Inteligencia emocional

El cerebro transforma nuestra memoria

Leo en un artículo de Facundo Manes, neurólogo y neurocientífico sobre la necesidad de olvidar: El cerebro necesita olvidar tanto como recordar. Suprime de la memoria hechos no deseados o poco importantes y guarda las vivencias más emocionantes.

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”. Gabriel García Márquez.

Mi cerebro viaja inmediatamente a la estantería donde atesoro los libros de García Márquez, y la lectura de mis notas, marcas, algunas lineas sueltas traen a mi memoria un sinfín de sensaciones que creía olvidadas.

¿Cuántas veces hemos discutido los detalles de un suceso al rememorarlo junto a otros? “No, no fue así, tu estabas…, yo me acuerdo perfectamente”

El cerebro transforma nuestra memoria. Asumir que la memoria no es un archivo estático, sino que cada vez que evocamos un recuerdo este cobra nueva forma y se almacena con nuevos matices, es algo que nos explican hoy los neurólogos y neurocientíficos.

Recordamos mejor aquello que nos ha emocionado, incluso parece que es la emoción la que ayuda a fijar el recuerdo. ¿Por qué?

Pasan algunas horas entre la experiencia vivida y la fijación del recuerdo, y es la síntesis de proteínas la que estabiliza las conexiones sinápticas entre neuronas, y permite almacenar ese recuerdo. Hemos dejado una pista, una ruta, una huella en nuestro cerebro. Diferentes estímulos nos llevarán a recorrer de nuevo esas conexiones creadas. Relatamos la experiencia vivida, imágenes nítidas de lo que ha sucedido aparecen una y otra vez en nuestra mente, nos recreamos en olores, sabores, texturas… de esa forma se estabiliza, se fija una ruta a la que podremos volver.

Cuando evocamos un recuerdo, cuando volvemos de un viaje y contamos a otro lo vivido. Cada vez que un estímulo, ver fotos, mapas, una lectura, preparar un post sobre el recorrido, nos lleva a ese recuerdo, esta pista, esta ruta creada, esas conexiones neuronales se reactivan, abiertas a nuevos datos y matices, el recuerdo se “graba” de nuevo, la pista se ha hecho más profunda y contiene nuevos matices.

Los avances de los últimos años con respecto al funcionamiento del cerebro son fascinantes, hablamos ya de neurodidáctica, y aunque muchas de las teorías más extendidas no son sino neuromitos, lo cierto es que tenemos por delante toda una revolución emocional, como evocaba el anterior artículo de este blog.

Hay recorridos que uno puede evocar con los ojos cerrados. Recuerdo haberme concentrado en recrear todos los detalles de una ruta en bicicleta en un paisaje muy querido para mi. Ahora entiendo que estaba “guardando” esos datos para evocarlos en otro momentos.

Cada vez que recordamos, hay nueva información que incorporar al evento. Por lo que algo que parece exacto y detallado en nuestra memoria no es sino la huella de cómo lo grabamos la última vez que recurrimos a ese recuerdo.

Al leer “Vivir para Contarla” de García Marquez, un libro que tenía pendiente hace tiempo, afloran en mi memoria recuerdos de mis primeras lecturas y los primeros años de universidad. Leer el proceso de creación de “Cien años de Soledad”, de “El amor en los tiempos del Cólera” y repasar los lugares geográficos reales que poblaron el universo de Macondo, hacen que la carpeta creada en mi memoria con todas las obras leídas del autor colombiano cobren vida; resuenan con fuerza palabras que me resultaban exóticas, evocadoras: gallinazos, el polvo y el calor, la United Fruit Company, a la que llaman Mamita Yunai, las construcciones y pueblos creados alrededor del ferrocarril, efímeros, fantasmas como los recuerdos de Pedro Paramo. Emociones que creía olvidadas acuden en tropel al leer el texto del creador de la Candida Erendira, el culpable de tantas veces como hemos titulado “Una crónica anunciada” el periodista, el contador de historias, que hace que algo se active en nosotros al escuchar… Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento,el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

¿Qué estímulo trae a nuestra mente el recuerdo?

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