Inteligencia emocional

La inteligencia emocional: en busca de sentido.

untitledTengo un hijo que el año que viene irá a la universidad. En la nebulosa que supone la elección de una carrera con 17 años, parece que lo que más claro ve ahora es elegir Psicología. Mientras se consume el tiempo de la toma de decisiones he dejado en un estante de su habitación una selección de libros de psicología con la peregrina idea de que puedan inspirarle. Uno de ellos era “El hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl.

El sentido, decía Frankl, resultó ser el factor de supervivencia en los campos de exterminio nazis. El sentido da coherencia a nuestros actos y a nuestros pensamientos. Esto quiere decir que hace falta un objetivo, una meta que permita organizar nuestros actos en torno de ella. Cuando no tenemos sueños, ilusiones o metas no solo nuestros pasos son erráticos, sino que a menudo el sabor de la vida se desdibuja y nos adentramos en la zona de grises de la existencia.

El uso de la inteligencia emocional, la aplicación de la misma me parece que plantea un problema semejante. No hace mucho en este mismo foro Roge Fernández planteaba algo que me chocó, el trascender la inteligencia emocional. Fue una lectura que me agitó. En realidad el contenido del artículo podría suscribirlo al 80% pero fue el título lo que me sacudió. Me molestó la idea de dejar atrás la inteligencia emocional para seguir inventando nuevos conceptos en una especie de carrera por estar a la última.

Esto me llevó a otra reflexión sobre cómo vivo a mi alrededor el trabajo en inteligencia emocional. Por una parte están los que quieren saber pero solo se quedan en lo teórico tal vez pensando que haya una trasferencia directa al conocimiento práctico. Por otra parte están los que solo hacen negocio sabiendo que la utilidad de sus conferencias o cursos están completamente limitadas para generar cambios reales. Luego están los que creen que encontrarán sentido siendo inteligentes emocionalmente, los eternos hambrientos de respuestas que solo habitan en ellos. También observo a los que intentan transformar (sus) organizaciones con la varita mágica de la inteligencia emocional ignorando que no se trata de contar con una buena bolsa de polvos mágicos, sino de procesos complejos en los que la implicación resulta imprescindible. Es decir, observo que la moda por lo emocional muchas veces carece del sentido necesario para que pueda ser eficaz.

Y aquí llego a otro punto polémico que tiene que ver con la Psicología. Muchas personas que trabajan inteligencia emocional no tienen los suficientes conocimientos de Psicología para dar coherencia o sentido a lo que hacen. Hoy en día sufrimos de apasionamientos por las técnicas en vez de por el rigor científico que hacen que tengan sentido. Yo soy más de risoterapia que de constelaciones o de mindfulness, dicen algunos. Como si la cuestión se pudiera equiparar con las competiciones deportivas. Es fundamental que usemos las técnicas como recursos para el cambio que deben elegirse en función del estudio de caso del individuo o de la organización sobre la que vayamos a intervenir. Esto lo oigo demasiado poco. Es evidente que todas las metodologías y todas las técnicas son útiles pero de ahí no podemos deducir que lo sean para todas las personas en todas las circunstancias. Hace falta un análisis más personalizado en el que aplicar lo que mejor resultado haya dado desde la revisión de la bibliografía científica.

Yo a mi hijo le he recomendado elegir con sentido y creo que en la aplicación de la inteligencia emocional nos hace falta recuperar esa mirada del sentido. Y es que el objetivo final somos las personas.

Un pensamiento sobre “La inteligencia emocional: en busca de sentido.

  1. Olaia Agirre

    Me parece indispensable conocer el propósito, el para qué, la razón de ser del viaje que se inicia con cualquier primer paso que introduce un cambio, y volver al mismo a lo largo del camino. Porque cuando iniciamos un recorrido de cambio, este propósito que en un primer momento lo veíamos más claro, tiende a esconderse cual riachuelo que entierra sus aguas bajo la tierra para volver a emerger más adelante, cuando en medio de las emociones, comportamientos, procesos,… que se deciden cambiar “descoloca nuestra realidad”. En esos momentos de caos (más o menos controlado, más o menos positivo), volver al para qué es lo que nos permite seguir avanzando. Por otro lado, y precisamente para hacer posible ese para qué, con sentido para las personas, es donde contamos con los medios (que no fin) como son la inteligencia emocional, el mindfulness, las intervenciones sistémica,… Múltiples medios que suman para lograr sentido y desarrollo para las personas. Pues como bien dices, las personas son siempre el objetivo final.

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