Inteligencia emocional

Las vacaciones como aprendizaje emocional

En esta ocasión, traigo a este blog conceptos aparentemente antagónicos; el riesgo y la incertidumbre por un lado y las vacaciones por otro.

Hoy 30 de septiembre, hace justo un mes que se acabaron mis vacaciones de verano, y las de otra mucha gente, supongo.

Coincidiremos en que, por lo general, las vacaciones son períodos de relax, buscamos descansar y desconectar. En general, no queremos vacaciones para estresarnos.

Sin embargo, existen formatos vacacionales aventureros, más de acción, que representan un período de oportunidad. Oportunidad de profundizar en el autoconocimiento, de ampliar el conocimiento tanto de las personas con las que se comparten, como de otras personas y otras culturas de los lugares que visitamos.

También son una oportunidad para el aprendizaje y desarrollo de habilidades y competencias al afrontar situaciones de riesgo e incertidumbre.

En nuestro caso (mío y de las personas que me acompañaban), nuestras vacaciones fueron una combinación de turismo, recorrido por la ruta de los pueblos más bonitos de Alsacia y de una actividad de cierto riesgo porque éramos totalmente novatos, Navegar, manejando nosotros mismos el barco por los ríos y canales entre Alsacia y Lorena.

Tras unas breves instrucciones (en francés) afrontamos la navegación durante seis días. Sabíamos que tendríamos que atravesar 43 esclusas, (de ida y vuelta) pero no teníamos ni idea de cómo se afronta esta tarea. Y este hecho ya generaba cierta ansiedad y dudas.

En el primer tramo pudimos navegar durante tres horas, ¡sin esclusas!, que nos dio la oportunidad de tomar contacto y acostumbrarnos al manejo del barco. ¡Eso creíamos!, porque nadie nos había enseñado a entrar y manejar el barco en las esclusas, y cuando nos vimos frente a la esclusa de Rechicourt le Chateau famosa por sus 16 m. de desnivel, y primera que afrontábamos, comenzaron las dudas, las incertidumbres,

¿Cómo afrontar una situación de incertidumbre, de riesgo? ¿Cómo gestionar las emociones presentes como ansiedad, miedo, inseguridad, desconfianza?

Diferentes personas lo harán cada una a su manera, como así ocurrió entre quienes allí estábamos. Hubo quien afrontó esa dificultad a la que nos enfrentábamos con ansiedad, nerviosismo, con miedo a que algo ocurriera.

Otras, afrontamos el reto con la confianza y seguridad de que éramos capaces, con actitud positiva.

Siendo conscientes de nuestras capacidades, de nuestras fortalezas y de nuestras limitaciones. Es decir, autoconocimiento y conciencia del momento, que son habilidades de la conciencia emocional.

Suelo comentar que me encanta esa frase de “vamos a ver”. Vamos, que representa ir hacia, la acción, y a ven, apertura hacia lo que pase, preparados para la sorpresa, Tuvimos que ir aprendiendo sobre la marcha en un proceso de “ensayo-error”.

¿Cómo gestionar ese miedo hacia lo que no se conoce y no se controla?

La respuesta es sencilla, con disposición y pasando a la acción, haciendo y manteniendo la atención en lo que hay que hacer como estrategia de regulación emocional, y a cada paso que damos y avanzamos, vamos viendo que somos capaces, aumentando la autoestima, la autoconfianza y la seguridad. Que forman parte de la autonomía emocional.

Hay personas que necesitan seguridad, certidumbre, tener controlado todo,

Soy de la opinión de que en la vida no se puede controlar todo lo que nos ocurre, de continuo se presentan variables inesperadas que se escapan a nuestro control, cuestión que requiere activar la resiliencia, como capacidad de afrontar de manera adecuada las situaciones de incertidumbre.

Si ante la entrada de una esclusa, (sirva como metáfora de cualquier situación de riesgo a la que nos enfrentamos en la vida), no fuéramos capaces de gestionar nuestros miedos, nuestras dudas, no hubiéramos sido capaces de hacerlo de manera correcta.

Al afrontar un reto, una aventura, con autonomía emocional, podemos hacerlo con humor, con actitud positiva y jugar con la incertidumbre. La autoconfianza, autoestima, el optimismo nos procura seguridad y capacidad de superación, hace posible desarrollar fortalezas y habilidades que no sabemos que poseemos. La confianza y seguridad, minimiza la posibilidad o el impacto de los errores.

Recuerdo a Shackleton (La brújula de Shackleton) y su infinita perseverancia, su firmeza, la determinación para redefinir objetivos, no dejarse abrumar por las dificultades y seguir adelante, una actitud consciente y deliberada para luchar contra los acontecimientos adversos.

Las habilidades de afrontamiento, de manera relajada, con atención plena, nos ofrecen una gran oportunidad de comunicación relajada, de conversación pausada, y por tanto, de escucha y de aprendizaje.

Y hablando de aprender, el mayor aprendizaje de estas vacaciones ha sido apreciar, aceptar y respetar las emociones de los demás. Comprender que tienen sus propios motivos para su comportamiento. Es decir, poner en práctica los fundamentos de la empatía, que forma parte de la competencia interpersonal, conciencia social.

Vacaciones de este tipo nos ofrecen grandes experiencias emocionales.

Y tú ¿cómo afrontas tus vacaciones?

 

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