Inteligencia emocional

Redes Sociales: emociones a flor de piel

A estas alturas de la película, parecería anacrónico preguntarnos qué son las redes sociales (social media). Pero, ¿sabemos realmente qué son, quién está detrás de ellas y de qué modo influyen en nuestro día a día?

Sabemos que son sitios o plataformas de internet que nos permiten conectarnos con amigos y familiares, entablar nuevas relaciones de un modo virtual y compartir e interactuar con todos ellos intercambiando información, datos y contenidos en diferentes formatos (texto, audio, fotografía, vídeo). También creamos comunidades sobre intereses comunes: trabajo, tiempo libre, lecturas, juegos, amistad, aficiones, relaciones amorosas, relaciones comerciales, etc.

Si nos detenemos un momento, podemos hacernos estas preguntas:

  • ¿Qué redes sociales uso?
  • ¿Qué comparto en las redes?
  • ¿Con quién?
  • ¿Para qué?
  • ¿Cuánto tiempo estoy conectado?

Una característica de estas herramientas de comunicación que las diferencia de las precedentes es su grado de transmisión de información de quien las utiliza. Si me acerco a un quiosco – especie en peligro de extinción – a comprar una revista, saludo a la persona encargada, elijo mi revista, la cojo, la pago, me despido, me la llevo y ya buscaré el momento para leerla. La persona que me la ha vendido me conocerá si soy cliente habitual o se olvidará de mí en breve. Y hasta ahí todo intercambio de información sobre mí.

Si leo la versión digital de esa misma publicación desde cualquier dispositivo con conexión a internet (teléfono inteligente, tablet, ordenador, etc.) estoy transmitiendo sin apenas darme cuenta quién soy, dónde vivo, dónde estudio o trabajo, dónde estoy, con quién, cómo voy, qué me gusta y qué no, a qué hora y qué leo, cuándo duermo, quiénes son mis amigos y familiares, cuál es mi orientación sexual, religiosa, política…

Habremos oído también hablar de Big Data. Big data (en español, grandes datos o grandes volúmenes de datos) es un término evolutivo que describe cualquier cantidad voluminosa de datos estructurados, semiestructurados y no estructurados que tienen el potencial de ser extraídos para obtener información.

Todos estos datos se:

  • Capturan. A través de Móviles, páginas Web, Wi-Fi, Bluetooth, GPS, Smart TV, cámaras de vigilancia de tiendas, bancos, en la calle…
  • Transforman. A través de Plataformas que organizan la información: extraer, transformar y cargar (ETL – Extract, Transform, and Load)
  • Almacenan: en gigantescas Bases de Datos
  • Analizan. Asociación y combinación de datos
  • Visualizan. A través de mapas ordenados y perfectamente clasificados según los criterios que se deseen aplicar

Son innegables y obvios los usos positivos que se pueden dar en beneficio de la población, el progreso y el bienestar a esa ingente acumulación de información. En el campo de la investigación: medicina, ciencia espacial, todo tipo de tecnologías, maquinaria, medio ambiente, y en el ámbito comercial, con publicidad y marketing a la carta, ajustada a nuestras necesidades y posibilidades. Pero no podemos pasar por alto que, como en otros ámbitos, los amigos de lo ajeno, delincuentes, piratas informáticos – hackers – , grupos de poder, grupos de influencia anónimos (= manipuladores de opinión: noticias falsas – fake news , cadenas xenófobas o discriminatorias de minorías, etc.), pederastas, proxenetas, traficantes de personas, drogas y armas, etc., también se frotan las manos con las posibilidades que les brinda esta acumulación de datos.

Recientemente, las noticias se han hecho eco del escándalo protagonizado por Facebook y la transferencia ilegal (¿vendidos?) de datos de más de 50 millones de sus usuarios a la consultora Cambridge Analytica, que posteriormente fueron utilizados (¿vendidos?) para uso del actual inquilino de la Casa Blanca en su campaña presidencial, y durante la campaña del referéndum del Brexit británico: publicidad política a la carta (¿manipulación?). Anteriormente, en 2015, también se había dicho que Barack Obama había hecho uso de este tipo de datos en su campaña electoral.

En lo tocante a la difusión de rumores, noticas falsas (fake news) y cadenas de todo tipo para manipular la opinión pública es flagrante la utilización torticera de la información para incidir directamente en nuestras emociones, comenzando por la sorpresa, para después hacerlo sobre todo en las denominadas como negativas: tristeza, miedo, asco e ira.

En el mensaje que el Papa Francisco ha preparado para la 52 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebrará el próximo 13 de mayo, titulado “«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32). Fake news y periodismo de paz”, reflexiona sobre estos temas y recalca que la tergiversación de la verdad no es un fenómeno moderno. Es tan antigua como la propia humanidad. Han cambiado las formas y los medios, pero la responsabilidad no deja de ser individual. La alteración intencionada de la verdad, la transmisión de medias verdades, mentiras disfrazadas de verdades, o el uso injusto de la misma constituyen la esencia fundamental de este modelo de manipulación.

Los efectos que provocan en nosotros, y que nos pueden ayudar a intuir o detectar si nos encontramos frente a una noticia falsa, son siempre negativos: ansiedad, odio, hostilidad, discordia, división, guerra…

Tomar algunas medidas preventivas podría ayudarnos a no dejarnos avasallar por manipuladores externos. Entre otras:

  • Cuidado con lo que publicamos
  • Cuidado con nuestra privacidad
  • Cuidado con los permisos de las aplicaciones
  • Cuidado con los virus
  • Cuidado con nuestra identidad digital
  • Actuación frente a los acosadores

(Para más información a este respecto, es aconsejable visitar la web de la Oficina de Seguridad del Internauta).

Utilicemos con libertad las nuevas tecnologías, sin miedos pero con precaución, y asumamos nuestra responsabilidad personal en el uso de las mismas. Seguramente, a través del conocimiento y la especialización en el manejo de estas herramientas, también podremos contribuir a la creación de un mundo mejor.

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