Inteligencia emocional

¿A quien quieres más?

Dicen los detractores de la inteligencia emocional que se trata de un concepto poco científico en la medida que no hay consenso en cuanto a su definición ni en cuanto a las herramientas para su medición. Y, bien es cierto, no les falta razón puesto que en Psicología nos encontramos con la dificultad de aplicar un método científico que no se ajusta a un objeto de estudio tan etéreo, subjetivo, volátil y/o fluctuante. Pero la vida nos demuestra cada día, desde una evidencia mucho más existencial, que ser inteligentes emocionalmente es clave.

 

Traigo hoy dos ejemplos personales protagonizados por dos de mis tres hijos.

 

Aiza tiene 9 años y muchas cosas que aprender. Ayer por la noche no quiso darme un beso al acostarse. Yo me fui a la cama un poco contrariado pero su madre se quedó charlando con ella. En un giro de la conversación la madre le pregunta a la niña que por qué no me ha dado un beso con todo lo que la quiero. Y a Aiza no se le ocurre mejor respuesta que decirle que “porque a ti te quiere mas“. Me doy cuenta que el amor, una de las más grandes fuentes de bienestar, felicidad y crecimiento personal, no es educado adecuadamente. No explicamos la importancia de amar, de cómo hacerlo mejor, de que se trata de una emoción y no un intercambio, o de su carácter natural que debe combinarse con decisiones
y acciones coherentes. Lamentablemente convertimos el amor en un trofeo obtenido en una competición en el que no vale llegar segundo. Estoy seguro que no es tarea fácil pero habrá que intentar enseñarle a Aiza que el amor no entiende de posiciones, que no se juega con los sentimientos de los demás, que hay que partir por sentirse respeto y amor por uno mismo. Estoy seguro que nos esperan muchas conversaciones apasionantes, tantas como las que necesitamos como sociedad para respetarnos más y/o amarnos mejor.

 

El otro ejemplo tiene por protagonista a Asier que cumple 20 años en unos días. Marcha muy lejos a estudiar, bueno a hacer su vida. Nos van a separar muchos miles de kilómetros y todo un océano. El cuenta los días que le quedan para zarpar a la aventura de su vida, yo los cuento también pero para apurar las horas y los abrazos. Amar a veces duele, otras veces requiere de dibujar distancias. El necesita espacio, hacer su vida, independencia, alejarse… Yo le quisiera más cerca, poder compartir la vida sin las dificultades de la distancia física. Nadie nos cuenta que amar supone un esfuerzo, muchas veces paciencia. Y mucho menos nos preparan para ello en un mundo en el que todo debe ser inmediato y responder a mis necesidades. El amor es una carrera de fondo en el que ganan todos aquellos que se apuntan a la carrera, todos los que se calzan cada día las zapatillas y se lanzan a distintas velocidades

 

Así pues, queridos lectores, la cuestión para mi no es a quien queremos más sino cuanto amor sentimos y cómo lo gestionamos para producir el mayor bienestar posible tanto en nosotros como en nuestro entorno. ¿Nos ponemos a educar para ello?

Para seguir leyendo:
Inteligencia Emocional: una revisión del concepto y líneas de investigación (2010)
Ignacio DANVILA DEL VALLE y Miguel Ángel SASTRE CASTILLO

https://revistas.ucm.es/index.php/CESE/article/viewFile/38963/37595

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