Inteligencia emocional

Desempleo, Emociones y Personas

Por Juan Carlos López Ubis

Cuando leo o escucho las noticias sobre el desempleo me brota en el cuerpo una tremenda angustia, que no es otra cosa que el dolor emocional.

Nos dicen que la culpa de este cataclismo social es la renombrada crisis financiera; pero también lo es de nuestro sistema productivo (en este caso) y del modelo económico al que nos hemos abocado. Algunos analistas dijeron en su momento que asistíamos al fin de un período histórico y al advenimiento de un nuevo modelo, otros expertos pidieron la refundación del capitalismo, otros especialistas pronosticaron que no habría cambios sino autorregulaciones del sistema y son estos, por el momento, quienes llevan la delantera. Pero entre tanto vaticinio, análisis y analista están quienes sufren la terrible consecuencia de la situación: los que pierden su trabajo y los que no encuentran ninguno.

El desempleo afecta en Euskadi al 10% de la población activa, casi 136.000 personas, que para hacernos una idea de la magnitud de la cifra, sería como considerar que el 75% de los habitantes de Donostia no tuvieran trabajo. Viviríamos en una ciudad empobrecida, sin recursos, desolada, sin esperanza; resulta descorazonador imaginarlo.

Pero si pensamos en el 20% de paro total del panorama español, cercano a los cuatro millones de personas, la idea pone los pelos de punta. ¡4.000.000 millones de personas sufriendo y pasándolo mal a nuestro lado!

El paro representa una lacra” solemos escuchar a los políticos, término que según el diccionario significa en su primera acepción “secuela o señal de una afección o achaque”. En este caso, obviamente, la enfermedad la padece la sociedad. En segundo término se define como “vicio físico o moral que marca a quien lo tiene”. Desgraciadamente este vicio es sobrevenido, y desde luego, deja una profunda huella emocional en quien lo sufre.

Cuando terminamos la carrera -allá por el año 87-, un compañero propuso a los responsables del INEM un proyecto para realizar un estudio sobre el estrés y la ansiedad entre la población de desempleados (en aquellos años, y producto de las reconversiones de la época, el paro era también -como ahora- considerado una “lacra”), pero no juzgaron pertinente apoyarlo.

Aquellos años fueron muy duros, y la situación de falta de salida laboral y oportunidades y el desamparo percibido, dinamitaron los recursos (competencias) de la inteligencia emocional de muchos jóvenes y adultos; entre los primeros se disparó el consumo de drogas y entre los segundos, el de alcohol. Pero aún todo, se salía a la calle a exteriorizar la rabia, la indignación y el desencanto. Hoy los motivos para protestar existen, pero parecemos más conformistas.

Parafraseando al poeta podríamos exclamar ¡Dios mío, qué solos se quedan los parados!

Los profesionales de la salud les recomendarán llevar una vida sana, alimentación equilibrada, practicar ejercicio y fomentar el contacto social; aprovechar la situación para descansar física y mentalmente, y así recobrar la energía que van a necesitar para sobrellevar el síndrome del trabajo ausente.

Los expertos en áreas socio-laborales les dirán que deben aprovechar este intervalo no productivo para mejorar su formación, aprender idiomas e incluso reconvertir sus habilidades y conocimientos para prepararse ante el futuro que llega (“acciones de reempleabilidad”); y que deben tomarse esta actividad como un trabajo en sí mismo.

Los especialistas en desarrollo personal les aconsejarán vivir esta crisis en su ciclo laboral como una ocasión para el cambio y la transformación, desarrollar entre otras cosas la proactividad y el empoderamiento, y tomar la situación como una oportunidad de mejora y no como un fracaso.

Todo ello es bienintencionado, y resulta necesario para la larga travesía invernal por la estepa siberiana que representa la búsqueda de un empleo. Pero no es suficiente para llegar entero a la primavera de volver a cobrar una nómina.

Uno escucha esas recomendaciones y las lleva a la práctica: Primero trata de relajarse y descansar; aprovecha para “vivir” la ciudad a horas que no acostumbra; retoma el deporte o le dedica más tiempo; acude a un prospector de empleo y se deja orientar sobre el curso formativo o el idioma que pueden relanzar su currículum; dedica más tiempo a la familia; aumenta su colaboración en las tareas domésticas e incluso se atreve con el bricolaje; aprovecha para estar más tiempo con sus amistades y de paso les solicita apoyo y contactos; se reúne con otros desempleados para favorecer el auto-apoyo; comienza el proceso de cambio y desarrolla su pensamiento positivo, se ilusiona, se ve con más atrevimiento; busca y prepara entrevistas; y además, aporta su tiempo a entidades y causas sociales.

Pero la realidad recalcitrante y torticera que uno percibe va desgastando nuestros recursos. Empiezas a no madrugar tanto, y además no duermes bien, no descansas. Te sientes extraño atravesando la ciudad a “deshoras”. El ejercicio lo haces para rellenar el tiempo y como pura evasión. Te aferras al curso de formación para mantener un resquicio de ilusión. Las relaciones familiares se tensan porque te dicen que “estás todo el día por medio” y además, escuchas que “ya no eres el mismo”. Tus amigos tienen su trabajo y su vida y ya no pueden o no quieren dedicarte tanto tiempo. Los contactos se agotan o “les agotas”. La terapia de grupo que significa estar con otros desempleados ya no surte efecto, y te sientes como en un geto asfixiante del que no puedes escapar. La esperanza y el pensamiento positivo se mantienen a duras penas, más como una postura que como una creencia sentida. El tiempo –que aunque pasa sin remedio- se hace más largo. Y esperas a que llegue el fin de semana, cuando pocos trabajan, para que al resto de la gente les parezcas una persona normal.

Mientras escribo estas líneas me viene a la memoria la película de León de AranoaLos lunes al sol”, y me surge una emoción agridulce. Creo que el guión, la dirección y las actuaciones son de un nivel muy alto y que, aparte de contener un humor ácido, acidísimo, representa uno de los estudios sociológicos mejores que conozco sobre la vida de unos desempleados.

Vivimos en un curioso mundo donde además de ser rico o pobre, tener estudios o no, ser de una procedencia social u otra, haber nacido aquí o allá, organizamos toda nuestra vida alrededor del trabajo. Desde pequeños vamos recibiendo la instrucción necesaria para, cuando llegue el momento, incorporarnos al “mercado laboral” (¡Vaya término!); cuando no puedes más o cuando te obligan o cuando la situación te lo permite, sales de ese ciclo y te conviertes en pensionista o jubilado, que es otra categoría social residual.

El trabajo es algo más que una necesidad para (sobre)vivir. En nuestro entramado de sociedad gregaria implica nuestra aportación individual y nuestra forma de encaje en la colectividad. Por ello, carecer de trabajo -además de representar un grave perjuicio económico para uno mismo- lleva consigo un doble daño, en este caso emocional: el que proviene de sentirse excluido de la comunidad y el que deriva de la vergüenza de no tener nada para aportar. Esta cuestión es parte de lo que yo denomino la dimensión emocional del desempleo, y que seguiré desarrollando en la segunda entrega de este post.

 ¿Usted qué opina?

6 pensamientos sobre “Desempleo, Emociones y Personas

  1. FCO. JAVIER BÁREZ

    Querido Carlos.
    Cómo me alegra comprobar que el blog sigue vivo, pero aún me alegra más ver quiénes seguís escribiendo posts extraordinarios como éste tuyo.
    Qué razón tienes, el daño que produce el paro, algunos invisibles. Económico, emocional (desmotivación, desánimo, tristeza, desconfianza, baja autoestima, rabia, ira, agresividad, miedo, vergüenza, culpa,…) algunos de ellas son emociones sociales, entre todas llevan a la ruptura de vínculos relacionales, familiares, amigos, producen aislamiento, despego.
    El paro es una de las causas más graves de exclusión social, por eso hay que trabajar tanto desde este campo de la Inteligencia emocional en la prevención.
    Los acontecimiento a los que estamos asistiendo estos días en los países del norte de África pueden ser un indicio de lo que hay que pensar en hacer. El paro sigue creciendo y aún lo hará bastante más en un futuro próximo, porque está demostrado que no existe voluntad política ( ni de esos grandes mercados ¿? de los que tanto se habla en la actualidad y a los que hay que satisfacer con medidad antisociales y explotadoras.
    Hay que romper con algunas estructuras sociales que no aportan más que miseria emocional. habrá que buscar otros horizontes, quizás hay que plantearse que el trabajo como tal debe desaparecer y ser sustituido por la “ocupación” en la que las personas podamos desarrollarnos y disfrutar en comunidad ( en común).
    Te dejo un enlace a mi trabajo de investigación en el que abordo el tema de la exclusión social desde la perspectiva de las emociones,
    http://javierbarez.wordpress.com/proyectos/
    un abrazo amigo,
    Javi

  2. Roxana Sandoval

    Hola Juan Carlos
    Qué atinada reflexión, gracias por compartirla. Por acá recién se acaba de dar a conocer que en México habitan 20.2 millones jóvenes entre 15 y 24 años. De ellos, 40 por ciento tiene un empleo, 30 por ciento sólo estudia y 20 por ciento se dedica a actividades domésticas, según el Consejo Nacional de Población (Conapo) en su informe La situación actual de los jóvenes en México.
    Si a eso le añadimos que hay 6 millones de jóvenes y adultos qeu no saben leer ni escribir, e imaginamos lo que sentirán de no ver un mejor futuro para ellos y si pensamos en el 25% de los jóvenes del mundo árabe, sin trabajo y sin expectativas de encontrarlo en los próximos 3 años según el Banco Mundial… pues vaya que habrá que encontrar una vacuna a toda esa “miseria emocional” que nos perimita idear y actuar soluciones, antes que una ola de pesimismo y desesperanza nos inmovilice.
    Saludos.

  3. 1986David

    Buenas Juan Carlos,
    Me ha gustado mucho tu reflexión, y me gustaría aportar una idea que leí en un libro de Seth Godin. Seth Godin estaba de vacaciones, y se fue a los pc’s del hotel para revisar como iba el trabajo. Justo pasó una pareja y escuchó como decían “mira que pena, de vacaciones y no puede desconectar del trabajo”, a lo que el añade, es mucho peor trabajar durante 11 meses agobiado y frustrado para tener 1 mes de “desconexión”, que vivir en un trabajo que te motiva y que lo hace los 12 meses del año. La idea es que es muy importante luchar por un trabajo que de verdad nos motive, por que al final pasaremos muchas horas de nuestras vidas en él.
    La vida puede ser muy dura, pero aceptar esta idea y no luchar por algo mejor es la peor acción que podemos hacer en nuestras vidas.

    Mi pasión es la economía y el comportamiento humano, así que añadiré tu blog al mío, por que para mi es una necesidad saber que piensan otras personas para entenderlas mejor.
    Un cordial saludo.

    David.

  4. josetxo

    Siento una tristeza infinita al ver como hemos abandonado a su suerte a 4.000.000 de familias que han perdido o están a punto de perder el poder pagarse sus necesidades mínimas vitales… y me horroriza pensar que para eliminar el más mínimo vestigio de mala conciencia que nos puede generar este abandono, hemos llegado a convencerles y convencernos de que son ellos los responsables de su propio desempleo… y ahora en un blog sobre inteligencia emocional ¿les añadimos no sé qué de la verguenza de que no tienen nada que aportar a la sociedad…?
    Nada de todo esto es de recibo. Mahatma Gandhi fue un hombre emocionalmente inteligente y lo fue única y exclusivamente porque amó a su pueblo,porque amó a cada una de sus gentes…
    Por lo demás sólo un detalle: No es cierto que vivamos una crisis. La crisis ya pasó y lo demuestran las naciones que la vivieron y hoy ya han despegado. ¿Que en nuestro caso ha mutado para endemizarse en forma de recesión?. No tiene por qué sorprendernos. Es lo que siempre les sucede a las sociedades malvadas…
    saludos

  5. J. Carlos Lopez Ubis

    @josetxo
    Estimado Josetxo
    En primer lugar quiero agradecerte tu comentario. Y, en segundo, quiero hacer una aclaración respecto a lo de “la vergüenza de no tener nada para aportar”. Coincido contigo en que parte de nuetra sociedad tiene la creencia de que son los desempleados los propios “culpables” de su situación y destino en el denominado mercado laboral. Y es ahí donde el componente menos noble del comportamiento gregario al que yo me refería, “marca” a quienes han perdido su trabajo o no lo encuentran, actuando como detonante de ciertas valoraciones afectivas y emocionales: el dolor de sentirse excluido, y LA IDEA DE QUE LOS DEMÁS PUEDAN PERCIBIR EN UNO UNA CARENCIA O FALTA. Esto último es la vergüenza. En ningún momento he querido arremeter contra los desempleados, sino todo lo contrario, puesto que es un colectivo y una situación que conozco muy bien.

    Un saludo.

  6. josetxo

    Solo somos libres cuando disponiendo de tiempo incierto para vivir además podemos pagarnos las necesidades mínimas vitales de forma acorde a los usos de la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Consecuentemente la Libertad es un poder. El poder que nos posibilita ser dueños de nuestro tiempo de vida. Poder al que la mayoría accedemos por la vía del empleo y de aquí que los 4.000.000 de familias a las que la avaricia de los unos y la ineptitud de los otros han llevado a la pérdida de su empleo sea el mayor ataque a la libertad individual que se ha producido en nuestra sociedad de los últimos 50 años.
    Mi querido amigo, al igual que nuestra pérdida de valores, nuestra recesión tiene sus raíces en nuestro desconocimiento, en nuestra incapacidad para razonar las barbaridades de todo orden (económico, social, político…) en las que estamos incurriendo. Créeme que somos la sociedad más desconceptualizada que nunca pudimos imaginar y puedes comprobarlo. Vale con preguntar a tus cercanos lo que entienden por democracia, gobierno, libertades, estado de derecho o cualquier otro concepto. Te resultará tan instructivo como divertido.
    Por lo demás solo decirte que no hacía falta que te explicaras. Hace tiempo que te ganaste mi respeto. Saludos.

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