Inteligencia emocional

El miedo y la despersonalización

mundo04No hay como asustar a alguien para tenerle bajo control, el miedo paraliza, nos pone a disposición de la amenaza, y nos coagula la sangre. Hace unos días leía una noticia que recogía los resultados de un estudio publicado en la British Journal of Medicine, sobre cómo efectivamente la sangre se “hiela”, más concretamente aumenta su factor de coagulación, en previsión de un daño potencial y un posible derramamiento de sangre. Ante el miedo, el propio cuerpo se contrae, y la mente también. Provocar miedo es el arma más poderosa para someter a otros, para frenarles y contraerles, y evitar que asuman riesgos. Si temen no se aventurarán a desafiar su marco de referencia, a cuestionarse sus capacidades ni a medirlas en función de la amenaza, y sobre todo, quedarán inoculados con la idea de que esa quietud es por su bien.

Somos seres vulnerables con aspiración de no serlo, para ello construimos corazas, muros, imágenes inquebrantables de nosotros mismos, capaces de afrontar cualquier vendaval manteniendo el mando, construimos teorías, enarbolamos discursos con palabras grandilocuentes que tratan de alzarnos por encima del hombro, colocándonos en un más-menos con respecto al mundo, mientras que por dentro la fragilidad es tal que ni podemos hablar de ella, ni siquiera mentar su nombre. Y de estos  se sirven quienes de uno u otro modo pretenden manipular o someter a otros a través del ejercicio del poder.

5803093wSabemos que la inteligencia no es una capacidad con una asociación necesariamente directa con la moral, sino que las éticas se construyen en función de los intereses de un colectivo, y a veces de un individuo. Los lectores y las lectoras más avezados y avezadas en filosofía podrán aportar sus matices a este planteamiento, pero cuando echamos la vista atrás en nuestra historia, personas con gran capacidad para dar forma y construir estados, exitosos militares o estadistas destacados, a menudo han hecho gala de unos rasgos de sociopatía y psicopatía destacables. Incluso hoy en día las mayores injusticias sociales están amparadas por políticas aparentemente estratégicas, convenientes, detenidamente pensadas. Cuando hablamos de inteligencia emocional hablamos de la gestión de las emociones al servicio de nuestros intereses, y al mismo tiempo, tenemos la posibilidad de utilizar todo nuestro conocimiento en direcciones muy diferentes. Por supuesto hablo de la manipulación emocional, consciente y dirigida a un fin, pero carente de preocupación por las personas.

Como decíamos, el miedo es una de las emociones fácilmente evocadas en nosotros, con efectos de congelación pero hay otro gran mecanismo que se convierte en una autopista para la opresión e incluso la anulación de los otros: la despersonalización. La diferencia entre personas en cuanto a su raza, género, religión, y otras tantas características identitarias crean rápidamente categorías en nuestra cabeza, a menudo organizadas en dos polos que se excluyen entre sí. Nos es fácil identificar si una persona pertenece a uno u otro grupo y actuar en consecuencia. Establecemos una dualidad entre nosotros y ellos de una manera asombrosamente fácil, incluso en lo cotidiano. Por ejemplo, entre los que están dentro y fuera del metro. Si estamos dentro y no nos dejan salir, nos asociamos soto voce con quien se muestra también molesto por ello, e incluso tras llegar al andén se cruzan comentarios de tipo. Curiosamente algo similar podría ocurrir entre los pasajeros que van en sentido contrario al interior del vagón. En ese simple acto, han pasado dos cosas importantes que facilitan el enfrentamiento. Una, la polarización de los intereses (yo quiero entrar/salir y ellos me lo impiden), y otra la despersonalización mutua, convirtiendo a los otros en una masa de carne que atravesar sin demasiada consideración, porque se desestima cualquier circunstancia personal. Curiosamente también, esta inercia nos coloca en una posición temerosa ante la agresión potencial, y lejos de la congelación inicial como única reacción posible, la propensión, de nuevo al conflicto.

Como decía una de las frases más famosas de la película Dune, de David Lynch, “El miedo mata la mente”, y la deja a merced de quien considere utilizarla.

Un pensamiento sobre “El miedo y la despersonalización

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