Inteligencia emocional

¡S.O.S.! ¿Por qué nos cuesta pedir ayuda?

Durante estos últimos dos viernes, junto a Iñaki Perez, hemos tenido el placer de facilitar dos talleres de networking en Innobasque, dentro del marco de las Jornadas TEC organizadas por el Consorcio de Inteligencia Emocional. Fueron dos espacios de trabajo muy enriquecedores, de mucho aprendizaje, gracias al conocimiento compartido por todos los participantes.
Durante el transcurso de las jornadas IMG_20160313_224928_884pedimos que establecieran conexiones entre ellos, y es en ese momento cuando emergió el tema para este post… ¿por qué nos cuesta pedir ayuda? Durante la dinámica surgían enlaces que ofrecían colaboración y otros que invitaban a crear sinergias y nuevos proyectos… pero a la hora de pedir ayuda, tuvimos que recordar que no había muchos de ese tipo.
Fue un suceso puntual y que, curiosamente, también surgió en la siguiente sesión. Pero esta vez como parte de la reflexión personal de alguno de los participantes: “Me cuesta pedir ayuda…” , “Tengo que aprender a…”

Pero no es necesario estar en un espacio como este, donde no todo el mundo se conoce entre sí, para que estas trabas aparezcan. En nuestro entorno más íntimo, en el laboral, en el día a día, ¿cuántas veces nos hemos topado con estas situaciones?

Pero, ¿cuáles son esas trabas, esos bloqueos que nos impiden pedir ayuda?
¿La vergüenza? ¿No sentirse a la altura de los demás?
¿El miedo? ¿No atreverse a recibir un no por respuesta? ¿A sentirse rechazado?
¿El orgullo? ¿No querer reconocer que hay algo que no podemos hacer, que no somos infalibles?

Al final de cuentas, pedir ayuda implica reconocer (frente a uno mismo y los demás) que somos vulnerables, que en algún momento necesitamos de otros para seguir avanzando.

Entiendo que no es fácil, por lo menos para mí, pero también con el paso del tiempo, voy descubriendo, y aprendiendo, que lanzar en algún momento ese S.O.S. al mundo te abre un abanico de posibilidades, porque…

  • Pedir ayuda es permitir equivocarse, fallar y quitarse el peso de una mochila pesada, la del “yo solita” (como dicen a veces los niños).
  • Pedir ayuda es superar el miedo al rechazo y descubrir la amabilidad y generosidad de quien se brinda
  • Pedir ayuda nos abre las puertas para descubrir al otro y descubrirnos.
  • Pedir ayuda es sentirse y reconocerse vulnerable, pero también es reconocer al otro, empoderarlo.

Al final de cuentas somos seres imperfectos y es esa imperfección lo que nos invita a conectarnos, complementarnos, a crear, a crecer…

Y entonces, ¿qué tal si la próxima vez que pensemos en pedir ayuda, a ese S.O.S. le otorgamos otro significado adicional?… y que, llegado ese momento, lo transformemos también (y aquí me permito hacer un guiño a mis raíces) en un
SOS importante para mí y por eso te reconozco, te valoro y te necesito”.

¿Y tú que aprendizajes te llevas de estos momentos S.O.S?

5 pensamientos sobre “¡S.O.S.! ¿Por qué nos cuesta pedir ayuda?

  1. María Dolores

    En mi caso es porque cada vez que he pedido ayuda en mi entorno, no me la han dado, así que el yo sola,es mi discurso continuo

  2. Francisco Javier Bárez Cambronero

    Gracias por este buen post Adriana, en él has tocado algunos aspectos-conceptos-emociones de máxima trascendencia, la importancia de saber y poder pedir ayuda, de tal manera que en estos tiempos y contextos de crisis, muchas personas y familias que están sufriendo enormes dificultades, _ y de esto hay numerosos estudios sociológicos_no piden ayuda, no sólo a los servicios sociales, sino ni a sus propias redes sociales, familiares, amistades, etc, por vergüenza, miedo, orgullo, aumentando así su nivel de vulnerabilidad,
    Detrás de la falta de capacidad de pedir ayuda en cualquier contexto, se encuentra una inadecuada gestión emocional que tiene mucho que ver con la percepción de estatus y posición de poder social.

  3. Raul Rodriguez

    Hola Adriana!!
    Felicidades por el taller a ambos!!! Adriana e Iñaki
    ¡que difícil es pedir ayuda! y tanto… Me gustaría añadir otro aspecto que esta en como nos relacionamos con las personas que piden – necesitan ayuda y los juicios que tenemos de esas personas…
    Parece que solo nos queremos rodear de aquellas personas que nos pueden ofrecer algo en nuestro beneficio y alejarnos de los que no… ¿puede ser así?
    Esto nos puede situar en una posición de desequilibrio, yo doy pero no recibo o ¿si recibo?, entonces es un cambio de acciones.
    Peo si no es así,
    – Que jeta este que me viene a pedir algo…
    Quizas lo mas difícil sea el reconocer el “estado de necesidad” asociado al pedir ayuda, como bien reflexiona Fco Javier Bárez.

    Quizas atribuimos ese estado de necesidad el poder de pegarse a nosotros si nos acercamos demasiado…

    Ambas partes forman parte de la ecuación, ambas parte de la solución.

    un abrazo

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