Inteligencia emocional

Reconciliación: Análisis de la realidad desde la fuente de vida

Perdon_Teresa Calcuta

[Estamos a finales de año y es momento de recapitular y hacer los propósitos para el año que comienza. He elegido esta entrada que publiqué el 4 de mayo porque trata sobre un tema que es de gran actualidad y sobre el que debemos trabajar todos y cada uno para hacer de éste un mundo mejor]

Tengo la suerte de haber estado del 26 al 29 de abril en Loiola en una formación que se enmarca en un plan que dura cuatro años. El segundo día trabajamos el tema de la reconciliación con Elías López sj, consultor del Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) en el ámbito de la reconciliación. Le acompañaba Manu Arrue sj, responsable de Paz y Reconciliación de la Diócesis de Bilbao. Realizamos un trabajo colaborativo en el que vimos qué se aporta a los procesos de paz y reconciliación desde la espiritualidad ignaciana (espíritu ≡ aliento vital). Que nadie se asuste por el término… “La espiritualidad ignaciana intenta ayudar a vivir la vida de una forma integrada”, a la manera de Ignacio de Loiola.

Empezamos la mañana con el ejercicio de Mindfulness (atención plena) que aquí sintetizo:

El lugar… inmejorable, el jardín que está detrás de la Basílica de Loiola. En un corro hicimos unos ejercicios para trabajar la lateralidad y relajarnos. Después recibimos la invitación de cerrar los ojos y dejarnos llevar para trabajar la atención plena, realizando el siguiente recorrido:

Cada uno realiza tres inspiraciones profundas con la invitación de soltar, relajarse y sentir el cuerpo (las sensaciones que percibe).

Después cada uno respira a su ritmo llevando la atención a la respiración. Si llega una distracción practicamos las 2 R: no me Resisto; no Retengo (esta pauta se mantiene durante todo el ejercicio).

Empezamos a respirar diciendo mentalmente DENTRO al inspirar, FUERA al espirar. Así estamos un rato (de fondo siempre las 2 R).

Después llevamos la atención al silencio entre el DENTRO – FUERA y el silencio entre FUERA-DENTRO. Lo repetimos varias veces para luego llevar la atención al silencio que SOY.

Dirigimos nuestra atención al centro del silencio que SOY. Allí me encuentro una puerta. Me acerco, la miro y la abro. Me lleva a mi jardín interior. Me fijo atentamente cómo es mi jardín, qué veo, qué escucho… Me percato de que se oye el rumor de un riachuelo. Me acerco y lentamente lo remonto hasta llegar al origen. Ahí está la FUENTE QUE ME DA VIDA. Disfruto de la fuente, la observo, conecto con ella. Después de disfrutar esa conexión voy abandonando poco a poco mi jardín interior…

Es difícil describir lo sentido durante el ejercicio… Me faltan las palabras… Me sorprende mi jardín interior. Me siento muy a gusto en él. Percibo mucha fuerza, mucha energía. Según remonto el riachuelo veo rostros de personas, las personas de mi vida. Al llegar a mi fuente de vida no puedo reprimir el llanto. Me embarga la emoción…

Al acabar el ejercicio y volver a la sala, dejando atrás la naturaleza, hacemos nuestro primer registro del día (examen, que diremos más adelante):

¿Qué siento aquí y ahora? La sensación corporal es liviandad, me siento ligera; y el sentimiento es de gratitud.

¿A qué me mueve? Aparecen sin pensarlo tres verbos: amar, abrazar, sonreír

Ese simple registro es de una gran profundidad y ayuda. Doy un paso atrás (conecto con mi fuente de vida) para dar un paso adelante (a qué me mueve, desde la positividad). Para superar conflictos es fundamental hacer un análisis contemplativo de la realidad, un análisis desde la fuente de vida. [Esta es la vía para ganar en libertad interior, indiferencia, dirá Ignacio: da un paso atrás; respira; haz silencio; conecta con tu fuente de vida; entrega; agradece; da un paso adelante; transforma].

Una frase nos acompaña durante todo el día: “la inteligencia no está entre las orejas, sino entre narices”. La inteligencia es comunicativa, es fundamental incluir la voz del otro. A continuación reproduzco el mapa que construimos de forma colaborativa todas las personas asistentes después de responder a cuál es la primera palabra que relacionamos con reconciliación:

Reconciliacion_mapeo

El contexto desde el que hablamos es el de la violencia que existe a distintos niveles: personal, educativo, social, religioso, político, ecológico, generacional, de género, etc. Hay que constatar, además, que las redes de violencia son muy complejas.  “RE-CON-CILIAR ≡ Volver – juntar – llamada”. Ha habido una ruptura porque ha habido una injusticia que atenta contra la dignidad. Algo muy importante es discernir la reconciliación según tiempos, lugares y personas, para dar modo y orden (éste es un concepto muy ignaciano y se refiere al cómo y al cuándo; al procedimiento, la metodología, que debe de ser siempre personalizada y acompañada). En los procesos de reconciliación siempre hay que poner una silla vacía, hay que pensar en quién queda excluido. Hay que ‘interrumpir’ para que la narrativa no sea totalizante, sino abierta y dialogada. El espacio es fundamental. Hay una vieja máxima inglesa que dice “Where you stand, depends on where you sit”. Dónde tenemos puestos los pies determina; defendemos dependiendo de dónde estamos sentados. Elías nos contó un testimonio conmovedor. Doña Socorro, una mujer a la que conoció en Cúcuta (Colombia), era una desplazada interna del proceso de reconciliación. Ella quería justicia pero no confiaba en la humana. En el conflicto mataron a su marido, su hijo, su nieto, un hijo estaba encarcelado y otro hijo desaparecido desde 2006. Elle veía que a cambio de verdad se podía reducir la responsabilidad penal (así sucedió con el asesino de su hijo). Y decía algo como: “¿Quién soy yo para perdonar? ¿Acaso puedo perdonar un dolor tan grande? Lo pongo en las manos de Dios. Así se alivia algo el dolor y yo algo también perdono…”. Doña Socorro es el ejemplo de que la reconciliación es posible. Su hijo desaparecido apareció muerto. Le dio sepultura y ahora vuelve a sonreír…

Cuando nos encontramos ante un conflicto, que no es otra cosa que la percepción de una incompatibilidad (es relacional), podemos abordarlo desde tres perspectivas: 1) Resolución de conflictos (tienen solución); 2) Gestión de conflictos (podemos dominarlo a través de técnicas); y 3) transformación de conflictos (partimos de que nunca se resuelven del todo, pero suponen una oportunidad de crecimiento). La reconciliación es una forma de transformar conflictos. “Para no vivir alienado, alinéate”.

Reconciliacion_propuesta

La reconciliación es un proceso relacional colaborativo, en el que hace falta mucha creatividad; se necesita cambiar de perspectiva ¿Y qué se necesita para trabajar el estilo colaborativo? Escucha, empatía, verdad, etc.

Reconciliacion_estilo colaborativo

Para Ignacio el deseo es lo que marca a la persona. Una vez se ha conectado con la fuente de vida hay que redefinir todo lo anterior. Una persona que está en contacto con la fuente de vida gana en libertad interior. En este proceso Ignacio da una gran importancia al Examen del día(es lo único que marca como obligatorio para los jesuitas). Se trata de al final del día dar un paso atrás para conectar con la fuente de vida y preparar el día siguiente.

Para transitar entre víctima y victimario hace falta una pedagogía del perdón que Elías López propone como la resultante de dos modelos en diálogo: 1) la justicia transicional (TARR, por su siglas en inglés) y 2) el sacramento del perdón (no voy a profundizar aquí; dejo para quien quiera este artículo de Elías).

Reconciliacion_modelo TARR

Para terminar, una frase que me dio qué pensar… “Lo importante no es si estoy herida o no, sino cómo toco la herida, desde dónde toco la herida”… Conectemos con nuestra fuente de vida y desde ahí analicemos la realidad y sanemos las heridas…

 

Un pensamiento sobre “Reconciliación: Análisis de la realidad desde la fuente de vida

  1. JAVIER BAREZ

    Gracias Arantza por recordarnos este artículo en el que tratas cuestiones vigentes permanentemente.
    Ante la puerta de entrada a la solución de un conflicto, siempre cabe preguntarse, ¿para qué queremos reconciliarnos?
    Si la respuesta es para vivir en paz, sin remordimiento, sin rencor, hay que dar el paso valiente del perdón, pero antes, al menos hay que conocer la verdad, tener y dar el momento “vomito”, sacar la bilis, decir y escuchar todo aquello que nos hace, o nos ha hecho sufrir. Simplemente para entender, para comprender, y así respetar.
    Desde la auténtica verdad, ni la tuya, ni la mía, podemos recorrer, con tiempo, la senda de la reconciliación.

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