Inteligencia emocional

Cuando el doble de bueno -a veces- no es mejor: el Síndrome Apolo.

Convencido de que, si algo es bueno, más de lo mismo será mejor, duplico la dosis esperando un resultado pluscuamperfecto. Y después, lo elevaré a “N” potencia, y los efectos crecerán de forma exponencial…

Craso error. ¡Nada en exceso, par diez! Tampoco cuando hablamos de equipos. Pongamos un ejemplo: el síndrome de Apolo, en “Equipos directivos: el por qué de su éxito o fracaso” M. Belbin.

Situémonos en la Henley Business School, antigua escuela de negocios a medio camino entre Londres y Oxford. Son los 70’s. El hoy nonagenario Meredith se plantea una poderosa cuestión: ¿por qué unos equipos tienen éxito y otros fracasan?

Tiene una hipótesis: si los problemas complejos, difíciles, requieren de mentes analíticas, perspicaces, “preclaras” ¿por qué no crear un equipo con las/los más inteligentes, más analíticos y perspicaces para resolverlos? Si así lo hacemos, este equipo A – así aparece en la nomenclatura del experimento- obtendrá un rendimiento excelente, mejor que el resto de los mortales. Lógica aplastante ¿Alguien lo dudaría?

Dicho y hecho. Pongamos en marcha el experimento y veamos qué pasa. ¿Resultado? Los primeros -el equipo A- dejan de serlo en el reino de los equipos. ¡No puede ser! ¡Habremos medido mal! Seguro que hay algo que no hemos tenido en cuenta. Repitamos el experimento. Hasta 25 veces. Controlemos variables extrañas. Todo preparado ¿Resultado? El mismo. ¡Zasca!

¿Qué ha ocurrido? Al parecer, el equipo A original y los subsiguientes 24 “Aes”han invertido todo su tiempo en debates estériles, en esa dulce manía de “quítate tú para ponerme yo” en una pelea de carneros, cráneo contra cráneo. Siniestro total.

Se acaba el tiempo sin resultados. Es el momento de las recriminaciones. De hacer pública la agenda oculta de censuras. El talentoso club se ha reconvertido en la cofradía del reproche. Relatos de agravio y bilis. ¡Qué desilusión! Apolo XIII ¡Alunizaje abortado! ¡Objetivo no cumplido! …

¿Por qué ha ocurrido? ¿Dónde quedó nuestra tan bien construida hipótesis? ¿Cuáles han sido las razones de este sonoro fracaso? Belbin apunta algunos factores que nos pueden ayudar a comprender el funcionamiento de nuestro equipo A.

Sus miembros comparten la aspiración de dedicarse a los aspectos más difíciles e intelectualmente atractivos. Constantemente proponen y oponen, pero no comparten ni intercambian. Les han educado para ganar. Y en esa cancha, la moneda de cambio es la rivalidad; la complementariedad y el propósito colectivo quedan hipotecados.

La búsqueda del fallo, del error, del defecto en el argumento del otro, han crecido entre su pensamiento crítico como flores en la basura. Se han convertido en su “life motive” Y así les luce el pelo …

¿Elogio de la mediocridad? Para nada. Un grupo compuesto sólo por personas creativas puede no ser un equipo creativo; un equipo de gente con talento puede ser -o no- un equipo talentoso.

Diversidad de roles y equilibrio, esos son los ingredientes para que se produzca la magia.  El doble de lo mismo puede ser mejor. O no. O letal.

2 pensamientos sobre “Cuando el doble de bueno -a veces- no es mejor: el Síndrome Apolo.

  1. Bea

    Muy buena redacción y estupenda reflexión!!
    Otro gallo cantaría si esto se aplicase más en los equipos organizativos de las empresas y las personas se lo creyesen más…
    Genial Javi.

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