Inteligencia emocional

Sin emoción no hay innovación social

Recojo el testigo que hace algunas semanas dejaba en este blog Roge al sondear sobre “¿Qué les parece la idea de la emocionalidad como innovación social?”

Comparto su tesis: yo también creo que emoción e innovación social mantienen una relación íntima, cómplice. Emocionalidad como motor de la transformación, como energía de la innovación. No me creo procesos de innovación social “alexitímicos”. Sin alma. Uno de los personajes de Pixar en “Del revés” lo decía alto y claro: de las emociones no podemos dimitir. Tampoco en los procesos de innovación social.

En ausencia de una definición comúnmente aceptada de este concepto, recurro a la “Guide to Social Innovation” –DG Regional and Urban Policy and DG Employment, Social Affairs and Inclusion (2013)-. “Se trata del desarrollo e implementación de nuevas ideas (productos, servicios y modelos) para satisfacer las necesidades sociales, crear nuevas relaciones sociales y ofrecer mejores resultados. Sirve de respuesta a las demandas sociales que afectan al proceso de interacción social, dirigiéndose a mejorar el bienestar humano. Innovaciones sociales son aquellas que no sólo son buenas para la sociedad sino que mejoran la capacidad de actuación de las personas. Se basan en la creatividad de los ciudadanos, las organizaciones de la sociedad civil, las comunidades locales o las empresas.”

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Lo social forma parte del proceso, del cómo, y del por qué de los objetivos sociales y de la sociedad que se desea alcanzar. En definitiva, se trata de poner a la humanidad en el centro del ring. Es, una tarea compartida, en cooperación, donde todas/os podemos contribuir. Nada más lejos de la exclusividad experta.

Vayamos al otro concepto: por emocionalidad nos referimos a un/a “pensador/a con un corazón” (“a thinker with a heart”) que percibe y expresa, asimila, comprende y maneja/regula sus/las emociones. Mayer y Salovey (1997: 10)

Recurro al modelo de competencias emocionales que solemos tomar como referencia en el Consorcio de Inteligencia Emocional y que describimos en “La emoción de la transformación”

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Llegados aquí, ¿Es posible hacer innovación social sin esas competencias intra e interpersonales? ¿Es posible hacer innovación social sin la capacidad de advertir, comprender y entender los sentimientos, las necesidades y los problemas que las personas de nuestro entorno laboral tienen? Sinceramente, creo que NO.

¿Y cuál es el primer paso del proceso de innovación social? En mi opinión, uno que no aparece en las etapas de la innovación social. Quizá por obvio, quizá por tratarse de un prerrequisito. Creo que la primera tarea consiste en ocuparse de uno mismo. Tomar conciencia de uno mismo, conocer desde dónde opera.

Sin caer en la parálisis por análisis. Porque cambio personal y cambio social están íntima y recíprocamente vinculados. El segundo precisa del primero, pero sin cambiar el entorno el cambio personal es pasajero. Cambio personal, palanca de cambio social. Cambio social, abono para la transformación personal.

Somos el mundo. Entre todos estamos produciendo resultados que no nos gustan. Cambiemos para nanoinnovar: en una parte del mundo. Pequeña, pero importante.

 

 

2 pensamientos sobre “Sin emoción no hay innovación social

  1. Karitte

    Como he disfrutado leyendo este post, gracias Javi!
    Además, cuando la innovación social se impulsa desde un equipo de trabajo todo lo que apuntas es aún más evidente y complejo. Creo firmemente que destinar espacios y tiempos para trabajar/entrenar estos aspectos dentro de las organizaciones es crítico para el futuro de las mismas. Porque todas las empresas y organizaciones debieran, por responsabilidad social, ocuparse del bienestar de todos sus grupos de interés.

  2. Sergio

    Muy bueno Javi. Sobre todo me gusta tu aportación de que no hay innovación posible en lo exterior si no atendemos a la innovación en lo interior. No hay innovación en lo colectivo sin innovación en lo individual, uno tira del otro y el otro tira de la uno. Gracias.

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