Inteligencia emocional

Queridos amigos y amigas

Una de las cosas de las que me he dado cuenta este año (tarde ¿verdad?) es que nos puede suceder cualquiera de esas cosas de las que se habla sobre la vida: que dos personas se separen después de muchos años de amistad; que una relación de  años se termine sin mediar prácticamente palabra, solo por una charla mal llevada; que te traicionen o que traiciones; que  haya personas que no te respondan cuando lo necesites, que no respondas al amigo que lo necesita; que tus padres no sean lo que tú esperabas,  que no seas tú el hijo que ellos querían; que entre tu círculo más cercano haya sin vergüenzas, bandidos y piratas o que tú seas considerado como tal por tus amigos o cercanos; que tengas dinero y que no lo tengas; que dejes dinero y no te lo devuelvan o que no devuelvas el dinero que te han prestado; que te falle tu familia, que tú les falles o que protagonices la parábola del hijo pródigo; que todos los para siempre, jamás, toda la vida, nunca y significados por el estilo caigan uno tras otro…  en definitiva, queridos  amigos, que todo es posible en esta vida y los años cumplidos no te eximen de esta realidad.

Conforme  escribo esto, me parece hasta un poco pueril afirmar lo que he dicho por, quizás, su evidencia, pero lo que no me había pasado hasta ahora es sentirlo tan profundamente, vivirlo, experimentarlo casi físicamente y saber que, además, todo esto lo debemos vivir solos, lo debo vivir solo que es como he decidido vivir la vida, o la vida ha decidido que viva, no sé cuál es la proposición correcta. Lo que sí se en este momento vital es que cada vez me acerco más a la soledad vital en la que moriré, en la que moriremos casi todos, sin prisa, sin ganas, pero que llegará. Quizás, como decía Faciolince citando creo recordar a Borges, “empiezo a ser el olvido que seremos”.  Nunca había sentido tan dentro esto que os cuento, el que todo puede pasar, en que la vida es esto, un cúmulo de circunstancias variables, que no nos vamos a salvar de casi ninguna de ellas y que cada una nos irá acercando más a la soledad final, a la soledad del último viaje. Además, lo he visto en mi casa, en las carnes de mis padres y ahora en mis hermanos y a los cuatro les he visto llevar esta verdad con una estoicidad que siempre me sorprendió y que yo no estoy seguro de poder conseguir.

Me imagino que cuando leáis esto pensaréis que mi parte “andaluza”, melodramática y exagerada ya está saliendo, y seguro que tienes razón. También debo reconocer, y lo he hecho hace tiempo, que tengo una parte de emoticono de la gitana, que me crié con las coplas que le gustaban a una madre asturiana, anarquista y afrancesada por su estancia en el exilio de la Guerra Civil y por nacer hija del siglo XIX, aunque naciese a principios del XX. Sí… soy exagerado, depresivo, mayor y… no se me ocurre qué más poner “para quedar bien”, sabiendo que todo lo que pusiera iba a resultar insuficiente.

La vida es demasiado compleja amigas mías, pero he decidido vivirla, o seguir viviéndola que con mis 53 años parece que he llegado a ella anteayer. Sin embargo, he insisto, me ha sorprendido que no haya forma de vacunarte contra esas cosas que oíamos de chicos y que pensábamos, o por lo menos yo lo pensaba, que no iba a caer en ellas, que no me iban a pasar quizás por creerme más listo que nadie, pero quizás también, simplemente, porque estaba convencido que no iba a ser recurrente  en las mismas cuestiones vitales que acompañan al ser humano. La falta de empatía, no escuchar a los demás, dejar de lado a un amigo, estar colgado de los problemas de la familia pero sobre todo perder la capacidad de hablar con las personas, de decir lo que pienso, de pelear como un jabato por una amistad… y no lo he hecho… no tengo ya fuerzas para hacer muchas cosas queridos amigas… no las tengo…

Así que con estas me veis, me veo. Con una visón nueva de la vida, más descarnada de lo que había tenido hasta ahora, con unas ganas de vivir como no había sentido hacía tiempo, siendo consciente de que soy un solitario después de haber pensado toda la vida que era un “hombre casado” (o permanentemente a la espera de ello, vamos!!), con una salud frágil y sin algunos amigos que pensaba que iban a ser eternos

Parece que estoy desanimado verdad??? Pues curiosamente estoy como si empezase a vivir de nuevo, con ganas de comerme la vida a bocados, cada instante, con ganas de vivir con lo malo pero también con lo bueno que me da que son casi lo mismo, sin seguridad, con valentía… curioso ¿verdad?

Con todo mi cariño,

Rogelio

3 pensamientos sobre “Queridos amigos y amigas

  1. Manuel Aresti

    ¡Estás hecho un chaval! Y no te veo yo con la necesidad de esa soledad que mencionas. Eres amable, dicharachero, inteligente, te rodeas de buenas personas, sabes escuchar, tus entrevistas son fabulosas… En cambio yo, necesito espacio vital, me encantan los espacios abiertos, doy demasiada importancia a la mímica, a la indidualidad, a la controversia y a la polémica. Cada día estoy más a gusto conmigo mismo, y eso lo consigo tratando de ser honorable y consecuente, intento ser responsable, pero…
    Me encantaría poderme coger un autobús a Donosti y visitar el Museo Naval, comer allá con un amigo, charlar un ratito y volver a casa. ¿Qué te parece? Un abrazo desde Algorta.

    1. Consorcio CIE

      Manuel… eres un grande. Te doy las gracias por tus palabras y te emplazo a que algún día nos tomemos ese pote o quizás comer juntos.. sea lo que sea muchas gracias!!!!!

  2. Karitte

    Pues te entiendo, y creo que nos ha pasado a todos. Es importante perdonarse y por supuesto mirar para adelante. Y tú lo has hecho, ¡¡te has vuelto a levantar!!

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