Inteligencia emocional

El regreso de la literatura

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En especial a mis queridos alumnos de 2º de Bachillerato:

Lo siento, pero vuestra desdicha es mi gozo. Podía haber sido antes y de otra manera, claro. Pero algo es algo. El caso es que, gracias a que han decidido incluir dos preguntas sobre Literatura en el examen de Selectividad de Lengua Castellana y Literatura, la Literatura, esa hermana pobre y desvalida de la Lengua, tan maltratada y vilipendiada, vuelve a las aulas y a vuestras manos. Y, al contrario de lo que pensáis vosotros, los alumnos del curso anterior no son los afortunados por no haber leído libros o no haber dado Literatura, aunque estuviera en el programa, sino vosotros, porque la Literatura es uno de los lugares donde mejor se reflejan los problemas más acuciantes de la vida, todo aquello que tiene que ver con las ideas, las actitudes  y, sobre todo, con los sentimientos y las pasiones humanas.

Por supuesto, esta no es la solución la ideal, para qué vamos a engañarnos. La solución ideal pasaría por un cambio radical de mentalidad que dejara de considerar al arte y la literatura como meros adornos para llenar nuestro ocio, y que se consideraran como lo que son: destello brillantes de nuestra creatividad, donde los seres humanos nos vamos buscando a nosotros mismos a través de la historia y donde plasmamos lo que vamos encontrando a través de unos ideales de belleza. Seguramente porque el cambio es totalmente superficial, es muy probable que la lectura de las obras literarias de este curso sea sustituida por una lluvia de apuntes sobre el contexto político-socio-cultural-literario-biográfico del autor, donde toda los aspectos emocionales de la literatura sean amputados o racionalizados hasta la náusea a través de áridos análisis y comentarios de textos; y también es muy probable que muchos de vosotros, en lugar de leerlas, acudáis a  “El rincón del vago” en busca de resúmenes que os ayuden a aprobar los exámenes correspondientes. Pese a medidas como esta, está claro que la relevancia de la literatura y el arte en sus distintas manifestaciones sigue siendo insignificante en un sistema educativo regido excesivamente por lo racional y científico-tecnológico-utilitario, donde año tras año tengo que escuchar la dichosa pregunta de: “¿yo para qué tengo que estudiar esto (poesía, historia, filosofía…) si yo lo que quiero es hacer un ciclo o una carrera técnica?” Pregunta que tiene su lado negativo, ya que pone en evidencia las carencias de una sociedad que consigue que admiréis boquiabiertos (como no puede ser de otra manera) las proezas de un Messi con el balón o las prestaciones de un móvil y, sin embargo, consigue que os quedéis fríos ante las “proezas” de Bécquer o Machado. Ahora bien, esa pregunta está muy bien hecha, porque tenéis todo el derecho del mundo a que alguien os explique por qué es bueno y conveniente que leáis literatura y, por lo tanto, nos otorga a los profesores la bendita obligación de justificar la presencia de la literatura en el aula  y en vuestra vida. Aunque, a decir verdad, esa misma explicación sobraría si desde muy pequeñitos la escuela y la familia transmitieran no sólo contenidos conceptuales y procedimentales y actitudinales sobre conocimientos, sino también un mínimo de sensibilidad estética.

Por eso yo me alegro. Me alegro por mí pero también por vosotros, ya que tendréis la fortuna de visitar “El árbol de la ciencia” de Pío Baroja y sumergiros en las tribulaciones del melancólico e inadaptado Andrés Hurtado, en su búsqueda del camino propio que le conduzca a su inasible felicidad, rodeado por un entorno social que es un verdadero obstáculo. El mismo Andrés Hurtado por el que, con vuestra edad, yo sentí tanta pena y que me dejó con la vaga sensación de que la asignatura de la vida podía ser muy difícil y compleja. También entraréis, y es muy posible que os agobiéis, entre las cuatro paredes de “La casa de Bernarda Alba”, tenso y explosivo drama de Federico García Lorca, quien describe magistralmente la fuerza de los deseos y pasiones de ese puñado de mujeres encerradas por el autoritarismo severo de su madre, que encarna la tradición y la represión de las emociones en una sociedad abiertamente machista. Y podréis, en fin, pasear por los poemas del bilbaíno Blas de Otero, quien luchó amargamente consigo mismo, con Dios y con el mundo  para esculpir e intentar dar forma con esperanza y sufrimiento el sentido de la vida a través de palabras y expresiones certeras y que os hará estremeceros con sus versos: angustiosos o esperanzados, pero siempre sinceros.

Así pues, bienvenida sea la literatura, queridos alumnos. No os asustéis, no tengáis miedo. No os preocupéis si no lo “entendéis” todo. Es posible que, como me ocurrió a mí, sea dentro de mucho tempo cuando comprendáis de verdad aquella frase o el final de aquel soneto. Ahora sólo predisponeos, es decir, poned vuestra mano en el corazón, respirad y sentíos vivos. Acoged cada palabra y cada silencio como si en realidad fueran vuestros y dejaos seducir por ellos. Leed como si en cada frase palpitara un sentimiento y un lamento que, en el fondo, también es, o será, el vuestro. Vamos, ahora es el momento, por un lado el sol ya se pone y por el otro la tenue luz de la lámpara ilumina el libro abierto. Vamos, ahora es el momento, repetid despacio, repetid gritando en silencio nuestras palabras de Blas de Otero:

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser  -y no ser- eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

2 pensamientos sobre “El regreso de la literatura

  1. Arantza Echaniz Barrondo

    Pello, me han encantado tus palabras… Nos quejamos de cómo está el mundo, de las reacciones de la juventud… pero no nos preocupamos de desarrollar en ellos la sensibilidad ética y estética; la capacidad de sentir con el mundo y de asombrarse ante él. Mucho se habla de inteligencia emocional, de inteligencias múltiples pero, a la hora de la verdad, seguimos valorando lo mismo… lo lógico-matemático, lo espacial y visual…

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