Inteligencia emocional

Mi pequeño homenaje

ingenieroa humanosticaCasualidades de la vida, me encontraba yo en Madrid, a punto de iniciar una sesión de trabajo, cuando me llega un mensaje al móvil: “Mi Aita ha muerto”.

Sentimientos difíciles de explicar, entre pena y sorpresa, perplejidad e incredulidad, como en muchas ocasiones ocurre cuando te comunican una noticia de este calibre, esa que no esperas, que tal vez por lejana, ni siquiera te planteas.

Casualidad también, que me encuentro en plena inmersión del libro “Ingeniería Humanística”, que junto a su hijo, mi querido amigo Tomas, escribió hace muchos años ya pero que curiosamente, aún me sigue pareciendo de total actualidad en muchas de las cosas que dice y muy acertado en algunos de sus vaticinios.

No lo conocí personalmente, sólo a través de su obra humana y profesional y la verdad es que siempre me ha parecido que tenía que ser una persona muy interesante, muy humana, con carácter, pero muy cercana y con ideas próximas a muchos de los postulados que llevo media vida intentando comunicar en mi trabajo. Solamente el título de su libro ya os puede dar una idea de por dónde iba su manera de ver las empresas.

Me caía bien, tal vez porque quiero mucho a su hijo, mi amigo o tal vez porque en la distancia empezaba a constatar que también con él tenía muchas cosas en común. Una pena no haberlas podido compartir; siempre me he imaginado una sobremesa entre Javier, Tomas y yo, como algo muy enriquecedor, lleno de anécdotas didácticas y con mucha “miga”. Lo habría disfrutado.

Todo esto para expresar mi respeto y mi homenaje a Javier Elorriaga, una persona que quiso transformar el mundo, que siempre quería aprender más y que era el padre de un gran amigo, que se merece todo mi cariño y apoyo.

Agur Jauna

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