Inteligencia emocional

Multiculturalidad, el valor de la diferencia

equipo flick, foto de Scott Schiller

Foto de Scott Schiller

Este post tiene que ver con la idea de la multiculturalidad sobre la que habla Zygmunt Bauman en su libro La cultura en el mundo de la modernidad líquida.

Bauman siempre me resulta inspirador. Quiero tomar sus ideas, dirigidas en este libro más al ámbito político y social, y trasladarlas al ámbito social de las conversaciones en las organizaciones, donde a menudo hay muchas ideas, pero no se si somos tan conscientes de las diferencias y de su valor.

Cuando hablamos de opiniones, Bauman cree que cada propuesta u opinión nueva que se agrege a la variedad debería ser bienvenida para disminuir el riesgo de que pasemos por alto una oportunidad. Es necesario no dar por sentado que el valor de una idea depende de quién la haya formulado y sobre la base de qué experiencia, o que somos los únicos capaces de encontrar las mejores soluciones.

Ello no implica la obligación de aceptar todas las propuestas como igualmente válidas y dignas de ser elegidas, ya que siempre habrá unas mejores que otras, sino que simplemente admitamos nuestra disposición a no dar opiniones absolutas o emitir sentencias definitivas.

Sólo es posible establecer el auténtico valor y la utilidad de las propuestas en pugna mediante un diálogo múltiple, en el cuál se admitan todas las voces, y en el cuál todas las comparaciones y yuxtaposiciones posibles se hagan de buena fé y con buenas intenciones.

Este proceso político, expresado en un diálogo múltiple entre interlocutores iguales y con miras a una posición acordada y compartida en el largo plazo, sería una pérdida de tiempo si quienes condujeran el debate debieran suponer de antemano y a su parecer de forma irrevocable, la superioridad de una posición sobre las demás.

El proceso también se estancaría si se basara en la interpretación alternativa de la diferencia cultural, es decir, si los participantes dieran por sentado (como lo hacen los entusiastas del “multiculturalismo”) que toda diferencia existente merece sobrevivir y florecer por la simple razón de su diferencia.

La piedra de toque de una humanidad verdaderamente universal es su capacidad de aceptar la pluralidad y convertirla en una fuerza beneficiosa que permita, estimule y mantenga un debate continuo en pos de una concepción común del bienestar.

Cada uno de nosotros tenemos la posibilidad y la responsabilidad de hacer algo para mejorar la coexistencia humana en nuestra organización, en nuestro entorno personal y en la sociedad.

Incrementar las oportunidades de vida y maximizar la libertad humana, es el reto.

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