Inteligencia emocional

La época del postureo

Like. Postureo.

Leo en el diccionario de la RAE el significado de postureo y me encuentro con esta definición: “actitud de adoptar ciertas costumbres o actividades más por ánimo de querer aparentar o causar buena impresión que por auténtica convicción”. Rápidamente me doy cuenta que hay algo que no me encaja completamente. Me paro un instante a pensar con idea de descubrir de qué se trata. ¡¡¡¡Buffff!!!! Creo que se han quedado cortos o, tal vez, el paso del tiempo ha hecho que la descripción del término quede anticuada. No se qué idea tendrán las personas que lean este artículo pero, desde mi punto de vista, el postureo se ha convertido en algo mucho más complejo que la versión moderna, adaptada al uso de las tecnologías, del aparentar, del querer dar una imagen que supongo que habrá acompañado a la humanidad desde los primeros pasos como colectividad civilizada.

Dice la RAE que postureo es una actitud pero lo que yo observo es que, para muchas personas, es mucho más que eso. Hoy ha llegado al punto en que es un modo de vida o, lo que es peor, un modo de conocer la realidad.

Hablamos de postureo cuando hay un uso de las redes sociales que busca trasmitir una imagen que no se corresponde con la realidad. Y no es que la realidad de se asoma a la ventana global de internet no sea verdadera, la cuestión es que es parcialmente sesgada. Supongo que hasta ahí solo nos encontramos con la actualización digital de la necesidad de aparentar o del querer dar una imagen favorable de uno mismo.

Pero con la misma velocidad que avanzan los cambios en nuestra sociedad de la tecnología, este uso conectado con algunas de las necesidades humanas ha mutado al ritmo del impacto de estas herramientas en nuestras vidas y en nuestra sociedad. Imagino que siempre ha habido un cierto riesgo de autoengaño en quienes han deseado esconder ciertas vergüenzas detrás de una apariencia estudiada. Hoy la realidad se desdibuja entre tormentas de información que nos aturden y que limitan nuestra capacidad de conocer la fuente a través de la que acceder a la realidad de forma autónoma. Además, vivimos a una velocidad que nos impide dedicar tiempo a contrastar, a estudiar, a debatir o a dialogar. Consumimos información manufacturada y, con ella, construimos la idea de realidad con la que vivimos.

Una persona con habilidad de conexión a través de las redes sociales puede vivir de ello siendo “influencer“, “youtuber” o “podcaster”. Los medios de comunicación construyen una compleja red de contenidos en los que cada vez más se cuelan “fake news” o “falsas noticias” que se extienden gracias al impacto que producen en un ecosistema con alta velocidad de interacción. Creemos saber lo que pasa en un mundo globalizado pero, casi siempre, lo que conocemos en un trozo pequeño y sesgado de la realidad a la que hemos accedido por la “cocina” de terceros interesados.

Una consecuencia es que los ciudadanos dejamos de reflexionar y de debatir. Y desde esa comodidad resulta mucho más fácil tomar posiciones rápidamente ante las amenazas de los distintos que esforzarse por entender o empatizar. Y así la “cultura de postureo” se convierte en el modo de conectar visiones parciales del mundo con las que, ya ,muchas personas ven y reaccionan ante una globalidad inexistente. Los menores son, por todo esto, fuente de preocupación, pero no tanto por los riesgos de un inadecuado uso de las redes sociales, al menos no solo por ello. Se trata de la primera generación que se va a desarrollar en esta cultura en la que el “like” no solo sirve para generar autoestimas dependientes de una aprobación exterior, sino que corren el riesgo de no aprender el valor de la mirada, la conversación y la convivencia como modo de construcción social.

Como sociedad nos queda el recurso a las emociones observadas como el modo en que las personas vivimos nuestras vidas. Nos queda la inteligencia emocional con la que gestionar una vida emocional en la que haya una exigencia de ver más allá del gesto, del “like”, con la que seguir construyendo relaciones más allá de los postureos, y sociedades en las que las personas y sus historias, todas, sean los valores con los que construir nuestras realidades.

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