Inteligencia emocional

La emocionante aventura de Vivir sin trabajar

¡¡He dejado de trabajar!! ¡¡Por fin!!

En el post anterior  anunciaba que hablaría sobre el gran cambio que iba a dar a mi vida. Y sí, así es, la cuestión es sencilla; a fecha 31 de agosto, causé baja como funcionario, ¡he dejado de trabajar! Después de 34 años de servicio público y algunos años más de trabajo en la empresa privada, ha llegado mi momento de jubilación, por así decirlo. Me explico:

Afortunadamente el Acuerdo Regulador de las Condiciones de Trabajo del Personal de las Instituciones Locales Vascas (UDALHITZ), contempla una fórmula mediante la cual, a partir de los 60 años (acabo de cumplir los 61) y suficientes años cotizados (he cotizado desde los 18 años), se puede pedir la baja voluntaria y recibir la conocida “prima de jubilación”. Una cantidad económica que sirve para vivir sin trabajar hasta los 63 años, edad en la que se solicita la jubilación anticipada y se empieza a cobrar la pensión. Hasta entonces la cotización a la Seguridad Social se realiza mediante el llamado Convenio Especial que cada cual debe suscribir.

Esta es una fórmula que ofrece la oportunidad de cumplir un gran deseo humano; vivir sin trabajar,  que yo he empezado a disfrutar.

De esto es lo que quiero escribir hoy, no de lo técnico, sino de las emociones y estados emocionales que se experimentan, que yo he experimentado durante este intenso proceso vital, desde que la idea comenzó a rondar en mi cabeza, hace más o menos un año hasta la actualidad.

La decisión ha llegado a través de un proceso que comenzó con una cierta sensación de desapego emocional con la actividad profesional con la que hasta ese momento había disfrutado enormemente. Ese fue un importante y decisivo indicador. Si estaba donde quería, con quién quería, y haciendo lo que quería y me gustaba ¿por qué algunos días me costaba tanto ir a trabajar? ¿por qué algunos días me sentía agobiado y con ansiedad ante lo que me esperaba al día siguiente? ¿por qué en ocasiones deseaba fuertemente estar en otro lugar? ¿por qué había momentos en los que desconectaba y la mente se iba a otro tipo de actividad y a lugares lejanos? Algo estaba pasando en mi.

Casi sin darme cuenta, o sí, empecé a utilizar la narrativa de Antunez en Cámera Café, “que ganas tengo de jubilarme”, con asiduidad y como una “gota malaya” caló en mi ese pensamiento, ese runrun mental. Así que, cumplidos los sesenta años, empecé a contemplar seriamente la posibilidad de la jubilación.

Y fui preguntando y consultando sobre todo lo relacionado con el tema, gestiones, requisitos, plazos, cantidades, etc, etc. Y en un determinado momento me dijeron que podría hacerlo realidad en agosto 2018. Pasaron los meses y no desaparecía del todo la angustia ante la duda sobre hacerlo o no, angustia y duda que aumentaba conforme se acercaba el momento de materializar la decisión mediante la solicitud y firma y el estrés y la incertidumbre crecían, pero convivían con la ilusión y el entusiasmo ante la expectativa de la nueva vida.

Un pensamiento que me ayudó fue que en esta vida nada es eterno, todo cambia, todo llega y todo fluye, y así casi sin darme cuenta llegó mi momento. A final del mes de mayo firmé la baja voluntaria, ya estaba hecho. Pero no por eso me sentí liberado de la duda porque aún en algunos momentos me asaltaba cierto vértigo, desazón y temor, me preguntaba si hacía lo correcto, le daba vueltas al asunto y me contestaba que sí, por supuesto hacía lo correcto, lo que quería y deseaba, una vez consultadas todas las opciones y fuentes necesarias que me daban confianza y seguridad sobre la libertad financiera (capacidad de un individuo de cubrir todas sus necesidades económicas sin que para ello tenga que realizar ningún tipo de actividad) y regresaba la ilusión, es el camino adecuado.

Esta cuestión de las decisiones es muy interesante, en este mismo post ya se ha tratado en otras ocasiones, Toma las decisiones con tus emociones,  Las emociones y la toma de decisiones. Dice Barry Schwartz que la decisión no nos hace más felices, es el vivir sin excesivas pretensiones y/o expectativas lo que nos acerca a la felicidad. Se trata de fluir.

Sin embargo, la vida consiste en una continua toma de decisiones. Vivir es elegir, es un constante cambio. En nuestra vida diaria, todos estamos acostumbrados a tener que tomar decisiones sobre un sinfín de temas que nos afectan. Desde las decisiones más mundanas hasta las de gran importancia, todas ellas pasan por el tamiz de nuestras emociones y nuestro pensamiento racional.

La hipótesis del marcador somático que Antonio Damasio desarrolla en El error de Descartes explica cómo las emociones influyen en nuestros proceso de decisiones y razonamiento, un proceso guiado por las emociones y los sentimientos. La hipótesis proporciona asimismo un modelo conceptual en el que se integran procesos cognitivos y emocionales, y sistemas neuroanatómicos, para explicar el vínculo entre el procesamiento de emociones y la capacidad para decidir en función de las potenciales consecuencias futuras de la conducta, en lugar de en función de las consecuencias inmediatas.

Una decisión tomada sin emoción es altamente probable que sea equivocada. Claro que eso no garantiza que la que tomemos con la emoción presente vaya a ser necesariamente buena. Dicho en otras palabras, la presencia de emociones en nuestra toma de decisiones es requisito necesario, aunque no suficiente, para tomar buenas decisiones. En palabras del propio Damasio: “En el mejor de los casos, los sentimientos nos encaminan en la dirección adecuada, nos llevan al lugar apropiado en un espacio de toma de decisiones donde podemos dar un buen uso a los instrumentos de la lógica. La emoción y el sentimiento, junto con la maquinaria fisiológica oculta tras ellos, nos ayudan en la intimidadora tarea de predecir un futuro incierto y de planificar nuestras acciones en consecuencia”.

Mi decisión fue entre emocional y racional, quizás más emocional. Y una vez tomada llegó la calma de la liberación de la tensión y temor que produce cualquier decisión.

Después hasta la llegada de mi último día de trabajo se fue desarrollando todo el proceso de despedida con diferentes actividades conversacionales y encuentros con compañeros y compañeras, hacer balance de lo vivido, de lo compartido y sufrido, un tiempo y vivencia que agradezco enormemente a Txus que promovió y lideró esta experiencia. Y es que en las organizaciones esta cuestión, la jubilación y el último tiempo de trabajo hasta su llegada, ni se atiende ni se cuida. Es importante porque es una fórmula de reconocimiento a las personas por los servicios prestado en la empresa. Además, permite reconciliarte con tu pasado laboral y con las desavenencias acaecidas. Yo estoy muy, muy agradecido y satisfecho con este proceso.

El día de la despedida se desarrolló en una catarsis emocional, pero quizás fueron dos las emociones que sentí de manera más acusada, alegría y entusiasmo porque ahora puedo -necesito- elegir en qué, cuándo y cómo emplear mi tiempo y energía. Ahora, en este momento de mi vida, siento la llamada a experimentar ese tipo de libertad, supongo que es una evolución natural y humana. Está llegando el tiempo de un cambio de dirección, ya no necesito estar en todas partes, necesito calma y serenidad. Sentí y aún la siento, Tristeza por dejar solo a Txus, que también está compungido, me duele porque le quiero, añoranza de días pasados y experiencias vividas (intensamente) junto a él que tan feliz me han hecho, nos hemos divertido mucho trabajando, ahora lo haremos de otra manera.

Pero llega el tiempo del desapego, de la actividad, de cosas y de personas. Dicen que el desapego es clave para alcanzar la felicidad. Yo ya no necesito esta actividad profesional para sentirme realizado o feliz. El desapego consiste en dejar de aferrarse a algo como si fuera lo único importante. Este tipo de necesidades están cubiertas. Creo que a esto se le llama escuchar al propio cuerpo y a la mente.

El desapego supone crecimiento y responsabilidad personal, la jubilación es un momento de la vida que conlleva una decisión que sólo uno puede tomar. Es un desapego de las opiniones ajenas, no necesito sentirme responsable de la vida y decisiones de otras personas, un desapego del que escribió Arantza en este mismo post. Es un acto de valentía porque vencemos los límites de nuestros miedos y zona de confort, vencemos al ego y dejamos de sufrir.

Ya no siento la necesidad de estar en todas partes, ya no hay que demostrar nada a nadie, no necesito ni deseo protagonismos, ni siento el deber de responder afirmativamente a todas las peticiones, ahora sólo quiero hacer cosas sin querer nada especial.

Recuerdo las palabras (con las que sintonizo totalmente) de Esmeralda Berbel en su novela Irse: “al escribir este libro me he descubierto una fragilidad, he podido expresar toda esa cosa introspectiva que llevo dentro”. Esmeralda declara que con el tiempo se ha pulido, yo también siento que me he pulido, ella ha pulido su soberbia, yo mi vanidad.

Y noto cierta nostalgia y melancolía por todos los sueños que han quedado en el tintero, porque también yo tengo sueños rotos, aquellos que por una causa u otra no pude realizar, como dice Francesc Torralba en Elogio de la madurez, es que la vida da extraños vuelcos y tiene cambios de rumbo imprevisibles, ya lo dice la canción: “las cositas de la vida no se pueden prevenir”.

Es cierto lo que escribe Torralba: al entrar en esta edad ya no se dispone de un tiempo indefinido y que las fuerzas no son ilimitadas. Por eso se otorga mayor valor a vivir cada momento como si fuera el último. Se descubre la virtud de la humildad y se intenta sacar todo lo bueno, bello y verdadero y se huye de lo contrario. Nos recuerda que el fin de la vida laboral marca un hito decisivo en la trayectoria biográfica de una persona.

Hay nuevos y diferentes proyectos e ilusiones que suponen estímulos para vivir esa etapa con la máxima calidad de vida. Pero también es una época de descarga y de liberación, se está de vuelta de muchas experiencias y situaciones, eso permite relativizar y situar las cosas en su lugar. Es una etapa en la que se dispone de más tiempo para contemplar, observar atentamente las cosas, las personas y a uno mismo, para meditar, rememorar y disfrutar de la belleza de la naturaleza, ya no se busca el reconocimiento sino ofrecer aquello que se ha aprendido.

Y ya, en este momento lo que siento es serenidad, calma y mucha, mucha ilusión y curiosidad por lo que vendrá a partir de ahora.

Como despedida ofrezco este precioso poema del poeta brasileño Mario de Andrade, Mi alma tiene prisa.

Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora.

Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces; los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.

Mi tiempo es escaso como para discutir títulos. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa…

Sin muchos dulces en el paquete…

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana. Que sepa reír de sus errores. Que no se envanezca, con sus triunfos. Que no se considere electa antes de la hora. Que no huya de sus responsabilidades. Que defienda la dignidad humana. Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas… 

Gente a quien los golpes duros de la vida le enseñaron a crecer con toques suaves en el alma.

Sí…, tengo prisa…, tengo prisa por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan…

Estoy seguro de que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.

Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta de que sólo tienes una……

 Este post lo dedico a todas las personas que no tienen la opción de elegir, de tomar una decisión como ésta porque han visto vulnerados sus derechos y sufren injustamente.

Un pensamiento sobre “La emocionante aventura de Vivir sin trabajar

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