Inteligencia emocional

¿Tenemos ya nuevos paradigmas?

Todo está cambiando muy rápido, el mercado de trabajo y la complejidad de nuestro entorno exigen competencias nuevas. Aprender a focalizar nuestra atención, mejorar los sistemas de búsqueda de la información al tener un acceso casi ilimitado a la misma, y ser capaces de gestionar nuestras emociones aparecen en las listas de las demandas de los nuevos profesionales y ciudadanos.

La interculturalidad, sentirse cómodo en la diversidad, trabajar en equipo, en red, van a resultar decisivos para todos nosotros. Aprender a tomar decisiones, como explica muy bien Pablo en la entrada anterior : la inteligencia emocional en busca de sentido.

paradigma

Durante los últimos años el desarrollo de las habilidades sociales, interpersonales e intrapersonales han supuesto una parte muy importante del tiempo de formación en las empresas, no siempre con resultados adecuados, ya que en muchas ocasiones sólo se centraban en la asertividad o la empatía, sin tener en cuenta un modelo integrador que sirva de referencia para el desarrollo integral, el de la persona completa.

El no tener mecanismos de comparación para comprobar los logros de aquellas personas formadas en competencias socioemocionales y las que no habían sido formadas, la falta de acompañamiento y revisión al cabo de un tiempo, y por que no decirlo, también las malas prácticas nos han dejado un poso de escepticismo.

Hay una gran brecha entre los descubrimientos en neurología, funcionamiento del cerebro, inteligencia emocional y la divulgación de los mismos más allá de los ámbitos académicos.

Hay que remontarse a Howard Gardner y su Módelo de Inteligencias Múltiples en 1983 que ha tenido mucho más desarrollo en el ámbito de la educación y apenas aplicación en empresas y organizaciones. Gardner ya establecía una clasificación entre inteligencia Inter e intrapersonal y el mismo afirma que el éxito de su modelo fue no hablar de talentos sino de inteligencias, retando así a una sociedad que usaba el coeficiente de inteligencia casi como único indicador.

Aunque no fue el primero, Daniel Goleman, llegó en el momento oportuno con su libro “Inteligencia Emocional” y desde entonces el concepto se ha hecho popular. El término no encuentra el consenso adecuado, y actualmente se habla más de competencias socioemocionales.

Más allá de las controversias, parece que ha llegado el momento de dar la importancia que merece a la persona dentro de la organizaciones y entender la importancia de formarnos para percibir, identificar, regular y gestionar nuestras emociones.

Los numerosos estudios y trabajos de neurólogos y otros científicos sobre la sutil frontera entre razón y emoción, entre conocimiento intuitivo y racional, junto con los descubrimientos relacionados con la plasticidad del cerebro, aunque incipientes, muestran un mensaje optimista que parece haber coincidido con un momento en que la sociedad demanda mayores dosis de colaboración, creatividad e incluso de “ felicidad”.

Primatólogos, psicólogos, educadores formulan nuevas teorías y modelos.

Hay muchas formas de mirar el mundo que nos rodea, me gusta cuando Pablo Herreros nos habla de la colaboración, altruismo, solidaridad, generosidad, tomando como ejemplo el comportamiento de los bonobos y primates en www.somosprimates.com) sus nuevos modelos encuentran aplicación en las empresas, la política o en la educación.

Estamos por tanto en una era en la que los paradigmas anteriores no nos sirven ¿tenemos ya nuevos paradigmas? ¿influyen estos en las relaciones profesionales? ¿disponemos de las herramientas para responder a estos cambios? ¿estamos listos para el cambio?

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