el liderazgo emocional.

  • Aristóteles: “Somos lo que hacemos día a día, de modo que la excelencia no es un acto, es un hábito“.
  • Proverbio Chino: “Siembra un pensamiento, cosecha un hábito; siembra un hábito, cosecha un carácter“.

Creo que hay una correlación entre estas dos reflexiones y el liderazgo emocional personal. Está en nuestra mano llevar a cabo las dos reflexiones, esto requiere  voluntad para cambiar,  herramientas y entrenamiento para materializar el cambio, y disciplina y constancia en el proceso de cambio. Estamos muy equivocados si pensamos que no podemos alcanzar más plenitud, mejora interna en nuestras vidas, ya que el desarrollo personal se logra a través de un proceso de causa efecto, que está en nuestras manos gestionar.  Hemos de crear hábitos cognitivos saludables, que proyecten buenas emociones y actitudes para ser un buen líder. Este tiene que tener un proyecto de futuro que se sustente en unos valores y principios humanos básicos, esto da credibilidad y es en alguna manera lo que arrastra, lo que inspira a los demás a conocer y compartir el proyecto.

Hace no mucho, en una entrevista que se le hacía a un “gurú” del  management español, se le preguntaba sobre los secretos para llegar a ser una gran líder. Me gustó su respuesta: “saber combinar una férrea determinación en lo profesional y una gran humildad en lo personal”.

Generalmente tendemos a analizar los outputs, descuidando las variables de entrada. En un proceso industrial haremos un muestreo que nos permita ver el % de error del producto final, lo mismo pasa con la persona, vemos el resultado, respuesta comportamental, sin pararnos a analizar las variables o los inputs (esa  “mochila” de creencias, valores, vivencias, experiencias,…) que han contribuido a esta respuesta. El vínculo emocional o afectivo que cree con una persona me va a dar una relación sostenida y más profunda. Y esto llevado a una organización, nos va  a dar la ‘ventaja competitiva’ más valerosa que cualquier empresa desee para sí.

La competitividad de las empresas está directamente relacionada con la capacidad que estas tengan para optimizar el rendimiento de las personas que componen la organización. En este sentido, la figura que más puede promover buenos resultados de las personas, es el líder más que ninguna otra.

En ocasiones el modo en que hablamos de liderazgo revela confusión. P.ejem. en una campaña electoral, tenemos al presidente como a un “líder“, en las compañías a los gerentes como “lideres“, cuando en el primer caso son “políticos” y en el segundo “gerentes“. Hablar en estos términos devaluaría el concepto de líder.

El líder más meritorio es aquel que desde el anonimato jerárquico, aquel que sin poder concedido por el puesto que ocupa, llega a arrastrar a los demás, los moviliza a un objetivo.

La palabra de “líder” está cargada de valores, encarna valores  humanos fundamentales, que acompañado de un proyecto de futuro y un deseo incondicional de alcanzar el objetivo nos convierte en líderes. 

¿Usted qué opina al respecto?

4 pensamientos sobre “CEIG: Menos predicar y más aplicar: Liderazgo emocional en las organizaciones

  1. Rogelio

    “La competitividad de las empresas está directamente relacionada con la capacidad que estas tengan para optimizar el rendimiento de las personas que componen la organización.La persona que más puede promover esos resultados es el líder.” Me quedo con esta parte del post ya que creo firmemente que es así. Pero el líder debe estar respaldado por toda la organización incluyendo las personas que tienen la propiedad, bien sea la económica o aquellas que detectan la ventaja competitiva. También el líder, que es un “puesto” concedido por las personas “lideradas” y no impuesto desde el poder” tiene que tener un convencimiento personal de lo que está haciendo ya que, de no ser así, no podrá ponerse al servicio del proyecto organizativo con toda su razón y emocionalidad comprometida en ello. Les dejo con una frase del Cantar del mío Cid que creo que expone claramente no solo la necesidad del liderazgo en la competitividad empresarial sino también para las personas que componemos cualquier organización…. “!Dios, que buen vassallo seria si oviese buen señore!”. Muchas gracias Ion.

  2. Edu J.

    Eres un convencido de lo que transmites en este post. Es más, este es el sueño que todos anhelamos. Permiteme hacer mías unas viejas palabras con un profundo significado: “Si se puede soñar, se puede hacer”. ¡¡¡¡Muchas gracias por este gran artículo Ion!!!!

  3. Pingback: Misión y visión vs. alma y espíritu | Rogelio Fernández Ortea

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