Inteligencia emocional

No me digas que no soy capaz…

 

Hace unos días celebrábamos, como cada primer domingo de mayo, el Día de la Madre. Muchas personas pensarán que eso es un montaje para consumir más. Es más, hay quien dice que fue una invención de unos conocidos grandes almacenes. Parece que su origen se remonta a la Antigua Grecia (ver Ser Padres). Pero no es eso lo que quiero destacar. En torno a esa fecha vi en el muro de Facebook de una amiga el poema que abre esta entrada y que es todo un homenaje a la maternidad.  Me parece un reconocimiento y un recordatorio  de lo que cada una de nuestras madres han hecho por la humanidad. Nos han regalado el bien más precioso, la vida.

Hay una profunda frase de Lao Tse que dice que “El agradecimiento es la memoria del corazón”.  La psicóloga Valeria Sabater menciona cuatro pilares del agradecimiento:

  1. Apertura emocional, sin la que no es posible ser agradecido/a.
  2. La gratitud y el reconocimiento son los mejores regalos del ser humano, ya que constituyen una vía poderosa para crear y consolidar vínculos.
  3. Ser agradecido/a no significa estar en deuda. El agradecimiento tiene que ser sincero, libre y espontáneo.
  4. La importancia del agradecimiento a sí mismo/a, que no es algo egoísta sino una vía para reforzar la autoestima.

Yo estoy muy agradecida, y la llevo grabada en mi corazón, a mi madre (Maite) y también a mis otras dos madres (Milagros y María Jesús). Me explico… Tengo la suerte (porque es una suerte infinita) de haber contado con tres figuras maternas. Dos de ellas todavía me acompañan en esta vida. Milagros fue mi madrina y con quien viví (junto a Fernando, su marido) desde mi tierna infancia. A María Jesús la conocí en el ámbito profesional y también es una figura importante en mi vida. Las tres me han enseñado y de las tres he aprendido. En parte gracias a ellas soy la que soy y estoy “devolviendo” lo recibido en mis hijos. 

La maternidad es una vivencia muy personal y diversa. No hay una sola forma de ser madre. Hay quien tiene instinto hay quien no. Hay quien tiene hijos biológicos y hay quien los lleva tatuados en el alma aunque no los haya parido. Hay quien eligió el día y la hora y a quien le vino por sorpresa. No es una cuestión de número, de cuántos hijos o hijas has tenido.  Quizá lo más universal es que es una vivencia que te transforma, que te toca el alma. Yo misma durante mucho tiempo pensaba que no quería tener hijos. Hoy es el día que no concibo mi vida sin ellos. Sin duda me han hecho mejor persona porque me han enseñado el verdadero sentido de dar sin esperar nada a cambio.

Vuelvo al poema del inicio… “A mí no me digas que no soy capaz de algo. O de todo.”… Y añado… A mí, que he entregado mi vida y estoy dispuesta a hacerlo en cada momento por amor, solo por amor y nada más que por amor. Un amor incondicional.  Un amor eterno.

Por eso canto… Gracias a la vida

 

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