Inteligencia emocional

Control y emociones

Control

Control

Muchas veces hablamos de controlar las emociones, de su importancia, de cómo es básico aprender a gestionarlas. Dedicamos tiempo a buscar remedios a los problemas de descontrol de los niños y/o de los jóvenes, nos preocupa la falta de tolerancia a la frustración, la sobreestimulación a la que, sobre todo, los niños están expuestos… Estas cuestiones se abordan desde un prisma individual vinculado a la inteligencia emocional. Hoy me gustaría cambiar el enfoque para introducir una perspectiva diferente sobre la que reflexionar: la del control externo a través de las emociones.

 

 

Marginar al asombro.

 

Junto con la sorpresa, el asombro es una emoción que nos permite valorar de forma positiva lo nuevo que nos encontramos en la vida. En ese sentido asombrarse es admirar, valorar o sorprenderse ante lo que se nos presenta ante los ojos. Los niños, que están en un constante aprendizaje, miran al mundo con ganas de saber y de entender y el asombro les guía cuando no les motiva a seguir su curiosidad. Pero asombrarse es, a veces, entendido como sinónimo de desconocimiento, de déficit o bien en inteligencia o bien en saber. Es llamativo que una de las fuentes de exploración y, por tanto, de adquisición de nuevo conocimiento pueda tener esta consideración. En un mundo lleno de información, de estimulación constante, mantener la capacidad de

 

asombrarse es un lujo. Exige esfuerzo de búsqueda, espíritu inquieto, pero también la modestia de saberse ignorante. Desde un punto de vista colectivo cada vez resulta más complicado encontrar entornos facilitadores para explorar el asombro. Lo políticamente correcto es evitar decir que no se sabe y, por tanto, evitar mostrar asombro… Y además la hiperconexión nos da acceso a una estimulación que ahoga nuestro asombro porque posibilita que antes de imaginarlo hayamos visto casi todo…

 

Huir de la sorpresa

 

Si a la marginación del asombro le unimos una actitud ciertamente reticente con respecto de la sorpresa, ¿qué obtenemos?. Hablamos de la sorpresa como de esa emoción que se activa ante algo imprevisto antes incluso de poder procesar si se trata de algo positivo o negativo para nuestros intereses. De alguna forma para sorprenderse es necesario salir del espacio de seguridad, del espacio conocido que constituye la famosa “zona de confort“. La sorpresa nos sacude, nos incomoda, nos saca de un estado de placidez que hemos sobrevalorado. De hecho no hay mayor fuente de energía para el cambio que la necesidad. La sorpresa nos sitúa en un escenario en el que perdemos el control. En realidad la vida es pura incertidumbre pero no

explicamos esto a la gente, más bien lo contrario, les hacemos buscar permanentemente la seguridad y la certeza. Y esto, claro, termina consiguiendo que lleguemos a temer las sorpresas como puerta de la caja de pandora que pone en riesgo nuestra zona de confort. Todas las personas que he conocido con gran capacidad de asombro y de búsqueda de la sorpresa son personas muy entusiastas, inquietas, muy vivas…

 

Control emocional.

El gran ojo que nos vigila

El gran ojo que nos vigila

 

En el fondo de lo que estoy hablando es de una tendencia a alimentar los miedos de las personas para controlarnos a través de nuestra incapacidad de gestionar emociones como la incertidumbre, la insatisfacción o la inseguridad. Un ejemplo, si no dejamos que los niños se caigan aprenderán a no moverse demasiado para evitar el daño de las caídas. Esta dinámica está detrás de, por ejemplo, la doctrina del shock de Naomi Klein. Es decir, podemos encontrar muchos mecanismos en nuestra sociedad que usan las emociones y una forma de gestionarlas que conforma un eficaz método de control social. Podemos encontrarnos, de repente, que tanto trabajar la inteligencia emocional desde el punto de vista del individuo termine chocando con prácticas sociales, culturales y educativas que precisamente busquen individuos más dóciles a través de un control emocional implícito.

Creo que nos queda mucho sobre lo que pensar. ¿Y  vosotros? Por eso no puedo evitar recomendaros “Dias Extraños“…

 

 

Un pensamiento sobre “Control y emociones

  1. Iván Íñigo

    Primero, una definición:
    octubre 23, 2017
    Iván Íñigo Responder
    “Pienso,luego existo; amo,luego coexisto”
    Es evidente la relación entre nuestra individualidad y el grupo frente a la complejidad en aumento social. Para mí, la inteligencia emocional es hallar un amigo primero. Así después abrirse al mundo lleno de personas muy diferentes logrando, no todo, sino parte. Y ése primer amigo es uno mismo. Es también posible otros órdenes, y defino “inteligencia emocional” determinando en encontrarse bien, logrando objetivos propios. Pues ellos es libertad parcial ya que navegar en nuestras vidas es lograr llevar la embarcación de nuestros sentimientos a un sitio determinando.

    Ahora, comentó: He observado la imagen del post, y me ha recordado cuando iba al voluntariado en invierno en una ONG con niños con botas reglamentarias y anorak militar; dándose una educación ocasión en que un chaval me dijo que deseaba ser militar. Yo argumenté conociendo. Y ello refleja lo referido en éste post para que lo que el chico habrá visto en televisión, reflejado en la imagen del programa GH.
    Llevo mucho tiempo sin televisión, como he ejercido mucho voluntariado tanto con niños y otros sectores, y creo en la experiencia. Los niños son inteligentes por naturaleza. Necesitan vivir por sí descubriendo sus verdades, sus emociones y sus actos, que terminarán en armonía.

    “La paz sólo es suave si sabemos acariciarla”

    Iván Íñigo

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