Inteligencia emocional

La curación por el espíritu: el enfoque positivo de S. Zweig

Leer a Stefan Zweig me sigue emocionando. “Momentos estelares de la humanidad” es uno de mis libros favoritos, imprescindible para conocer y entender la historia del ser humano a través de unos pocos hitos. La biografía de Fouché me parece un magnífico relato sobre un dieciochesco animal político que sacrificó todo en el altar del poder. Ni el dinero ni el estatus eran sus principales motivaciones, sino algo mucho más simple: la ambición de Poder, el Poder por el poder.

Este verano (que lejos queda…) tuve la oportunidad de volver a Zweig. En este caso, “La curación por el espíritu”, libro que dedicó a Einstein en 1.931, en el que expone el pensamiento y la evolución de tres personalidades que desarrollaron métodos de “curación psíquica”: Franz Anton Mesmer (sugestión y refuerzo de la voluntad de sanar), Mary Baker-Eddy (Christian Science) y el psicoanálisis de Sigmund Freud. También –como no podía ser de otra forma- nos deja entrever su posición en estos asuntos del alma y la psique.

Con un aire positivo, que no cándido, y un planteamiento visionario para la época, desde su atalaya a principios del XX, he hallado en su análisis de salud y enfermedad algunos términos tan extendidos en el XXI como empowerment, resiliencia, enfoque usuario, y positivismo. Intentaré recogerlos en los siguientes párrafos empleando su propia descripción de los mismos.

Zweig parte de la consideración de la salud como “estado natural” del ser humano y de la enfermedad como “antinatural”. En la evolución de ambos conceptos distingue varias etapas:

1) En origen, la enfermedad está ligada al sentimiento religioso. Toda persona atormentada por la enfermedad busca siempre a ésta un sentido. En su búsqueda, la enfermedad se le aparece como enviada por alguien; un alguien que debe tener algún motivo para infligirle este mal: por rencor, por odio, como castigo por alguna culpa…  Este “alguien” es un dios omnipotente: él envía la enfermedad y solo él puede alejarla. Oración y sacrificio serán los únicos antídotos en esta desigual pelea. ¿Cómo darle muestras de arrepentimiento, de sumisión a ese dios para alejar la enfermedad por él enviada? La persona desconcertada, resignada y torpe quiere pero ni sabe ni puede hacerlo. No está cualificada. Necesita un especialista que medie entre ella y Dios: el sacerdote. Fe y ciencia comparten un mismo templo.

2) Pronto se rompe esta unidad ya que la ciencia -para nacer- necesita despojar a la enfermedad de su origen divino y excluir el enfoque religioso. Con esta ruptura, la enfermedad se desintegra en innumerables enfermedades particulares; ya no significa “algo que afecta al hombre entero” sino solo a “alguno de sus órganos”. Surge el médico cuya primitiva misión consiste en localizar las causas de cada dolencia, asignarlas a grupos de enfermedades clasificados y a su tratamiento. La curación pierde su halo milagroso para traducirse en puro y calculado tratamiento por parte del médico. Donde los antiguos métodos curativos exigían una suprema tensión anímica (oración y sacrificio), el método y rigor científico exigen lo contrario: un espíritu claro y sangre fría, una absoluta objetividad y un ánimo sereno.

3) Esta objetivación y profesionalización científicas contribuyen a una mayor despersonalización y desespiritualización. Contra este proceso surge un amplio rechazo que nace del anhelo de un médico natural, vinculado al universo; en lugar de una ciencia de las enfermedades las personas buscan al hombre/mujer de medicina cuya misión principal es no cruzarse obstinadamente en el camino de la naturaleza, sino fortalecer la voluntad de curación, latente en el interior del ser humano, en todos los casos de enfermedad. Este impulso se puede dar por medios diversos, a menudo con tanta eficacia como con aparatos diversos y recursos químicos: el resultado propiamente dicho se produce siempre y solo desde dentro, no desde fuera.

En opinión de Zweig, la medicina científica trata enfermo y enfermedad como objetos y asigna al segundo un papel casi despectivo de pasividad; el paciente no tiene nada que decir ni que preguntar, nada que hacer salvo seguir obediente y mecánicamente las órdenes del médico.

Como complemento, la curación por el espíritu exige del enfermo -ante todo- que él mismo se trate anímicamente; que, como sujeto, como agente y ejecutor principal de la cura, desarrolle la máxima actividad posible contra la enfermedad. En este llamamiento al enfermo a animarse, a concentrar toda su voluntad y oponer la totalidad de su ser a la totalidad de la dolencia, consiste el auténtico y único medicamento de todas las curas psíquicas.

El modelo médico se organizó desde y hacia la enfermedad y se extendió a las Ciencias Sociales. Zweig apuesta por el protagonismo del enfermo, su papel como “agente activo” en el proceso de curación, por una propuesta “en positivo” focalizada en la “voluntad de sanación”.

Creo reconocer en su escrito algunos mimbres del modelo salugénico que empieza a hacerse visible y completar al modelo médico hegemónico. Un modelo postulado desde 1947 por la OMS y que necesita apuntalarse aún más. Zweig nos proporciona un argumento más, en este caso desde el universo literario, en pro de un enfoque más orientado al bienestar.

 ¿Qué te parece la propuesta de Zweig?

 

 

 

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