Inteligencia emocional

CEIG: Rentabilidad económica sostenible y humana

CEIG: Grupo de Innovadores en Gestión.

Me estaba volviendo a plantear la misma pregunta que lanzamos en clase el otro día…  ¿y si la inteligencia emocional fuera una farsa que nos la estamos creyendo? No sé si algún día despertaré, confirmando, muy a mi pesar, que efectivamente todo esto fue un sueño, una utopía… pero, aún no sabiendo si inteligencia emocional es la palabra adecuada o no, y, sinceramente, la palabra es lo que menos me inquieta, lo que sí sé que no es una farsa es que las personas somos como un carruaje guiado por tres caballos (físico, emocional y mental) y para que este carruaje pueda avanzar armoniosamente, y sin descarriarse, los tres caballos han de mantener una coordinación de ritmos, un saber moverse en equilibrio, en definitiva, atenderse.

Sin embargo, la hasta ahora acumulada experiencia en el mundo empresarial  ha hecho tambalear mis propios esquemas mentales. Cuando comencé mi primera inmersión en el  mercado laboral, he de reconocer que mi carruaje se desbocó, no una, sino varias veces, y casi todas por una paralización en seco (represión) del caballo emocional. Una vez finalizada la carrera, vierto todas mis ilusiones en lo que sería mi primera aventura profesional. Sin embargo, aunque en la Universidad obtuve conocimiento, había una asignatura que no figuró en el programa de estudios, y era la preparación para el choque (al menos el que yo viví) entra la teoría universitaria del conocimiento y la realidad práctica del mundo empresarial. Me di cuenta que mis conocimientos eran puramente teóricos y que el saber moverse dentro de una empresa requiere mucho más que la simple aplicación de la teoría. La cultura de la empresa. La dificultad de mantener una comunicación fluida y entre iguales, especialmente entre diferentes jerarquías. Disfrutar en la empresa (entiéndase bien, mientras uno aplica su esfuerzo en aquello que debe de  hacer, y además hacerlo bien), parecía ser un lujo al alcance de unos pocos privilegiados, que por algún motivo extraño y desconocido, sólo una minoría habían logrado mantener un binomio equilibrado entre esfuerzo-disfrute, en definitiva eran felices en su trabajo.

 ¿A qué se debe? Muchas veces, he tenido la sensación de que en la empresa nos avergonzamos de mostrar nuestra parte emocional, posiblemente por miedo a que nos vean como personas vulnerables, débiles… y otras muchas perdemos la vergüenza para estallar en demostraciones agresivas, inadecuadas… posiblemente también por miedo a que nos atropellen. El razonamiento, el conocimiento, han eclipsado en gran parte las emociones y, en mi opinión, esto ha hecho que las relaciones no fluyan con naturalidad, sino con miedo, recelo, indiferencia, rabia… Sin embargo, la profesionalidad, el ser competente de manera sostenible, no está reñida con la expresión equilibrada de las emociones, sino todo lo contrario, estará en todo caso parejo a la integridad de la persona (física, emocional y mental). Pero, eso sólo lo vamos a conseguir si no cuarteamos a las personas. Tenemos esa responsabilidad,  permitiendo que la calidad humana sea la base que fundamente nuestro quehacer diario. Para ello, tenemos mucho trabajo por delante (autoconocimiento), muchos patrones mentales que cambiar, y este cambio sólo es posible desde la voluntad. Sólo entonces podremos aprender, que la inteligencia emocional es un valor añadido, que puede facilitarnos el ser personas más humanas. Me da la sensación de que muchas veces, la incomunicación, incomprensión, frustración, son fruto de la imagen externa que nos creamos dentro de la empresa y desde la que estamos intentando entendernos, no permitiendo que nos comuniquemos desde nuestra verdad y, esto hace, que en lugar de escucharnos, atendernos, empaticemos… estemos fomentando relaciones artificiales, que estoy convencida de alguna u otra manera no pueden más que generar una sensación de vacío e incluso, si me apuras, pudieran hasta provocar una crisis de identidad.

Hemos caído en la trampa de la Ley del “más y mejor“, de la ambición desmesurada, del todo vale por la competitividad, pagando el precio del corto plazo, de no atender a la salud de nosotros mismos y de nuestra gente, porque hemos asumido que la empresa es así, es fría, es calculadora… pero la empresa NO es así, somos nosotros los que decidimos hacer la empresa así. Y aunque hemos sido rentables económicamente, no hemos sido rentables humanamente. Claro que hemos hecho muchas cosas bien, y no se trata ahora de olvidar el fundamento de una empresa, faltaría más, porque una empresa tiene que ser rentable, competente…pero de manera sostenible y, lo que sí hemos de  aprender es, que la rentabilidad económica no está reñida con la humanidad, sino todo lo contrario, es el binomio que permitirá mantener esa rentabilidad sostenible.

Aprenderemos que la inteligencia emocional no es una farsa, sino un continuo aprendizaje, un modo de ver y vivir la vida que allá donde vayamos nos permitirá fomentar relaciones sanas.

Y esto no sé cómo se mide cuantitativamente dentro de la empresa, pero la vida me ha enseñado que lo sano florece y lo insano fallece.

¿Usted qué opina?

7 pensamientos sobre “CEIG: Rentabilidad económica sostenible y humana

  1. Edu J.

    Permiteme que te felicite por este grandioso artículo, fruto de tu gran visión y de la gran persona que eres. ¡Lo cierto es que nunca dejas de asombrarme! Tus palabras logran plasmar tan bien la realidad que no puedo hacer otra cosa más que quitarme el sombrero. ¡¡¡Muchas gracias por compartir con nosotros tu reflexión 😀 !!!

  2. Olatz

    Apa Edu!! Mila esker. Gracias a tí Edu, la verdad que eres de esas personas con las que al estar contigo desprendes una humildad difícil de hallar hoy día. El curso, además de para aprender, y espero que para crecer, me está sirviendo para conocer a gente con una vida que contagia!! Qué pena que quede poquito…

  3. josetxo

    Las empresas son un compendio de Inteligencia (valentía, estrategia, temor… libre expresión de las emociones) y de Pensamiento (ferocidad, estrategia, temor… desprecio de las emociones). Cada cual tiene su función y ambos se complementan. El pensamiento consolida lo que la inteligencia crea y ninguno de los dos puede sobrevivir sin el otro de modo que una empresa sólo de creativos está condenada a ser predada en tanto otra solo de estrategas a morir por obsolescencia.
    Esto no puede ser modificado y hasta en el mejor de los casos de la armonía entre los dos elementos (la empresa liderada), la vivencia de cada individuo en la empresa tiene todo que ver con quién es (el estadio de su ferocidad) y con cual de los elementos convive. Por lo que comentas has experimentado la violencia del respetuoso entre feroces. Pues bien, no le arriendes las ganancias al feroz entre valientes…
    Por lo demás la “rentabilidad humana” la buscan las empresas que asumen el necesario beneficio como un medio para el logro de su supervivencia. No así las empresas especuladoras para las que el beneficio es su fín último. Pra éstas las mujeres y los hombres no son más que herramientas, males necesarios…
    Agradecido por tu magnífico post, recibe todo mi respeto. Saludos.

  4. josetxo

    En la primera línea del comentario anterior (y rogando encarecidamente me perdoneis la parrafada de marras) donde al hablar de la inteligencia digo “estrategia, temor”, os ruego leais “respeto, determinación”. ¡Vale! ¿qué os puedo decir!. Lo siento por el preñazo.

  5. Rogelio

    Me hubiera gustado escribir un comentario brillante pero con el brillo del post creo que es suficiente. Las organizaciones por las que postulas parecen una quimera, una utopía que, “como decía el poeta”, sirve, no tanto como para obsesionarnos en alcanzarla, sino como para que nos sirva de guía, de visión deseada que nos marca el camino. Creo profundamente en organizaciones SANAS en lo humano y en lo económico. Considero que los dirigentes empresariales deben construir, junto con sus trabajadores y otras instituciones, como las adminstraciones públicas, universidades, etc., organizaciones sostenibles en el tiempo que provean de beneficio para todas las personas relacionadas con ellas, sean propietarios, trabajadores, clientes, proveedores… en definitiva a la sociedad en general… Organizaciones sanas en lo humano que permitan a las personas profundizar en su desarrollo profesioinal y personal, en lo racional y en lo emocional valiendo esta distinción solo para entender mejor el bienestar de las personas pero sabiendo que razón y emoción son dos partes de una misma realidad: el ser humano. Empresas sanas en lo humano y en lo competitivo que permitan el desarrollo social trabajando con y para las personas.
    Como estaba anunciado, el post ha sido brillante y este comentario solo ha pretendido resaltar más su importancia y la sinceridad y claridad con la que está escrito. Mil gracias Olatz y me apunto a Josetxo al expresarte todo mi respeto.

  6. Ion

    Que fácil de leer!! Te has salido con el artículo Olatz!! No solo con el contenido y la sustancia de lo que escribes, sino también en como lo cuentas.
    Una gran aportación, creo que el artículo dice lo que dice, pero transmite mucho más que lo que dice, calará en cualquiera que lo lea. Zorionak!!!

  7. Olatz

    Mila esker equipo!!! La verdad que da gusto ver, que a pesar de las dificultades diarias, percibir ese espíritu, esa ilusión de intentar aportar nuestro granito de arena hacia un nuevo modelo empresarial. Me quedo con el cuento del bambú japonés… si no consigues lo que anhelas, no desesperes, quizás sólo estás echando raíces.

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