Inteligencia emocional

Conversaciones de ascensor

Aunque, posiblemente ésta no sea una expresión recogida por la RAE, estoy casi segura de que quienes lo habéis leído, habéis comprendido inmediatamente a qué tipo de interacciones me estoy refiriendo.

Respecto a este tema, hay una pregunta que acostumbro formular a los grupos de formación de Inteligencia emocional; la pregunta es, “¿Tienen utilidad las conversaciones de ascensor?”, “¿Merece la pena desarrollar una conversación, o incluso hacer un esfuerzo?”. Las respuestas que obtengo de los grupos son variadas.

Hay, desde quien se encoge de hombros, por que ciertamente, no le ve ninguna utilidad a quien indica que claro que son válidas. Por mi parte,  me uno también a esta última opinión. Y surge una nueva pregunta: “¿Válidas para qué?”.

Antes de desarrollar la respuesta quisiera recordar el término “zoos politickon”, idea promovida ya desde Aristóteles y nombrada en otros post, que nos recuerda eso de que “somos animales sociales”; es decir que necesitamos de los demás para irnos desarrollando, y que estamos programados para vivir en contacto con otras personas. En esto probablemente hay  común acuerdo, por ejemplo en la vida familiar, los primeros años de vida y cómo se va estableciendo la comunicación …

Pero cuando “esas otras personas” son desconocidas, y nuestro contacto no va a pasar de unos minutos, entonces, ya no vemos tan claro eso de ser seres sociales, “vamos cada una a nuestra bola”. Hay quien indica que la posible utilidad de una “conversación de ascensor” es la de aliviar tensión mientras llega el piso en cuestión; o por ser cuestión de  educación como me han dicho otras veces. Puede estar bien esa excusa de “ser educados” si va a servir para mejorar o regular la convivencia, aunque sea un ritual. Imaginemos sino que, estando esperando en la sala de estar del dentista, tras abrirse la puerta se introduzca una persona que, al igual que nosotros, se sienta a esperar, y no nos diga absolutamente nada. ¿Qué sensación nos produce? ¿Frialdad? ¿Indiferencia? O ¿alguna otra? … si… probablemente, ¿no volveremos a ver a esa persona?. Eso de ser educadas va más allá en mi opinión; es una concesión de atención que dirigimos a la otra persona, aunque sea por milésimas de segundo, que nos reconforta mínimamente. Mejor esa mínima atención que la indiferencia, ¿a que sí?

Cuando entramos en el espacio reducido de un ascensor parece que la cosa se intensifica en cuanto a una distancia que obliga a acercarnos, además de compartir un trayecto. Aquí, probablemente, no tengamos duda acerca de saludar o no … Las conversaciones que surgen, por su parte, no acostumbran ser precisamente profundas, pero resultan ser también una forma de concesión para con la otra persona; de una mínima atención, de un contacto que en cierta forma se ha establecido por que ese chaval ya no es el del 4º, es también alguien que … según lo que hemos comentado.

Esas conversaciones, y todas en general, nos sirven para darnos cercanía, al igual que toda interacción que es en sí social. Cercanía que nos puede ser útil para pedir ayuda el próximo día en el autobús si por lo que sea se nos rompen las bolsas de compra, o con quien consultar si logra sintonizar bien los canales digitales o hay algunos defectuosos tal y como me sucede a mí. O simplemente, para ser agradables y sentirnos bien.

Bueno, esa es mi hipótesis, y las demás ¿qué opináis? ¿Tiene alguna utilidad las conversaciones de ascensor? ¿Para qué?

3 pensamientos sobre “Conversaciones de ascensor

  1. Arantza Echaniz Barrondo

    Para mí sí tienen una utilidad. Reforzarnos en nuestra condición humana y social. Nos obligan a mirar a la cara a essa otra persona con la que, a nuestro pesar o no, compartimos un espacio. Y, además, quién sabe si esa persona o tú mismo vas a tener mas interacciones en lo que queda de día…

  2. Marcos

    Yo creo que sí son muy útiles. Es verdad que puede que nos sintamos violentos, pero creo que es mejor ser capaz de cruzarnos con alquien (en un ascensor o donde sea), sonreir y decir aunque sea “Hola”, que pasar de largo. También es verdad que me gustaría tener más capacidad de poder entablar este tipo de conversación. Alguna orientación? Gracias por escucharme.

  3. Karmele Gurrutxaga

    Hola Marcos:

    Gracias a tí por leerlo y comentar, y mis disculpas por la tardanza; no creo se trate de dar “recetas” ni haya “varitas mágicas”, por que cada momento, persona, estado emocional reinante … es tan cambiante!!! Por de pronto, no hay más sugerencia que expresarse desde lo que hay en ese momento, con lo que sientes o estás haciendo; lógicamente, no “desnudándote emocionalmente” y hablando de cómo te preocupa determinado aspecto personal, pero sí desde pequeñas obviedades y también personales: “Bueno, qué bien que vamos ya para casa”, “Que ya avanza la semana …”, etc. Puede ser una alternativa a hablar del tiempo, o a un “¿qué tal?” sobre todo si no hay confianza. Y una sonrisa siempre sincera, eso que no falte.
    Saludos!

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