Inteligencia emocional

“Phineas Gage no está tan lejos de aquí”

No recuerdo quién lo dijo pero comparto con él que la decisión es un acto de locura.

Podremos tener todos los datos, todos los antecedentes, podremos haber estudiado todas las entradas en Internet, habremos analizado todos los inputs de esta “sociedad infoxicada“. Sin embargo, decidir siempre será un acto extraordinario.

Y soporta mal el imperativo. Aversión que comparte infinidad de verbos de acción, desde amar a soñar, de imaginar a aprender, cambiar o ilusionar.

Tomar una decisión requiere del concurso de centros cerebrales de alto y bajo nivel. Es necesario que ambos cooperen en un mismo sentido.  De lo contrario acabamos como Phineas Gage.

Gage se hizo involuntariamente famoso en la historia de la ciencia por sufrir un accidente laboral en el verano de 1848, mientras construía el ferrocarril Rutland and Burlington, cuando un hierro entró por su mejilla izquierda, perforó la base de su cráneo, atravesó la parte frontal del mismo y salió (parece que a gran velocidad) a través de la parte superior de su cabeza. Milagrosamente, su  recuperación física  fue completa. Sin embargo, entre otros trastornos, a pesar de pensar en planes futuros, “los abandonaba mucho antes de prepararlos”; y era muy bueno a la hora de “encontrar siempre algo que no le convenía”. La barra de hierro rompió conexiones y quebró su personalidad.

Me viene a la cabeza este caso descrito en “El error de Descartes” y me parece que Phineas Gage no está tan lejos. Afortunadamente, no son hoy barras de hierro las que rompen conexiones e incapacitan para desplegar lo planificado; en el Siglo XXI es la procrastinación la nueva barra que se abre paso con violencia en nuestra cultura y en nuestros cerebros.

Procrastinar no es un verbo amable, pero a pesar de su aspecto antipático define a la perfección uno de los males de nuestro tiempo. Procrastinar es diferir, aplazar, postponer, retrasar, no decidir.

Quizá porque decidir implica elegir, y por tanto, salir de las zonas de confort, abandonar alguna de las opciones algo que no concuerda con este momento donde ya ni elegimos qué canción nos gusta más. Es más fácil “bajártelo todo”, no tener que seleccionar, acaparar lo uno y su contrario.

Procrastinar marida con un tiempo habituado a obtener lo que quieras con un click, poco tolerante a la frustración, adicto a la inmediatez en las gratificaciones. Donde no estamos dispuestos a esperar; donde la unidad de medida es el nanosegundo; donde cualquier espera es eterna; queremos todo y ya.

Procastinar es permanecer en el limbo de la indecisión, en no decidir hoy, dejar para mañana, “postponer sine die”, hasta que el curso de los acontecimientos haga de decidir algo accesorio.

Me viene a la cabeza el caso de Phineas. Personas Gage, organizaciones Gage por doquier. Personas y organizaciones que reflexionan, diseñan pero que no despliegan.  Especulan pero no resuelven. Porque decidir, caer en ese instante de locura, nos da vértigo, el vértigo de la responsabilidad, de las consecuencias.

¿Usted que opina al respecto?

2 pensamientos sobre ““Phineas Gage no está tan lejos de aquí”

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  2. Ana

    Estoy de acuerdo. En general, existe el miedo a elegir porque elegir implica ser responsables de las consecuencias de la opción que tomamos y eso crea en muchas ocasiones una especie de vértigo que incapacita a la persona. Entonces, o bien se queda en una especie de limbo o delega y deja que decidan por ella estancias u otras personas de su confianza. Hace años leí un libro sobre este mismo tema: “Miedo a la libertad” de Erich Fromm.

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