Inteligencia emocional

Aprendiendo a lograr un sano reconocimiento

Por Olaia Agirre

¡Basta ya! ¡Hasta aquí hemos llegado! 

¿Has sentido alguna vez la impotencia, la rabia y esa sensación de que no te queda ni una gota de sangre ni paciencia en alguna situación?

¿Y qué más?

Me encuentro con muchas personas que se han visto enredados en situaciones en los que se les pedía más y más, en los que se crean una serie de obligaciones y servidumbres que les llevan a sentirse agotados emocionalmente (y físicamente), con resentimiento, sintiendo ¿y qué más?, pero al mismo tiempo sintiéndose que “no son suficientes” porque a pesar de dar y dar, parece que no es suficiente.

Son relaciones tóxicas en las que se ha perdido la paridad, el equilibrio en la relación. No hablo de situaciones extremas (con patologías de por medio), sino de relaciones en los que la cosa ha ido derivando a “te doy la mano y me coges el brazo”.

Desde fuera podríamos ver la situación como víctima y “aprovechón”, pero tampoco creo que hay buenos y malos en estas historias, sino más bien me encuentro con problemas a la hora de fijar de una manera sana los límites personales, y ciertos grados de inconsciencia, y comodidad, y por qué no, egoismo, por parte de la otra persona. ¿A quién le amarga un dulce?

En este tipo de situaciones, normalmente una de las partes tiene una creencia inconsciente de que “siendo un niño bueno” , es decir, haciendo cosas por los demás, estando disponible para ellos, haciendo favores, diciendo más si que no,… le van a aceptar mejor. Va a ser merecedor de su cariño, de aceptación. Se siente valorado y reconocido por esa predisposición que tiene.

Pero es un juego que tiene un alto precio para la persona...

Porque al principio lo consigue, y le ven con muy buenos ojos, e incluso se lo reconocen. Pero a lo bueno todos nos acostumbramos, y resulta que lo empezamos a ver como algo normal y dejamos de reconocer el esfuerzo. 

Pero la otra persona sigue estando necesitada de aceptación y reconocimiento, y cuando le piden algo más, no quiere decir que no, aunque es lo que en realidad querría decir, y accede. Y poco a poco, se encuentra con que su entorno espera de él una serie de comportamientos, se sienten con derecho a pedirlos, porque la experiencia les dice que “esa relación funciona así”, y además, está muy cómodo en esa posición. Pero ese y más y más, que es un juego en el que esa persona también participa (no hay buenos y malos), le empieza a generar resentimiento a causa de todos los no-es no dichos, de todo ese esfuerzo no reconocido,… y hace que cada vez se sienta más pequeño, más “no soy suficiente”.

Y un día, como consecuencia de ese resentimiento acumulado, esa persona explota. Se decide a decir NO, a pedir su espacio, a cambiar los límites que le habían arrinconado,… y crea un terromoto a su alrededor. ¿Pero qué le ha pasado a éste? ¿Qué mosca le ha picado?

Hay que entender que en esa situación que se ha creado, el entorno estaba muy cómodo, y la verdad, no se habían parado a pensar que esa relación no funcionara bien. ¡Pero si nos llevábamos muy bien!!!

Y hablan, y se entienden (aunque sea un poco), y deciden cambiar algunos comportamientos, algunas reglas de juego,… pero como todo cambio, genera incomodidad, y los hábitos adquiridos (y los beneficios que ello suponía para una de las partes) tienden a querer restablecer la situación como estaba. Consciente o inconscientemente… los hábitos son difíciles de cambiar.

Una reafirmación de una sana autoestima, sabiendo lo que estamos dispuestos a admitir y qué no, de comunicarlo de manera positiva, y sobre todo, actuando de manera coherente, sin bajar la guardia, es la única salida a esa situación.

respetándote a ti mismo inspiras a los demás para que te respeten - Dovstoyesky - Consorcio Inteligencia Emocional

Porque si lo consigue, al final, se da cuenta que cuando consigue ponerse en su sitio, empieza a recibir la aceptación y el reconocimiento que estaba buscando, pero no ya ahora por ser “el niño bueno que me hacía favores”, sino porque es una persona que muestra fortaleza de carácter (que no agresividad), y sabe defender sus intereses, a la par que respetar la de los demás.

¿Te has encontrado con este tipo de situaciones?

 ¿Cómo los has superado?

7 pensamientos sobre “Aprendiendo a lograr un sano reconocimiento

  1. iñaki Nabar

    Zorionak, Olaia. Zure artikuloa zehatza bezain sakona da. Bat nator Dostoyevskik esaten duenarekin: Geuk geure burua errespetatzen ez badugu,….

    Bestalde, ondo ondo lotu duzuz gure sinismenak, egoera toxikoak, gure ingurokoengan sortzen dituzten sentimenduak eta honek guztiak dakartzan ondorioak.

    Bikain, Olaia

    Ondo izan eta segi horrela
    Iñaki

    1. Olaia Agirre Autor del artículo

      Mila esker Iñaki. Nahiz eta badakigun gugandik hasi behar duela errespetua, praktikan besteen esku jarri ohi dugu eta hor datoz arazoak… Besteak bai, baina guk ere hanka non sartzen dugun eta nola alda dezakegun gure portaera eta ondorioz, besteen portaeraz ohartu behar gugu.

      Besarkada bat,

      Olaia

  2. Arantza Echaniz Barrondo

    Muy interesante Olaia! A mí me suele gustar decir que “nadie da lo que no tiene”… Si no te respetas y no te quieres, cómo lo vas a hacer con los demás…

  3. Pingback: Aprendiendo a lograr un sano reconocimiento (blog eitb inteligencia emocional) - OAZ Coaching para el cambio

  4. isabel

    Yo en ocasiones he sido niña buena pero empezandome a querer he ido cambiando con los años. Es un camino lento pero necesario. La culpa no es solo del que pido sino tambien del que da
    nadie se te sube a la chepa si tu no te agachas.
    La dirección de mi web habla de decoración y de crecimiento personal de como quererse.

    1. Olaia Agirre Autor del artículo

      Lo importante es que nos demos cuenta y seamos lo suficientemente maduros para corregir nuestro comportamiento, llegando al punto donde defendemos nuestros propios intereses y autoestima a la par que respetamos las del otro. Un saludo!

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